Sabina tiene que cantarle a la "furia"

EDWARD PIÑON

Si supo escribirle a Diego Maradona por la belleza que el argentino regaló en el fútbol y por lo dramática que terminó siendo su vida, la nueva canción de Joaquín Sabina dedicada al balompié no puede demorar.

No tendría que elegir la vida de un "pirata cojo", ni tratar de convertirse en "una chica Almodovar" para hablar del glorioso entierro de las frustraciones deportivas. Ni siquiera debería esperar "19 días y 500 noches" para encontrar la musa que le permita convertir en poesía las decisiones de Luis Aragonés, la capacidad goleadora de David Villa, el temple de Carles Puyol, la potencia de Sergio Ramos, el talento de Cesc Fábregas.

Con la garra de Xavi y hasta la aparición del "Niño" Torres en el momento más oportuno, tiene que venir "la canción más hermosa del mundo". Porque podrá encontrar la mejor manera de inmortalizar el adiós a los "besos con sal", esos que el mundo entero solía aplicar cada vez que se refería a un combinado de la "furia roja". O no era cruel el comentario de "juegan bien, pero son perdedores".

Allá arriba están felices de la vida muchos de los abuelos y bisabuelos que vinieron a estas tierras y Sabina puede ayudar para que los gritos de festejo no suenen como "mentiras piadosas". La verdad, "sobran los motivos" para que Sabina hable de la furia roja.

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