Buena letra y agenda propia

A principios de enero el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad visitó Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, muy popular en su país, no se dignó a invitarlo, pese a que su antecesor, Inácio Lula Da Silva, estrechó los lazos con Irán. Dilma, dicen algunos, hizo buena letra con Estados Unidos, que tiene a Irán entre ceja y ceja. Esta semana Dilma visitó Cuba, donde conversó con los hermanos Castro y guardó un sonoro silencio sobre la cuestión de los derechos humanos. Otra vez hizo buena letra pero, ante todo, remarcó con sus hechos que Brasil tiene agenda propia.

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