Columna vertebral de África

En 2022, el doctor Steve Boyes, apoyado por la Perpetual Planet Initiative de Rolex, lanzó una serie de expediciones por los ecosistemas fluviales más importantes del continente. Gracias a sus recientes hallazgos, hoy es posible asegurar el futuro de fuentes de vida únicas para la humanidad.

Steve Boyes - GSOA
El equipo de Steve Boyes navegó el río Kwando, en Botswana, en las tradicionales canoas mokoros.
James Kydd/© The Wilderness Project/James

En tiempos de cambio climático y eventos ambientales cada vez más severos, los humedales actúan como infraestructuras naturales multifuncionales que conectan ambientes terrestres y acuáticos, convirtiéndose en aliados vitales en la lucha por mantener los ecosistemas en los que el suelo se satura de agua. De tal modo crean ambientes de transición únicos, fundamentales para capturar CO2; proteger la biodiversidad, y mitigar las inundaciones (son como esponjas que absorben el exceso de agua para luego liberarla lentamente). Previenen las sequías; preservan las zonas costeras de tormentas, y hasta sirven de corredor para la vida silvestre.

La categoría incluye, entre otros, pantanos, ciénagas, lagunas, esteros, deltas y turberas. Estas últimas almacenan más carbono que cualquier otro ecosistema terrestre. A su vez, los humedales costeros, como los manglares, las praderas marinas y las marismas, protegen las costas del aumento del nivel del mar. Sin embargo, estos ecosistemas, hoy más valiosos que nunca, se encuentran en peligro. Degradados o de plano eliminados no solo por la expansión urbana y agrícola, con la contaminación de plásticos, pesticidas, y aguas residuales que generan, se les suma la introducción de especies invasoras, e incendios que los asedian. El resultado: pérdida de hábitats, alteración del ciclo del agua y degradación de ecosistemas, efectos que atentan contra la biodiversidad y perjudican las funciones que hasta hace poco cumplían, emitiendo incluso los gases de efecto invernadero que solían almacenar. Restaurar y proteger dichos entornos denominados de carbono azul, es una forma eficaz de mitigar y adaptarse al cambio climático, basada en la naturaleza.

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Steve Boyes conversa con reyes y jefes locales de Angola en los márgenes del río Zambeze.
Aurélie Marrier d'Unienville/©Rolex/Aurélie Marrier d'Unien

En ese contexto, la serie de expediciones creada y liderada por el doctor Steve Boyes (Sudáfrica, 1979), La Gran Columna de África, avalada por la Perpetual Planet Initiative de Rolex, ofrece un cuerpo de investigación inédito para el continente. Gracias al trabajo del investigador sudafricano, fue posible demostrar que el nacimiento del río Zambeze se encuentra en Angola. La relevancia de este hallazgo radica en que el río Zambeze es una arteria hídrica insustituible para el sur de África, ya que proporciona agua a 50 millones de personas, alimenta la energía hidroeléctrica de varias naciones, sustenta una vasta agricultura y una rica biodiversidad, además de servir como ruta comercial histórica, línea vital y frontera natural entre seis países.

Fuente de vida

A lo largo de 25 años, Boyes y su equipo recorrieron más de 30 mil kilómetros de ríos, muchos de los cuales nunca habían sido explorados ni documentados científicamente. Sus travesías se centraron en el estudio de los humedales del delta del Okavango, en Botswana, pero fue en las Tierras Altas ubicadas al Este de Angola, donde halló un lugar que calificó como sin precedentes. “El paisaje se conforma por un sistema de lagos y turberas –humedales únicos donde la materia vegetal muerta se acumula por la saturación de agua y la falta de oxígeno que impide su descomposición–. Se trata de la segunda mayor turbera de África tropical. Es asombroso que esto no estuviera reconocido a nivel global”, expresó entonces Boyes.

Impulsado por el deseo de comprender y proteger estas valiosas vías fluviales frente al impacto del cambio climático, y basándose en su éxito como líder del equipo de Okavango Wilderness, proyecto de National Geographic, Boyes lanzó la serie de expediciones Gran Columna Vertebral de África, en 2022, bajo el ala de su recién creada organización, The Wilderness Project.

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Firma de documentos en la Convención de Ramsar, en Zimbabwe.
Aurélie Marrier d'Unienville/©Rolex/Aurélie Marrier d'Unien

El objetivo de estas expediciones, apoyadas por la Perpetual Planet Initiative, de Rolex, es proporcionar los primeros datos científicos de las principales torres de agua de África, es decir, de esas áreas que actúan como depósitos naturales, e investigar su papel como fuentes de los ríos Zambeze, Congo, Níger y Nilo.

Su primera misión por La Gran Columna de África fue el río Lung-wevungu, travesía durante la cual exploró las remotas Tierras Altas de Angola, donde la población local sostenía que un afluente del Zambeze podría ser su fuente misma. Junto con Kerllen Costa, director nacional del proyecto Okavango Wilderness en Angola, Boyes recorrió el río en canoas tradicionales. Este fue el primero de numerosos y arduos viajes en busca de evidencia científica que apoyara el conocimiento popular.

Cabe destacar que el compromiso de Boyes con esta misión no reviste solo espíritu aventurero; su entrega con el futuro de estos ecosistemas significó pasar nueve meses del año fuera de su casa, remando ocho horas al día, y enfrentándose a desafíos de todo tipo, desde botes volcados por hipopótamos, y ser embestido por elefantes, hasta sufrir una internación de seis días en cuidados intensivos, por un severo caso de malaria.

Sitio Ramsar

Es en este marco que la Perpetual Planet Initiative de Rolex, se vincula con el trabajo del doctor Steve Boyes y su equipo, ya que la firma relojera suiza celebra los logros humanos, reconociendo trayectorias marcadas por hitos y emociones que culminan en momentos decisivos. Durante casi un siglo, Rolex ha apoyado a exploradores pioneros para ayudarles a lograr innumerables hazañas históricas. Con el tiempo, la compañía pasó de impulsar la exploración por el simple hecho de descubrir, a poner énfasis en la protección del planeta, y por eso acompaña a quienes construyen un futuro mejor para la vida en la Tierra.

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Boyes estudiando el mapa en la zona de las Cataratas Victoria.
Aurélie Marrier d'Unienville/©Rolex/Aurélie Marrier d'Unien

Fue así que tras años de intensa investigación dirigida a medir el ritmo vital de estos sistemas fluviales, Boyes no se conformó con solo producir información y nuevo conocimiento, y pasó a la acción. Por tal motivo, el sudafricano viajó en julio pasado al 15° encuentro de la Convención de Ramsar, en Zimbabwe, donde presentó sus hallazgos con el objetivo de lograr el reconocimiento de las Tierras Altas de Angola como humedal de importancia local e internacional. Cabe recordar que la convención es en realidad, un tratado internacional adoptado en 1971 en Ramsar, Irán, cuyo objetivo es velar por la conservación y uso racional de los humedales como recursos vitales para el desarrollo sostenible. Con la participación de 172 países miembros, las Partes Contratantes se comprometen a designar y gestionar Sitios Ramsar de importancia global, para garantizarles la debida protección por parte de los marcos de conservación internacionales, con especial atención al uso sostenible y a la gestión del territorio.

En su intervención durante la conferencia, Boyes logró condensar en un discurso de apenas 15 minutos una década de trabajo, y los descubrimientos realizados en más de una docena de expediciones por Angola y Zambia. La investigación pionera de su equipo demuestra con evidencia sólida que el nacimiento del Zambeze, el cuarto río más largo del continente, se encuentra, de hecho, en las Tierras Altas de Angola. El paraje es llamado por los lugareños como Lisima Lya Mwono (Fuente de Vida en la lengua bantú luchaze), denominación para nada casual, dado que el sitio funciona como una gigantesca torre de agua natural, vital para los ríos Okavango y Zambeze.

Gracias a la sólida defensa que Boyes hizo de la postulación de estas Tierras Altas de Angola frente a actores clave, como Musonda Mumba, secretaria general de la Convención de Ramsar, y Nyambe Nyambe, directora ejecutiva del Área de Conservación Transfronteriza Kavango Zambeze (KAZA TFCA), el equipo confía en que el lugar recibirá la clasificación oficial de Sitio Ramsar en cuestión de meses.

Un factor de peso en la argumentación de Boyes es que contó con el conocimiento aportado por reyes y jefes de las comunidades que viven a orillas del Zambeze, quienes se reunieron por primera vez en 60 años para escuchar y analizar los hallazgos del sudafricano. “El apoyo de los reyes fue crucial para todo el proyecto. Esto significó mucho para mí. Los ríos unen a las personas, sin importar sus fronteras. Ellos son sus guardianes; están orgullosos del agua. Es un acuerdo entre cinco países para que colaboremos estrechamente con ellos en el monitoreo de los ecosistemas”, explicó Boyes en referencia a ese intercambio con los jefes durante sus viajes por Angola, Zambia, Botswana y más allá.

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Campamento bajo el cielo estrellado de Linyanti, Botswana.
James Kydd/© The Wilderness Project/James

Ahora, en su búsqueda por proteger 1,2 millones de kilómetros cuadrados de cuencas hidrográficas, mesetas y ríos africanos para 2035, sus objetivos se trasladan a otras vías fluviales importantes del continente, incluidas las cuencas del Congo y del Nilo. "Tan solo el 14 por ciento de África se encuentra protegido en la actualidad. Cada vez que llego al nacimiento de un río, hay gente que vive de forma tradicional y ya lo protegen. Solo necesitan ser reconocidos como tales", advirtió el experto en desarrollo ambiental.

A lo largo de 2025, el proyecto realizó veinte expediciones completas, y con el apoyo de Rolex, Boyes planea subir la apuesta a 25 viajes en este 2026. Con 15 millones de hectáreas, el área ahora reconocida oficialmente como la fuente del río Zambeze, será el tercer Sitio Ramsar más grande de África, y el quinto más grande del mundo. El trabajo de Boyes demuestra la importancia de preservar las Tierras Altas de Angola, no solo para el beneficio del ecosistema del Zambeze y de las 20 millones de personas que dependen de él, sino también para otros importantes ríos africanos, como el Congo y el Okavango, que dan vida a cientos de millones de personas.

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