Un cauce repleto de barro

Aguas Corrientes: la arteria tapada del río Santa Lucía

OSE tira cada día al río Santa Lucía el equivalente a 3.000 camiones cisterna con el lodo generado en la potabilización. En Aguas Corrientes se formaron bancos de barro en el afluente, lo que tiene al pueblo en vilo y pone en riesgo el suministro de agua a Montevideo.

El alcalde de Aguas Corrientes, Álvaro Alfonso, muestra cómo los caminos costeros están cubiertos del lodo que tira OSE. Foto. Leonardo Mainé
El alcalde de Aguas Corrientes, Álvaro Alfonso, muestra cómo los caminos costeros están cubiertos del lodo que tira OSE. Foto. Leonardo Mainé

Casi dos millones de uruguayos estuvieron a punto de quedarse sin agua en 2008. Una prolongada sequía afectó la represa de Paso Severino, en el río Santa Lucía, el principal reservorio de agua dulce del país. Eleuterio Fernández Huidobro, quien dirigía el Ministerio de Defensa en ese momento, dijo entonces que de haberse concretado el temor, la escena habría sido "de terror". Las escuelas de Montevideo y la zona metropolitana habrían cerrado, los hospitales también y se deberían haber cargado camiones cisterna para abastecer a la población. Pero un diluvio casi providencial cayó un día antes de que se terminara el agua y evitó que se produjera, en palabras del ministro, una calamidad.

Tal emergencia sanitaria se podría haber evitado. Sin embargo, no se tomaron medidas y nada asegura que no se repita. La profundidad del río Santa Lucía viene en bajada y cada vez hay menos agua disponible para ser tratada por OSE. Un estudio elaborado por la Armada en 2013 demuestra que algunas zonas del cauce —sobre todo las que están próximas a la potabilizadora de Aguas Corrientes— tienen menos de 50 centímetros de altura. Álvaro Alfonso, el alcalde del pueblo, lo resume así: "Si alguien se quiere ahogar acá, tiene que hacer mucha fuerza".

Pero el dragado del río está paralizado por falta de presupuesto, ya que se deberían sacar más de 2,5 millones de metros cúbicos de arena —equivalentes a 1.000 piscinas olímpicas llenas— para profundizar el cauce. Y OSE, la empresa monopólica del Estado a la que la Constitución le concede la potestad de cuidar los recursos hídricos, vierte todos los días 60.000 metros cúbicos de lodo que se genera durante la potabilización del agua, de acuerdo con información brindada por el organismo al Parlamento. Esto equivale a 3.000 camiones cisterna repletos de barro y químicos, que se tiran a diario al agua que la mayoría de los uruguayos después toma.

En Aguas Corrientes dicen que el pueblo es una arteria que se está tapando de barro, por lo que el río está al borde del infarto. La villa, que se encarga desde finales del siglo XIX de abastecer de agua a Montevideo, alberga actualmente a la principal planta potabilizadora del país. El líquido se acumula en la represa de Paso Severino, a 80 kilómetros de la capital, pero luego es llevado a Aguas Corrientes, que está 20 kilómetros hacia el sur de la represa. Sin embargo, esa agua no siempre alcanza, por lo que OSE tiene un plan B: bombear agua desde río abajo, aquella que se mezcla con el Río de la Plata en Santiago Vázquez.

El plan B solo se usaba en fechas especiales, sobre todo en verano, hasta la década de 1990. Pero Montevideo y la zona metropolitana crecieron tanto en los últimos años, que el agua de Paso Severino dejó de ser suficiente. Actualmente, un sexto de la producción de OSE en Aguas Corrientes viene de río abajo, por lo que 300.000 personas dependen de ese bombeo.

Pero río abajo también se vierte el lodo de la potabilización, que incluye todos estos químicos: arsénico, bario, cadmio, cromo, cobre, mercurio, níquel, plomo, hierro y zinc. Un estudio elaborado por OSE en 2014 reveló que el barro está cargado de esos componentes, aunque los técnicos aseguraron que "no se identificaron sustancias peligrosas (carcinogénicas, mutanogénicas, tóxicas, nocivas o irritantes)".

El barro que vierte OSE al río no se transforma en polvo por los metales que tiene. Foto: Leonardo Mainé
El barro que vierte OSE al río no se transforma en polvo por los metales que tiene. Foto: Leonardo Mainé

Son cientos de miles los uruguayos que toman el agua que antes se mezcló con los lodos que OSE desechó.

Por ahora, la calidad del suministro no está en duda. Gustavo Ricci, presidente del gremio del organismo, dice que los funcionarios trabajan para que la potabilización sea adecuada. Pero conseguir que el agua quede limpia implica utilizar siete químicos distintos, cuando antes se usaban tres. Carbón activado, sulfato de aluminio y cloro desinfectante son algunos de ellos.

Tantos productos asustan a Marcos Umpiérrez, integrante de la Asamblea por el agua del río Santa Lucía. El ambientalista afirma que el proceso de potabilización "también envenena", por lo que se entra en un "círculo vicioso de nunca acabar". Enseguida recuerda que en la factura de OSE se carga un 8% extra por cuota ambiental: "OSE encarece la potabilización porque esos lodos deberían ser procesados. Se trata de potabilizar algo que, a la vez, ellos mismos siguen contaminando", agrega.

El País intentó reiteradas veces comunicarse con el presidente del organismo, Milton Machado. Tampoco fue posible hablar con Alejandro Nario, titular de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama).

Planes postergados.

Los lodos que vierte OSE se acumulan en el río Santa Lucía hacia abajo, donde está el agua que se utiliza para compensar la escasez de la represa de Paso Severino. El alcalde de Aguas Corrientes considera que el organismo "está tapando la única arteria de emergencia" desde la década de 1950, cuando se creó la empresa estatal. Pero ahora en Montevideo y el área metropolitana viven más de 1.800.000 personas, cuando hace 70 años eran alrededor de 1.200.000. Cuanta más gente haya, más agua se potabiliza y más barro se vierte al río.

Sin el bombeo de emergencia, OSE no tiene manera de abastecer de agua a la capital. A principios de siglo se estudió la posibilidad de potabilizar la del Río de la Plata, pero los altos costos de quitarle la sal hicieron que se desestimara el proyecto.

También se evaluó construir una planta especial para tratar el barro que se tira al Santa Lucía y el organismo anunció al menos tres veces que el proyecto empezaría pronto. La primera promesa fue en 1998 —durante el gobierno de Julio María Sanguinetti—, pero también se habló del tema en 2013 —cuando José Mujica era presidente— y en 2016, con Tabaré Vázquez al mando. Ahora aseguran que la obra empezará en 2020 y estará en lista en 2022, de acuerdo con una respuesta de OSE a un pedido de informes del senador Carlos Camy.

En todo este tiempo los planes siempre se postergaron por falta de dinero. El organismo estima que una planta de tratamiento para los lodos podría costar al menos US$ 30.000.000, casi un tercio del precio del Antel Arena, que fue inaugurado esta semana. A su vez, las instalaciones requerirían US$ 6.000.000 anuales por costos de mantenimiento, que recaerían en el presupuesto de OSE. Según la empresa, "los análisis ambientales, sociales y financieros llevaron a priorizar otras inversiones para brindar adecuadamente los servicios a la población de todo el país".

En Aguas Corrientes dicen que el pueblo es una arteria que se está tapando de barro. Foto: Leonardo Mainé
En Aguas Corrientes dicen que el pueblo es una arteria que se está tapando de barro. Foto: Leonardo Mainé

En Aguas Corrientes sienten que se patea la pelota hacia adelante. Mientras tanto, observan cómo el barro se acumula en el río y forma "grandes tapones", que se pueden ver desde una avioneta. El Santa Lucía, dicen, se está secando.

Para evitarlo, el municipio le propuso a OSE un proyecto para utilizar parte del lodo y convertirlo en ladrillos ecológicos. Dos estudiantes de la Universidad de la Empresa pensaron la idea, que generaría ocho puestos de trabajo en el pueblo. Según el plan, estos bloques no implicarían ninguna práctica que pudiera afectar el medio ambiente, ya que se producirían utilizando el barro, cemento y humedad. No obstante, el impacto en el río —reconoce el alcalde— sería imperceptible debido a la inmensa cantidad de lodo que se tiran a diario.

Pero OSE desestimó el proyecto. Un informe elaborado por dos ingenieros del organismo afirmó que el barro de agua potable "no presenta propiedades adecuadas" para ser utilizado en ladrillos. También consideraron que "por las grandes cantidades de lodo que se generan en Aguas Corrientes, no existe mercado en el país para la utilización del mismo en cerámicas o ladrillos". En otras palabras, ni todas las obras juntas de Uruguay podrían agotar todos los bloques que se pensaban fabricar.

Puerto obstruido.

En los mapas, Aguas Corrientes figura como puerto. Sin embargo, desde hace unos años es imposible llegar al pueblo por lancha, ya que se formaron bancos de lodo a esa altura del río Santa Lucía. La tierra vertida por OSE se acumula en la orilla y cuando el cauce crece, también inunda las calles costeras. El barro es negro y espeso, pero también tiene unas vetas verdes fluorescentes que se notan cuando hay sol.

Es lunes y un equipo de El País visita la villa. El alcalde Alfonso recibe a los periodistas y enseguida se da cuenta de que no trajeron botas de lluvia, por lo que les sugiere no pararse sobre el lodo ya que arruina "hasta los mejores championes". También advierte que el barro es muy parecido a las arenas movedizas y recuerda que un joven murió en la playa de Aguas Corrientes hace un tiempo. "Este lugar estaba habilitado para baños, pero se tuvieron que prohibir porque el barro te chupa y es muy difícil salir. Otro chiquilín casi se ahoga en el Club Náutico y se salvó por la pericia del profesor, que sabía cómo tenía que moverse", agrega.

Grandes bancos de lodo se formaron en el río Santa Lucía en Aguas Corrientes. Foto: Leonardo Mainé
Grandes bancos de lodo se formaron en el río Santa Lucía en Aguas Corrientes. Foto: Leonardo Mainé

El pueblo le debe su nacimiento al río Santa Lucía. Hace más de 150 años, cuando todavía existía el aguatero, abastecer de agua corriente a Montevideo era un desafío. Entonces el gobierno del momento hizo una licitación y le encomendó a la villa la importante tarea de tratar el agua para que los montevideanos pudieran tomarla. La primera cañería desembocaba en la Plaza Matriz y los vecinos cargaban sus baldes, hasta que los hogares se fueron conectado a la red de saneamiento. La empresa inglesa The Montevideo Waterworks fue propietaria del suministro durante 70 años, hasta que en 1950 se fundó OSE.

La mayoría de los 1.000 habitantes de Aguas Corrientes trabajaron en algún momento en la planta potabilizadora. La inmensa construcción desentona con las casas del pueblo, que son pequeñas y están diseminadas en unas pocas manzanas. "Esto se fue formando de a poco, venían los operarios a trabajar y se fueron quedando a vivir. Hay apellidos que son históricos dentro de la OSE; son generaciones y generaciones trabajando ahí", cuenta el alcalde.

Hasta hace poco tiempo, los jefes de la planta vivían en el pueblo y compartían con los vecinos. Sin embargo, Alfonso señala que en los últimos años se mudaron y viajan todos los días desde Montevideo, por lo que "no están empapados" con la realidad local. Agrega que el relacionamiento con las autoridades de la empresa "es nulo" ya que no los reciben cuando les piden reuniones.

Ahora, "la misma actividad que le dio nacimiento al pueblo lo está matando", sentencia. El Club Náutico, por ejemplo, tiene el embarcadero repleto del lodo que tira OSE. Y si la situación no cambia, asevera, el centro terminará desapareciendo. El mayor miedo de Alfonso es que todo el pueblo quede tapado de barro. Al menos la costa ya está tomada.

Para evitarlo, un grupo de vecinos de Aguas Corrientes presentó una denuncia ante la Institución Nacional de Derechos Humanos (Inddhh). Los habitantes del pueblo demandaron al organismo que les paga el sueldo, pero están convencidos de que si no actúan pronto, "no habrá trabajo en la planta por mucho tiempo", dice el alcalde. El semanario Búsqueda informó a mediados de octubre que el organismo evaluó durante un año la situación del pueblo y emitió una resolución en la que condenó a OSE por el manejo del barro que surge durante la potabilización.

En el informe, dos técnicos de Facultad de Ciencias consideraron que "los lodos saturan el lecho del río con los residuos de los elementos usados en la potabilización, además de contener todos los residuos del agua potable, como ser pesticidas y otros contaminantes". También expresaron que el agua se desinfecta luego de la decantación, por lo que el vertido podría contener virus y bacterias. "Los lodos podrían generar impactos a lo largo del tiempo sobre la salud y los ecosistemas", concluyeron.

La Inddhh le pidió información a la Dinama, que no contestó la solicitud. OSE, por su parte, respondió que "siempre se ha trabajado de frente a la localidad, integrándola y no dándole la espalda". También informó que evalúan "desde hace décadas" el tratamiento de los lodos residuales que se vierten al río y que "antes de 2019" podrían llamar a licitación para crear la nueva planta. Si el anuncio se cumple, la obra postergada durante décadas debería acelerarse en menos de dos meses.

La institución intimó a OSE a presentar, en un plazo de 30 días hábiles, el plan de gestión del barro que se genera durante el proceso de potabilización. También le solicitó al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (Mvotma) que fortalezca su rol de monitoreo en Aguas Corrientes y que entregue, en un plazo de 60 días, las acciones que planificaron para controlar el problema. Ambos organismos todavía están a tiempo de cumplir con lo requerido.

Mientras tanto, el pueblo espera. Alfonso mantiene la esperanza de que este llamado de atención sirva para que OSE se haga cargo de los lodos residuales y deje de verterlos al Santa Lucía. También le tiene fe al verano, porque la villa empezará a llenarse de visitantes, que pueden incluso triplicar a la población local. Los turistas acampan, pescan, van a la playa que todavía está habilitada para baños y consumen, lo que les da una bocanada de aire fresco a los vecinos que viven todo el año en Aguas Corrientes.

También está contento porque mantuvo reuniones con empresarios extranjeros, que están interesados en desarrollar emprendimientos turísticos en el pueblo. El río Santa Lucía, la proximidad con Montevideo y las bodegas cercanas les resultan atractivos a los operadores.

La entrevista está por terminar y Alfonso debe ir rápido a cambiarse porque tiene una cena con un grupo español: "Lo único que me da miedo es que solo podamos ofrecerles barro".

Fernández Huidobro, el primero en dar voz de alarma
Eleuterio Fernández Huidobro. Foto: Gerardo Pérez

Eleuterio Fernández Huidobro es una eminencia en Aguas Corrientes. El alcalde del pueblo, Álvaro Alfonso, dice que el exministro de Defensa fue "el único" en el gobierno que les prestó atención a los vecinos que denunciaban la situación del río Santa Lucía. En 2010, el jerarca escribió una columna en el diario La República en la que advertía que OSE debía tomar medidas. "Hace dos veranos, el nivel del embalse de Paso Severino estuvo en situación crítica: de prolongarse la falta de lluvia, Montevideo se hubiera quedado sin agua", redactó. Tres años más tarde, Fernández Huidobro ordenó que se realizara un estudio de la profundidad del cauce, que arrojó que a la altura de Aguas Corrientes había menos de 50 centímetros de hondo. A partir del informe de la Armada, el entonces ministro elaboró un plan para militalizar el río Santa Lucía y así evitar también la contaminación, pero la idea enojó a integrantes del gobierno de José Mujica, informó El País en ese momento. Cambió el gobierno, asumió Tabaré Vázquez, y en mayo de 2015 Fernández Huidobro volvió a insistir con que una sola planta potabilizadora para abastecer a casi 2 millones de personas no era suficiente. "Desde el punto de vista de la seguridad, del riesgo y de las vulnerabilidades es impensable que un conjunto poblacional como el de Montevideo y aledaños se abastezca de un solo lugar", dijo en el Parlamento. El entonces ministro murió en funciones en agosto de 2016.

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