HORACIO ABADIE
La poblaron desde tempranas horas y mucho antes que la tribuna de enfrente. En la Amsterdam vivieron el clásico con suma intensidad, al borde de la locura, pero una "locura" sana, porque no hubo incidentes.
Hubo alegrías. Mucha bronca y después tranquilidad. Tanta que se marcharon de la misma forma en la que llegaron: en paz.
Eso sí, en la partida hubo tiempo para expresar sentimientos y escuchar súplicas: "¡Por favor que el primer gol se lo den a Pierre! Prefiero que sea en contra antes que quede que Abreu nos hizo dos goles".
VERGENZA. El ingreso a la tribuna, cercanas las 14 horas, permitió comprobar el estado vergonzoso que presentó la Amsterdam. La suciedad de las butacas y el cemento lleno de basura, fue la peor nota de la tarde.
DIVIDIDOS. Después de esa imagen, llegó otra que provocó sorpresa: la llegada de un padre y un hijo a la Amsterdam con diferentes colores. El padre arribó ataviado con la camiseta número 8 de Peñarol y su pequeño hijo con una bandera de Nacional.
GLOBOS. Un integrante del plantel de básquetbol de Trouville, junto a un grupo de amigos, distribuyeron 5.000 globos amarillos y negros diez minutos antes que comenzara el partido, lo que brindó más color aún a la Amsterdam.
BANDERAS. A pesar del buen operativo de seguridad, la parcialidad aurinegra se dio maña para ingresar algunas banderas de Nacional.
LIDERES. Sobre las 15:50, en el segundo anillo, detrás del arco no había ningún lugar. Sin embargo, se generó el espacio para la llegada de "la caterva" aurinegra (la barra líder). Su llegada fue aplaudida casi como las mejores estrellas del equipo. Increíble.
"PETE". Iban 21 minutos de la primera parte y el argentino Pablo Russo tuvo una chance clarísima, pero definió cruzado y afuera. Un parcial dijo jocosamente: "Definió como Russo, pero como el Pete", en referencia al zaguero José Luis Russo, quien vistiera la casaca aurinegra, además de la de Defensor.