Los británicos viven su año dorado, y no sólo por la medalla olímpica en Londres de Andy Murray y por haber alcanzado el escocés su primer título de Grand Slam en toda su carrera tenística.
Con el peso de los años de sequía sobre sus espaldas, los tenistas de aquella latitud parecen haberse dispuesto a echar por tierra todas las estadísticas.
Ahora es el turno del tenis femenino y Laura Robson, la jugadora más promocionada y de mejores resultados del verano del norte, quien llegó a la final del Guangzhou Open.
Hacía 22 años que una tenista británica no alcanzaba una final en un torneo de la WTA. La última había sido Jo Durie, quien perdió la final de Newport a manos de Arantxa Sánchez Vicario en 1990, cuando faltaban cuatro años para que naciera Robson.
La británica derrotó 6-4, 6-2, a la rumana Roxana Cristea y se medirá en la definición a la taiwanesa Hsieh Su, quien se impuso 6-1, 3-6, 6-0 a Urszula Radwanska, la polaca hermana de la dos del mundo en el ranking.
El éxito británico esperó desde 1936 para regresar en el tenis masculino (desde el US Open ganado por Fred Perry), y de la mano de Robson y Murray, incluso jugando juntos, lograron la medalla de plata en los Juegos Olímpicos disputados recientemente en Londres.
Pero, además, la leyenda de Robson dirá que fue quien jubiló a Kim Clijsters, al vencerla en el US Open, en el último torneo que jugó la belga como profesional.
Por si fuera poco, en camino a los octavos de final en New York, también se llevó a la china Na Li, ganadora de Roland Garros 2011. Laura Robson ahora espera romper otra sequía que data de 1988, cuando Sara Gomer ganó el último cetro para una jugadora británica en Aptos (California).
La cifra
24
Años hace que ninguna jugadora británica logra obtener un título desde Sara Gomer.