Thom Browne: Rebelde Way

En tiempos de estridencias, el diseñador elige la disciplina como gesto disruptivo. Acorta el traje, eleva la imaginación y convierte el uniforme en un manifiesto de modernidad. Entre infancia y poder, rigor y fantasía, el estadounidense redefine la elegancia contemporánea con silenciosa audacia.

Thom Browne
El diseñador americano Thom Browne, en la pasarela de la New York Fashion Week en Febrero de 2025.
ARTURO HOLMES/AFP fotos

Desde siempre, la expresión fue lo suyo. Nacido el 27 de setiembre de 1965, en Allentown, Pennsylvania (Estados Unidos), Thom Browne creció en el seno de una familia de raíces irlandesas e italianas, cuyo entorno católico tradicional, estaba centrado en la escuela, la formación, el deporte y la disciplina. Cursó sus estudios en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, y se graduó con un título en economía. Sin embargo, su anhelo era muy distinto: soñaba con la actuación mucho antes de revolucionar la sastrería y la moda. Fue así que en los años 90’ se mudó a Los Ángeles para probar suerte frente a las cámaras; trabajó en comerciales y papeles menores, pero al no encontrar roles de mayor exigencia, terminó redefiniendo su vocación.

“La frustración creativa me llevó al diseño”, dijo una vez. Lo que no logró en Hollywood, lo sublimó en la creación de indumentaria, que luego transformó en una puesta en escena para la vida diaria, reimaginando el uniforme ejecutivo: el clásico traje gris.

Thom Browne
Entre 2013 y 2017, Thom Browne abre tiendas en Londres, Seúl, Hong Kong, Shanghái, Pekín y Milán.
Thom Browne.

Sello personal

La historia de Browne en el mundo fashionista comienza en 2001, cuando abre su primera tienda, a puertas cerradas y con cita, en el barrio de West Village, en Nueva York. Al principio, se dedica a trabajar con cinco trajes, pero no eran cualquier traje. Su sastrería era estricta, con precisión quirúrgica y un detalle muy buscado que se volvería sello: las proporciones alteradas. Entre la nostalgia del estilo Ivy League que marcó su infancia, y un modernismo urbano y exigente, Browne apostó por encoger el traje para expandir su significado. En los hechos, acortó el pantalón hasta llevarlo por encima del tobillo, y eso significó romper la regla más rígida de la sastrería clásica. Esa irreverencia fue un guiño al juego. Ese ruedo alto remite al look escolar, con inocencia y disciplina, y a la vez, convierte al zapato Oxford, lustrado como mármol, en protagonista. Otro tanto sucede con las medias, inmaculadas, que se vuelven parte clave del outfit.

Tan solo dos años después de ese impulso emprendedor, Browne presentó su primera colección Prêt-à-porter masculina, en la New York Fashion Week. A esto le siguió el diseño de un ambo a medida para la actuación de David Bowie en Fashion Rocks (2005) y el vestuario para la película Stay, de Marc Foster, protagonizada por Ewan McGregor. Entonces inauguró su primera tienda insignia en el número 100 de Hudson Street, en Tribeca, pleno centro de La Gran Manzana. Quienes han estado allí cuentan que es como entrar en un templo: todo es blanco impoluto, estructurado y la atmósfera es silenciosa. De hecho, lo asocian a cómo sería vivir dentro de una idea.

Store Thom Browne
Vista interior de la flagship store de Thom Browne en Hudson Street, Tribeca, Nueva York.
Thom Browne.

Más allá de estas características, lo cierto es que el espíritu inconformista de Thom Browne es lo que lo catapultó al centro de la conversación global. Por algo fue galardonado con tres premios del CFDA (Council of Fashion Designers of America) como Diseñador de Moda Masculina del Año.

Poco a poco, su universo creció hasta abarcar líneas para mujer, niños, accesorios, fragancias, decoración para el hogar, que comercializa a través de una red internacional de boutiques.

No porque sí fue elegido para vestir a Michelle Obama en la investidura de 2013; o que el jugador de basketball, LeBron James, así como el plantel de Cleveland Cavaliers, eligieran sus diseños para llegar a los partidos eliminatorios. Tampoco sorprende que el Barcelona FC lo seleccionara como proveedor oficial de vestuario del equipo, ni que su visión haya capturado la atención del Metropolitan Museum.

Michel Obama vestida por Thom Browne para la ceremonia de investidura de Barack Obama en 2013
Michel Obama vestida por Thom Browne para la ceremonia de investidura de Barack Obama en 2013.
Thom Browne.

La alquimia de Browne

Para descifrar el perfil de este creador hay que entender su uniforme: el traje gris. Su imaginario visual viene de la estética preppy de los años 50’ y 60’ de las universidades, de los clubes deportivos, y de las oficinas corporativas como las de Mad Men. Más que un look, es un estilo de vida. En un mundo en el que el lujo es cada vez más ruidoso y excéntrico, propone toques de sobria teatralidad, entendiendo la sastrería como un puente entre la solemnidad adulta y la vulnerabilidad de la infancia. Sus trajes pequeños, recortados casi como si hubiesen quedado chicos después de un estirón repentino, evocan el uniforme escolar, con rigor y fantasía conviviendo en silencio. Lo inspira el concepto del niño aplicado que juega a ser ejecutivo. En sus diseños hay disciplina y ternura, orden y humor, estructura y juego: un universo donde la niñez no se repite, sino que se proyecta hacia el futuro. Browne recuerda que la elegancia puede ser un recreo, y que a veces, la forma más subversiva de crecer es conservando la imaginación.

Pero no basta con la silueta: cada pieza lleva el distintivo de una cinta de grossgrain en rojo, blanco y azul, o simplemente el mismo detalle en blanco, como emblema de los uniformes deportivos americanos, y un guiño a la cinta de las medallas. El resultado: un sello gráfico sin logotipo. Esta estética codificada por rayas llamó la atención de Adidas, que lo demandó por similitudes visuales. Browne ganó, y siguió adelante, sin dar mayores explicaciones.

Detrás de esa creatividad hay rigor. Browne es un deportista devoto: en su infancia practicaba natación; actualmente corre 13 kilómetros diarios. Es obsesivo con su rutina, y confiesa que la estructura es su forma de libertad. “En la repetición, aparece la imaginación”, predica. El ejercicio es su meditación, su orden y su modo de garantizar claridad mental antes de crear mundos plenos de caos poético. Así, su cuerpo entrenado y delgado es como una extensión de su línea estética: mínimo, preciso y sin exceso.

Incluso llegó a lanzar una línea de activewear basada en su rutina de running, con piezas de alto rendimiento que conectan con su marca de sastrería, demostrando que el cuerpo en movimiento importa tanto como el estático del traje.

Sin perjuicio de todo lo dicho, Browne entiende que la disciplina precisa pausas y diversión. Por eso es que el excéntrico diseñador trabaja rodeado de sus mascotas, especialmente de su famoso perro salchicha llamado Héctor, hoy convertido en musa de cuatro patas para el diseñador, con influencia en colecciones, sea en estampas como en accesorios, tal la emblemática Héctor bag. Presentada por primera vez en 2016, desde entonces se convirtió en un ícono pop, must de la firma, disponible en varios tamaños, materiales y diseños.

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Hector bag.
Thom Browne.

Alianza fructífera

En un plano ya más personal, Thom Browne comparte su vida con Andrew Bolton, curador en jefe del Costume Institute de The Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Se conocieron en 2005 durante una conferencia y desde entonces han forjado lo que muchos llaman la power couple de la moda. Una relación que es también un diálogo creativo constante; un puente entre diferentes expresiones de arte. Entre ambos, logran conectar moda y academia, y de hecho, la casa que comparten en Manhattan (una mansión en Sutton Place), funciona como un pequeño santuario intelectual, mitad laboratorio, y mitad museo personal, donde conviven la sastrería, el diseño, la arquitectura y la reflexión sobre la moda como cultura.

Thom Browne Women’s and Men’s Spring 2026 Collection
Thom Browne y Andrew Bolton, 2025.
Matteo Prandoni/BFA.com/Matteo Prandoni/BFA.com

En enero de 2023, Thom Browne asumió como presidente del Consejo de Diseñadores de Moda de América (CFDA), sucediendo a Tom Ford y situándose como referente absoluto de la moda estadounidense contemporánea. Ese rol no es meramente honorífico; significa que Browne ahora interviene en la definición de los calendarios de la Semana de la Moda, apoya iniciativas filantrópicas y aporta su visión conceptual al ecosistema global de la industria.

“Es muy importante ser absolutamente fiel a uno mismo en el diseño, y yo lo soy. Todo lo que hago tiene que estar construido a la perfección”, declara.

En la actualidad, bajo el paraguas del grupo Zegna, su marca se consolida en el segmento del lujo y es una de las más influyentes del siglo XXI. No tanto porque paute tendencias sino porque dicta ficciones y las convierte en moda. De hecho, sus pasarelas se caracterizan por contar con tramas simbólicas que mezclan lo lúdico, lo melancólico y lo absurdo. En su última colección, Venimos en son de paz, presentada en París hace apenas unas semanas, el diseñador insistió en mirar a la sastrería como un lab, donde la tijera es bisturí, la ironía es ADN y la tradición, un trampolín. Eso lo llevó a plasmar, para la temporada Primavera- Verano 2026 del Hemisferio Norte, una humanidad intergaláctica, en la que la elegancia se vuelve alienación. Modelos lookeados como alienígenas compartieron pasarela con los terrícolas, proponiendo un universo que de golpe enfrenta la revolución de lo diferente. No busca ser literal, sino plasmar lo ajeno como belleza, y despertar esa emoción primitiva -o futurista- de estar de golpe, en un lugar desconocido, y observar. Se supone que los “extraterrestres” que desfilaron en París, venían en son de paz, y también como muestra de cambio y de afirmación de un estilo.

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