¡Vaya si cuesta reabrir!

La Revista Palermo Blanca, prestigiosa y completa publicación turfística que se edita en Buenos Aires, publicó días pasados, en su sección A través de la trama, un comentario en torno a Maroñas, que por justo y oportuno, es que lo transcribimos para nuestros lectores:

"Mejores vientos en la otra orilla... Se aleja la tormenta gobierno-empresa concesionaria en una hora de gestos amigables de una y otra parte, más que nada para alcanzar nuevas cotas de entendimiento, si tenemos en cuenta las interpretaciones ya expuestas sobre los derechos y obligaciones de cada quien y la dramática actitud asumida hace apenas un par de semanas por la futura (porque todavía no se reabrió) conducción de Maroñas. Si se instalan otas "maquinitas" a cargo de terceros, no debe descartarse, como ya se comentó, cierto "resarcimiento", el cual, a no dudarlo, sería de estricta justicia en el supuesto de que efectivamente se haya avanzado sobre lo pactado (o sobre lo que se creyó de buena fe pactado). Y estaría muy bien para los concesionarios, por cuanto la solidez de la empresa —o, mejor dicho, una sólida empresa— es una de las "patas" aseguradoras del funcionamiento de todo hipódromo "privatizado". Pero en estas particularísimas circunstancias, cuando todavía queda bastante por andar y todo esto no deja de ser novedad, también sería bueno recordar que en la mente de nosotros, los hípicos de uno y otro lado del Río, anida la punzante y persistente idea de la relación "maquinitas"-premios y que, por lo tanto, cualquier atisbo de cercenar, encimar, etc.etc. la cantidad de aquellas podría cernirse —suponemos— como un potencial peligro precisamente para lo que de inicio se pretendería reforzar: las remuneraciones de las carreras como motor de la actividad y principal fuente de retroalimentación del sistema. Por eso, perdonen, ni el gobierno ni la empresa deberían perder de vista en sus negociaciones a esa otra "pata", a nuestra "pata" (si en verdad se quiere al turf como se predica) porque sin inversores (ni profesionales, ni público) tampoco hay buenos y atractivos espectáculos y el hipódromo termina languideciendo hasta cerrar sus puertas como ya ocurrió desgraciadamente una vez en Maroñas. Y, la pucha, ¡cuánto cuesta reabrir!...

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