Poder trabajar para su país a través de la actividad política es el sueño de Martín Lema (Montevideo, 1982) desde que tiene memoria. “Cuando había instancias de elecciones, yo era de los que salía, recolectaba listas, prestaba atención a los spots en la tele, y a lo que decían los políticos. Sin entender mucho, claro; era muy niño, pero era algo con lo que conectaba. Siempre supe que iba a terminar haciendo esto”, recuerda con ilusión. Curiosamente, su familia no era de activa militancia; su papá supo votar a Zelmar Michelini y le hablaba con frecuencia del político, mientras que su madre se identificaba con los partidos tradicionales, sobre todo con el Partido Colorado.
Sin embargo, Lema se fue interesando en el Partido Nacional, y cuando comenzó a militar, el flechazo fue completo. “Soy un enamorado del Partido Nacional, de su historia y su presente. Solemos hacer referencia a la tradición, y está perfecto, pero sin presente no se construye lo que el día de mañana será historia. Es importantísima la mística, pero para mantenerla hay que forjar un presente próspero. Aquello que decía Aristóteles sobre la excelencia: que no sea un acto sino un hábito”, agrega.
Admirador confeso del líder de su partido, el doctor Luis Lacalle Pou, con quien milita desde hace 21 años, y toda la dirigencia, destaca asimismo el potencial de las nuevas generaciones. Casado, padre de tres de hijos, y abogado de profesión, aunque no reniega del debate, Lema es claramente un hombre de acción. Comparte que su vocación por el Derecho surgió por el sentido de justicia que lo moviliza, lo que revela su perfil idealista. Sin embargo, a mitad de su carrera se dio cuenta de que el Derecho no era su real inspiración. “Decidí recibirme por lo que la carrera aporta a nivel de formación, y porque cuando empiezo algo, siempre lo termino. Además, tuve un gran empuje del doctor Lacalle Herrera, a quién le debo eterno agradecimiento porque no había día en que no me preguntara cuándo me iba a recibir. En cambio, la actividad política sí le ofrecía todo lo que de verdad lo mueve: querer transformar realidades. Respecto a las ideas, dice que “hay que ser pragmático sobre cómo llevarlas adelante. Hay que soñar con muchísimas cosas, pero estas tienen que decantar, y hay que saber que no siempre van a ser de la forma que uno piensa”.
−Cuando asumió como Represen-tante Nacional en 2015, demostró un fuerte sesgo por temas de salud y políticas sociales, ¿cómo surgió ese interés?
−Porque era la forma de ponerle rostro a la actividad política. Estaba debutando en la Cámara y quería integrar una comisión en la que se manejaran temas que no se centraran en los grandes números y en las estadísticas, sino encontrarme cara a cara con las causas más justas que se pudieran defender. ¿Por qué salud? Porque yo era abogado. A mí no me gusta estar acá adentro (señala su despacho), me gusta estar afuera. Pensé en la Comisión de Salud para salir a recorrer policlínicas, hospitales, fundaciones, asociaciones. Empecé a hacer recorridas sorpresa, y otras que coordinaba, iba de noche, de mañana; todo para conocer el funcionamiento, y aprendí mucho. También estaba eso de la rebeldía del primer día; yo no quería perder esa ilusión, y cuando uno va a la sala de espera de una emergencia, en hospitales que muchas veces nuclean situaciones sociales muy complejas, a uno le dan ganas de cambiar el mundo. Recuerdo haber visitado las fundaciones de lucha contra la obesidad, de Esclerosis Múltiple, la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular…
−¡Usted impulsó la creación de un IMAE cardiológico en el norte del país!
−Sí, fue de las cosas más lindas en las que me tocó participar. Un día me llaman Carlos Albisu, hoy intendente de Salto; Pablo Costella, hoy diputado; y otra barra de la zona, para plantearme algo. ¿Qué pasaba? Salto no tenía diputado del Partido Nacional, y me preguntaron si yo podía tomar un tema que estaba parado. Me fui con un amigo cardiólogo muy exigente, Guillermo Parietti, y empecé a estudiar. Ahí aprendí la importancia de la angioplastia primaria, del cateterismo y de las consecuencias, por vivir en el norte del país. Cuando un paciente no tiene el tratamiento del destape mecánico de la arteria a las dos horas de producirse un infarto de miocardio, no hay un tratamiento de segunda elección que son los fibrinolíticos. Empezamos a preguntarnos entonces, por qué en un país tan pequeño había tratamientos clase A para unos, y clase B para otros, por haber nacido tan lejos. Menciono a Guillermo Parietti, además, porque cuando empezamos a preparar la interpelación que tuvo lugar el 21 de febrero de 2017, yo le decía ‘no es necesario que sepa todo de medicina’, y él me discutía que lo tenía que aprender porque era la manera de darme cuenta de la magnitud del tema. (Jorge Basso era el ministro de Salud Pública de entonces, y no estaba previsto en ese momento habilitar el IMAE cardiológico -Instituto de Medicina Altamente Especializada- de Salto). Recuerdo que discutíamos todo el tiempo con Parietti (se ríe), pero terminé aprendiendo de cardiología por él; son temas apasionantes. Lo mismo me sucedió con los medicamentos de alto costo, que también era una cuestión por fuera de mi formación académica.
−¿Es la manera de conocer de verdad la realidad de mucha gente?
−La realidad y la importancia. Voy a Salto cada tanto, y me dicen ‘en lo que va del año llevamos más de 400 procedimientos’, es de vital importancia. Cuando interpelamos al ministro; nos dijo que no se iba a hacer una extensión del IMAE cardiológico en ese momento. Decidimos entonces que íbamos a presentar una moción el 18 de abril de 2017, para que la Cámara tomara una postura, y ahí me llegó una llamada en la que me avisaban que no iba a ser necesario, porque el ministerio había decidido habilitarlo. La emoción fue brutal, y lo cuento porque si yo no lo hubiera estudiado no me daba cuenta de la importancia. Esa es la diferencia entre ir hacia un país más equitativo o no, más justo o no; un tema de justicia en la salud de pacientes con riesgo real. Fue una de las experiencias más lindas que me tocó como legislador.
−¿Y cómo le fue como presidente de la Cámara?
−Bueno, ahorramos más de cuatro millones de dólares, no solo en viajes, fue en todo. Obviamente, heredo la postura austera de Lacalle Pou. Eliminamos la partida de fotocopias, la de prensa, que fue cuestionada por años porque en definitiva era una rebaja salarial -eran 30 mil pesos por legislador por mes-. Cuando entraba más de un suplente en una misma sesión, se le pagaba el mismo jornal a cada suplente que entraba, y lo limitamos a un solo jornal dividido entre los que entraran. Tomamos medidas de austeridad hasta con el café y el agua. La consigna era ‘todo peso mueve la aguja’. Cuando se piensa que un cambio no mueve la aguja, ya se pierde el sentido de la corrección de las acciones. Además, fue un año particular, estábamos en pandemia y fue muy desafiante a nivel legislativo porque tuvimos la Ley de Urgente Consideración, el Presupuesto Nacional, la Rendición de Cuentas, pero se vio el ahorro, y por otro lado, tuvimos dos programas: el de modernización legislativa, que relevó toda la normativa, sobre todo la que estaba en desuso. En Uruguay creemos que todo se soluciona con una ley, y en realidad se precisa acción. La inflación de leyes no implica una buena calidad de acciones ejecutivas. El otro programa fue el Programa de Participación Ciudadana, por el cual llegaron posturas de la ciudadanía, que algunas pusimos en práctica.
−¿Con qué se encontró cuando asumió inesperadamente el MIDES?
−El anuncio se da el 1° de mayo de 2021, y asumo el 3 de mayo con un profundo sentimiento del honor que era estar en un lugar así. Por supuesto, cuando un presidente te designa, es siempre una distinción, pero para mí, que fuera Lacalle Pou, con todo el afecto, la admiración y el agradecimiento que le tengo... Lo primero fue disponerme a aprender, a recorrer y a honrar el compromiso de tener la camiseta empapada todos los días.
−Esa realidad ya la conocía, la había visto antes?
−Sí, por supuesto que la ves, pero la acción para cambiarla implicaba estudiar una cantidad de programas y líneas de acción del MIDES, cada una con una denominación. Me encontré con un equipo extraordinario, de primera línea: directores nacionales, gerentes, funcionarios a los que vi dejar hasta la última gota de sudor por esa vocación que hay en el MIDES. Es un ministerio enorme, que abarca calle, pero también cooperativas sociales, Inmayores, Inju, Inmujeres, Instituto Nacional de Alimentación, Primera Infancia, el sistema de transferencias, es rector en diversidad, en afrodescendencia, en discapacidad, Sistema Nacional de Cuidados... Uno tiene que aprender de todo, en especial cuando le gusta estar encima de las cosas. Claro que tuve momentos y momentos; es un cargo que emocionalmente genera un desgaste muy importante. Yo, que recorro y estoy con la gente desde hace más de veinte años… Pero una cosa es que esa realidad te interpele y la quieras cambiar, y otra es que además de eso, la decisión esté en uno. Que entre causas todas legítimas y nobles, haya que decidir cómo administrar los recursos. Y uno mira hacia atrás y no hay nadie más que uno para hacerlo; por supuesto que está el presidente, pero uno está ahí para poner espalda, e ir fuerte, con determinación. La verdad es que viví historias de todo tipo.
−¿La realidad vista desde el palacio y la que se ve desde el Mides tienen punto de encuentro?
−Nunca la vi desde el palacio, ni desde el MIDES. Siempre traté de estar en la cancha. Son funciones distintas; acá, es el control al Ejecutivo. También está la representación, que para mí es muy importante, y la otra función es la legislativa. Por supuesto que son funciones muy importantes. Cuando se aprueba un Presupuesto; una Rendición de Cuentas, cuando se lleva adelante una ley –hace unos meses aprobamos una norma que tiene que ver con donación de órganos en menores, que la trajo la Fundación Corazoncitos y la adoptamos–, evidentemente se cambian vidas, y cuando tomás una decisión por un lado o por el otro, también. Eso es muy distinto a tener que tomar una decisión de ejecución en tiempo real, que literalmente le puede costar la vida o no a una persona. Eso es habitual en el MIDES. Puedo decir que durante esos dos años y diez meses, tuve la serenidad de estar, dejándolo todo, y de haber tenido el mayor sentido de la responsabilidad. Obviamente, hay un involucramiento emocional. A uno le hace aprender mucho y lo cambia, incluso en las perspectivas. Nosotros trasladamos la Dirección Nacional del Liberado (DINALI) del Ministerio del Interior al MIDES. Habernos metido en las cárceles –porque llevamos los programas del MIDES a las cárceles, con oficinas, con la DINALI, con equipos–, hizo que tuviera un cambio de visión muy importante respecto a las personas que recuperan la libertad. Si antes de esa experiencia me preguntabas a calzón quitado si yo tenía prejuicios, la respuesta era sí. Como decía Daniel Fernández, que estaba a cargo de la DINALI, fuimos cambiando los prejuicios por oportunidades. Antes podíamos decir, el delito se reprime, y yo lo mantengo, porque la pata represiva tiene que estar, pero también tiene que estar lo otro. Tiene que haber prevención, represión y rehabilitación. La rehabilitación implica entender que no es lo mismo que justificar. Recuerdo una vez en la cárcel de Canelones, hablando con alguien, me dijo ‘yo cuando salga de acá, ¿qué hago? Voy a volver a delinquir. Si me pregunta ahora si tengo ganas de hacerlo, le voy a decir que no, pero desde que soy chico recibo un trato inhumano. Si salgo y trato de buscar alternativas, la sociedad me va a cerrar las puertas una vez más’. No justifico el hecho delictivo que cometió esa persona, y que le llevó a la represión que le privó de libertad, pero tengo que entender la trayectoria. Si no, no lo voy a poder transformar. Si queremos transformar en serio, tenemos que trabajar en el fortalecimiento del sistema cancelario. La rehabilitación no está funcionando en muchos casos, y eso mantiene ese círculo vicioso de reincidencia que lamentablemente genera inseguridad,. Casi el 54 por ciento de personas en situación de calle estuvieron en algún momento privados de libertad. Hay situaciones vinculadas a muchos problemas sociales que requieren una mirada que tenga varios elementos al final de la mesa. Hay casos de personas que recayeron, y otros que se superaron, y estos últimos son como faros que hacen pensar que vale la pena.
−¿Por qué cuesta tanto que se vean resultados en estos temas?
−Tenemos dos flagelos muy importantes en la administración. Uno es el cortoplacismo, y el otro es la burocracia, que genera mucha bronca. Yo me enojaba todos los días pensando ‘no puede ser que desde que tomamos la decisión hasta que le llega a la gente, haya tanto recorrido. La gente no tiene tiempo, lo necesita cuanto antes. Se le puede preguntar al ministro actual lo que es la ventanilla única, que se trabajó para dar una respuesta mucho más eficiente acerca de si corresponden o no las prestaciones; con el trabajo en territorio hicimos un cambio de modelo que lo fortaleció; pusimos las oficinas móviles para estar más cerca, para ir nosotros, en lugar de que la gente tuviera que venir. Llevamos un plan de alimentación territorial inédito, que se llama PAT, con una distribución ágil en zonas muy vulnerables, y así empezar a medir formalmente la inseguridad alimentaria, que fuimos bajando. Hay que derribar aspectos burocráticos, y a eso nos abocamos mucho. Por otro lado, está el cortoplacismo. Por ejemplo, nosotros desaceleramos el tema de la gente en situación de calle. Entre 2016 y 2019, las personas a la intemperie habían aumentado en un 88 por ciento. Entre 2019 y 2023, bajó a solo un 30 por ciento. Evidentemente, antes de revertirlo era como una bola de nieve. Hacía 20 años que venía creciendo, con casos de personas que estaban en la calle hacía 37 años. Ante un flujo permanente de personas que cae por cuestiones de salud mental, adicciones, o porque recuperó la libertad y no tiene adonde ir, hay que entender que es un problema estructural que requiere analizar la política pública, antes que el resultado en el corto plazo. Tan importante como esta desaceleración fue el cambio de la DINALI al MIDES; o haber generado cupos en salud mental; o cupos especializados en adicciones. Cuando asumimos ASSE tenía solo 114 camas para dar respuesta 24 horas, a problemas de adicciones, no solamente en calle, sino a todos, y solamente cinco camas de desintoxicación. Entonces no se puede valorar en el corto plazo cuando las herramientas son claramente insuficientes. Yo soy un enemigo del cortoplacismo y de la burocracia.
−¿Esas acciones se continuaron?
−Hay cosas que se continuaron y se reconocieron por parte de las actuales autoridades. Tan importante como generar la medida es mantenerla. Yo sería muy mezquino si no lo reconozco. Nosotros eliminamos el tope de ingresos para mantener las asignaciones familiares Plan de Equidad. Antes se castigaba a la persona que le iba bien, formalmente en el trabajo, quitándole la prestación social, cuando lo que tiene que desaparecer es la vulnerabilidad. El otro día llamé al ministro y le pregunté si la iba a mantener, y me dice, ‘sí, sí. Nadie cuestiona esa medida’. Tan bueno como el equipo que llevó adelante una medida es que las nuevas autoridades la mantengan.
−¿Por qué se decidió cambiar entonces el sistema de las prestaciones monetarias?
−Así como reconocemos ese mantenimiento de algunos temas, que para nosotros son positivos, también tenemos diferencias. Lo decimos respetuosamente y creyendo que hay que jugar en cancha grande. En este tema se estaría afectando algo que en su momento generó cierto consenso por la vía de los hechos, y que a mi juicio estaba laudado porque no estuvo en el debate político. Estaba asentado y para mí tiene que ver mucho con el futuro del Uruguay. Cuando se hacen cambios en la contraprestación, que en este caso es mandar a los niños a la escuela, se arriesga un retroceso enorme. Hoy tenemos aproximadamente 406 mil menores que dan motivo al pago de asignaciones familiares Plan de Equidad. La mayoría cumple con la contraprestación. Entonces, ¿cuál es el mensaje para esa mayoría? Que da lo mismo ir a la escuela, que no ir; y eso es peligrosísimo. A mi juicio, es lo que se aspira como país, y yo aspiro a un país que apueste a la educación en todos los sentidos y sin titubeos. Este cambio genera una duda en lo que debería ser muy claro. Aparte, nosotros empezamos una tarea de vincularlos por todos los medios, previo a la suspensión de la prestación. Y también era exitoso ese proceso, entonces ¿por qué afectar algo que funcionaba en términos generales? Podrá ser perfectible y mejorable, pero no cambiemos un mensaje que tiene que mantenerse con claridad. Después hay otro concepto; en realidad, la asignación familiar Plan de Equidad es de libre disposición. No se le dice a la gente ‘ustedes lo tienen que gastar en esto’. Lo que sí se exige es la contraprestación, y para quienes están en una situación de mayor vulnerabilidad, se les agrega una tarjeta alimentaria que busca asegurar la alimentación, la higiene y la limpieza, con un descuento del IVA. Es decir, con una mayor ventaja económica a los efectos de hacer rendir más el dinero para complementar lo que es de libre disposición. ¿Por qué se da a través de una tarjeta? Para ser más prácticos en hacer llegar a la población elementos que son básicos.
−Una de las objeciones del oficialismo al reclamo de la oposición es, justamente, aducir una suerte de vigilancia sobre el uso del beneficio…
−Cuando se entra en niveles de hipocresía tal, que se habla de vigilancia o control de las personas en situación de pobreza, el argumento es bajísimo. Atribuir esa intencionalidad denigra el debate político. Quienes lo usan ni siquiera estudiaron lo básico, que es que la gente ya recibe asignaciones familiares de libre disposición, y que en 2013, durante el gobierno de Mujica, esa administración focalizó esta tarjeta alimentaria. En ese nivel de hipocresía a mí me gustaría que dijeran si creen que Mujica quería vigilar a las personas que están en situaciones de pobreza. Creo que hay dirigentes que tienen que salir de ese pantano que denigra el intercambio político.
−La idea de reformar el sistema surgió a partir de sugerencias de Diálogo Social, ¿qué validez tiene esa recomendación?
−Supuestamente sí, pero más allá de todo, el gobernante es el que toma las decisiones. El tema es que es absolutamente contraproducente para algo que está funcionando en términos generales. Se trata de una prestación no focalizada y de libre disposición, cuya contraprestación es enviar a los niños a la escuela, y que se complementa con una prestación que no exige contraprestación, pero que focaliza. Hay un sano equilibrio en todo eso. Además eliminamos el tope de ingresos para mantener asignaciones familiares Plan de Equidad. Antes de la llegada del gobierno de la Coalición, la administración del Frente Amplio castigaba el trabajo formal de los más pobres. Estoy diciendo un hecho objetivo porque pasaba así. Nosotros decimos que la prestación debe desaparecer cuando ya no hay vulnerabilidad, no cuando le empieza a ir bien. Nosotros cambiamos políticas sociales anclas, en trampolines.
−¿Qué planes tiene para después de esta legislatura?
−Lo que quiero decir primero es que la gente no depende de mis expectativas, pero puede depender un poco más, del esfuerzo de actores políticos en el día a día. Por tanto, lo primero en la expectativa es el esfuerzo del día a día, que hoy me toca como senador de la República. Si proyectamos, tengo un sueño que va más allá de lo personal, que es volver a gobernar a nivel nacional y ganar la Intendencia de Montevideo.