Los Tardáguila, únicos padre e hijo en ganar la Vuelta Ciclista, ambas sin etapas; y la terrible anécdota de Múnich 1972

Para ser ganadores en el ciclismo uruguayo, Walter y Álvaro Tardáguila primero fueron estrategas, especialistas en correr más con la cabeza que las piernas. El "Rata" fue olímpico en 1972 y testigo de la Masacre de Múnich contra la delegación israelita.

Walter y Álvaro Tardáguila, únicos padre e hijo en ganar la Vuelta Ciclista
Walter y Álvaro Tardáguila, únicos padre e hijo en ganar la Vuelta Ciclista.
Foto: Santiago Vanoli

"Fueron más las veces que me trajeron enganchado de un ojo que las que gané", dice con humildad Walter Tardáguila, ganador de la Vuelta Ciclista del Uruguay de 1972. "Yo nunca fui embalador, era rodador", reconoce, pero a la vez presume: "Y estudiante de mis rivales, observaba si se movían mucho o si venían sufriendo", una virtud que usaba para detectar cuándo atacar o cuándo "guardar piernas", y que en el futuro lo convirtió en entrenador de ciclismo.

Su hijo menor también se consideraba "rutero": "Para nosotros siempre fue dificultoso ganar, sin embargo hemos ganado. Inclusive la Vuelta que ganó él y la que gané yo, fueron sin ganar ninguna etapa". Álvaro Tardáguila ganó la de 2005 y juntos son los únicos padre e hijo en ganar la Vuelta Ciclista del Uruguay.

Ambos contemporáneos de grandes corredores, la historia de los Tardáguila en el ciclismo uruguayo no se explica desde la supremacía sobre sus rivales, pero mucho menos del factor suerte. Se explica desde la lectura de carrera, la paciencia y la idea casi obsesiva de "saber correr".

La Vuelta del Rata (1972): viveza criolla

"Cuando yo gané la Vuelta, en una etapa a Maldonado salieron el Tiki (Saúl) y el Carlos (los hermanos Alcántara) y yo me les clavé a la rueda. Entramos a sacar minutos y no nos agarraron más", recuerda Walter, también conocido como "el Rata Tardáguila". El momento clave llegó en Punta Ballena, cuando el desgaste ya era total. "Yo venía mirando al Tiki y me di cuenta que iba a atacar porque empezó a mover el cuerpo. Yo ya venía con los pedazos, agotado. Dejé de tirar, me le puse a la rueda y de repente en la mitad del repecho se paró en los pedales y partió (atacó)".

La escena roza lo inverosímil: "Lo agarré del asiento y lo traje pa’ atrás. ‘Qué hacés, hijo de puta, casi me tirás’, y otra sarta de barbaridades me gritó. Me tiró unas piñas también, pero entre una cosa y otra se terminó el repecho. Me salvé".

Llegaron los tres juntos. Walter quedó adelante en la general y fue subiendo más escalones día a día. "Al otro día ellos quedaron en un corte más atrás y yo gané la Vuelta sin ganar ninguna etapa y ni siquiera agarrar la malla". Según recuerda, se quedó con la carrera en la última etapa: "Llegué en un corte adelante y tampoco gané la etapa, pero me quedé con la Vuelta".

El contexto también jugaba su papel. "Las rutas de antes eran de piedra: de balastro y con huellas de camiones. Nada que ver a las de ahora. Entraban cuatro o cinco bicicletas en el carril", describe. "A veces, para avanzar en el pelotón, tenías que saltar con bici y todo para el costado y así subir al escalón que se formaba en el camino".

—"Ciclismo aventura", acotó Álvaro, entre risas. Eran otros tiempos.

Walter nació en Montevideo, pero como ciclista formó en Juan Lacaze, pueblo de su padre. En la Bicicletería Javier Velázquez le armaron su primera bicicleta y también fue su primer equipo. Luego llegó el América, con el que se consagró en 1972, en una época poblada de nombres fuertes como Rubén Etchebarne, Juan José Timón, Walter Moyano y, claro, los Alcántara.

Walter Tardáguila en la Bicicletería Javier Velázquez de Juan Lacaze, su primer equipo
Walter Tardáguila en la Bicicletería Javier Velázquez de Juan Lacaze, su primer equipo.
Foto: cortesía.

La Vuelta del Coto (2005): silencio y planificación

Por una cuestión de pasión heredada, la bicicleta estuvo siempre en la vida de Álvaro, conocido como "el Coto Tardáguila". Walter recuerda los comienzos con ironía: "Él agarraba la bicicleta y salía a andar por la calle, y yo lo cagaba a pedos. Le sacaba la bicicleta y le decía que no andaba más". Al principio era en el barrio, entre Belvedere y Paso Molino, hasta que con 19 años empezó "a correr en serio".

El peso del apellido nunca fue liviano. "Él tenía dos contras: el padre y el hermano", dice Walter, en referencia a Gustavo Tardáguila, sprinter nato, ganador de varias etapas de Rutas y Vueltas. "Llegaban 100 tipos y se metía entre los tres primeros, si no ganaba", agregó su padre.

Sin embargo el Coto era “rutero” y “estratega”, hablando de herencia. La exigencia era clara: “Para andar bien en bicicleta tenía que olvidarse que era el hijo de”, le decía el Rata en sus inicios. Y contó que, “después de varias relajadas lo salvó muy bien”.

La Vuelta 2005 fue el resultado de una larga planificación. "Corrimos por el Dolores Cycles con Alejandro Acton, Mateo Sasso y Raúl Sasso. Éramos un equipo de cuatro".

Álvaro Tardáguila gana la Vuelta Ciclista 2005 con Alejandro Acton, Mateo y Raúl Sasso, en el Dolores Cycles
Álvaro Tardáguila gana la Vuelta Ciclista 2005 con Alejandro Acton, Mateo y Raúl Sasso, en el Dolores Cycles.
Foto: cortesía.

Los primeros tres corrieron la temporada 2004 en Estados Unidos y decidieron volver a ganar la Vuelta, pero la prepararon en silencio: “No corrimos Rutas de América porque no queríamos que los demás vieran nuestro nivel. Cuando estábamos allá nos llegó algún comentario malintencionado, como siempre hay, de que estábamos trabajando y no corríamos contra nadie. Y eso fue lo que más nos motivó”.

La diferencia de nivel era evidente. "Corríamos con gente que corría Mundiales, Olimpiadas, a un ritmo totalmente diferente". Y llegaron frescos a una carrera que en Uruguay suele encontrar al pelotón exhausto.

La primera etapa rompió la Vuelta. "Los tres en un grupo de 15 llegamos a Piriápolis con cuatro minutos adelante del pelotón y así se cortó la carrera, de entrada". Acton ganó la etapa y tomó la malla; luego Álvaro fue segundo en la crono de Mercedes y pasó a liderar. Los rivales a vencer, recuerda, estaban en el Alas Rojas: "Corrían Mascarañas, Hernán Cline, Nestor Pías, entre otros. Y eran seis".

La crisis del ciclismo juvenil uruguayo

"El problema del Codecam (ciclismo infantil) son los padres. Se meten, el técnico dice una cosa y ellos dicen otra. Así no se aprende a correr", opina Walter.

Álvaro coincide, pero amplía: "Yo creo que en Codecam hay gente que trabaja. Pero hay una franja de gurises que no tienen carreras. Entre los 16 y los 18 años no hay una temporada, no hay una Vuelta de la Juventud como había antes".

El Rata rescata las viejas categorías de ascenso. "Si vos no ganás nunca, primero te desmotivás y tirás la bicicleta a la mierda. Y si llegás a Primera sin haber ganado nunca, no vas a ganar en la puta madre vida". Para él, aprender a ganar es parte del proceso.

Álvaro propone un cambio estructural: "Tenemos pocos buenos valores y no los podemos perder. Pelotones más chicos pero mejores, carreras por invitación. La Federación es la que tiene que armar el circo, profesionalizar el producto y venderlo mejor".

Walter y Álvaro Tardáguila, únicos padre e hijo en ganar la Vuelta Ciclista
Walter y Álvaro Tardáguila, únicos padre e hijo en ganar la Vuelta Ciclista.
Foto: cortesía.

Testigo de "La masacre de Múnich 72"

Walter Tardáguila fue olímpico en 1972 junto a Jorge Jukich, Mario Margalef, Alberto Rodríguez y Lino Benech. Corrieron la vieja prueba 4x100 (contrarreloj de 25 kilómetros cada uno) y la carrera de ruta: Tardáguila fue el único en llegar, en el puesto 74.

En aquellos Juegos Olímpicos los uruguayos compartieron concentración con Israel y Hong Kong y fueron testigos de "la masacre de Múnich", un atentado del grupo terrorista palestino contra la delegación israelí.

"Esa noche estábamos durmiendo y nos despertamos cuando escuchamos los ruidos, pero nunca imaginamos semejante atentado. Nos dimos cuenta de la gravedad cuando aparecieron militares alemanes con metralletas alrededor de la concentración", recuerda Walter.

Un comando de Setiembre Negro se coló en la Villa Olímpica y secuestró a once israelíes, entre deportistas y civiles, durante la madrugada del 5 de setiembre. Atletas de otras delegaciones, entre ellas la uruguaya, quedaron encerrados por varias horas mientras los palestinos negociaban el rescate fallido: murieron los 11 israelíes y cinco secuestradores; los tres restantes fueron detenidos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar