La sastrería sobria, dominada por el negro y los tonos pizarra, se reinventa con menos solemnidad, raya diplomática y fibras maleables. Todo aporta comodidad y flexibilidad para reflejar la mezcla constante entre trabajo y ocio que define a La Gran Manzana.
La colección plantea un nuevo concepto de uniforme urbano conformado por básicos, donde la elegancia y la comodidad ya no son opuestos. A su vez, revive el desafío de lograr un estilo nacido de la personalidad con la que cada habitante atraviesa la ciudad.
Gucci reescribe el lujo en la capacidad de combinar materiales y colores. Los tonos saturados y con brillo vuelven con fuerza: bordeaux, cereza, magenta y esmeralda. El denim se convierte en un indispensable, acompañado de pieles y acabados satinados.
Toda la apuesta celebra con fuerza el cuero, que se combina con pieles para sumar sofisticación y protagonismo. Las botas de caña alta y los stilettos ofrecen el complemento perfecto para estilizar cualquier outfit.
Con la intención de acompañar al público desde la mañana a la noche, la colección adopta maxi bolsos y accesorios de lifestyle, como el mat de yoga, y otros complementos que aportan estilo.
Pantalones anchos, fundillos bajos, pretinas dobles y superposición de prendas, son algunas de las pautas que destacan en la reconstrucción de los fondos de armario que propone la colección.