Silvia perez
Le pusieron "Niño" cuando debutó en la Primera de Bella Vista con 16 años. Era muy joven para la gran responsablidad del arco, pero se revolvía como gato entre la leña. Han pasado 30 años y hoy José Luis Sosa trabaja dirigiendo al equipo de fútbol de un colegio en Japón. Le va muy bien, salió campeón del estado y está feliz. Después de siete años en el país del sol naciente es casi un "ponja" más, y habla el idioma a la perfección. De todos modos, cada tanto le atacan las ganas de volver, aunque cada vez que viene con sus jugadores japoneses, se da cuenta que no están dadas las condiciones para el regreso.
Se fue en el 95. Lo llevó el empresario Gustavo Pulleiro, que hace 18 años que está radicado en Japón. Sosa tenía el título habilitante del ISEF y un curriculum muy bueno, como exigen los japoneses, que averiguan todo y no dejan detalle librado al azar antes de llevar a alguien. Iba para entrenar los arqueros de la selección de una escuela secundaria, pero se encontró con una realidad muy diferente. "Me bajé en el aeropuerto Narita Tokio y ver tantos japoneses juntos me produjo una especie de "shock". Además, se suponía que Gustavo Pulleiro me iba a estar esperando y no lo veía por ningún lado. Cuarenta y cinco minutos después, cuando yo ya estaba pensando en utilizar la vuelta de mi pasaje para volverme, apareció Gustavo. Salimos del aeropuerto y nos tomamos el tren bala hasta Hamamatsu en el estado de Shisuoka, donde está ubicada la escuela Seirei. La gente de la escuela me estaba esperando junto a uno de los alumnos, Mario, un peruano de padres japoneses, que me hacía de traductor. ’¡Qué tengas suerte!’, me dijo Pulleiro. Yo le pregunté si no se iba a quedar conmigo uno o dos días, pero me contestó que no y se fue. Los japoneses me llevaron a cenar y después al apartamento donde iba a vivir. Entré y me encontré con un televisor color en el suelo, un colchón sobre el ‘tatami’, que es la esterilla sagrada, y nada más. No había ni heladera, ni cocina, ni nada. "¿Dónde caí?", me peguntaba desesperado. Para colmo, cuando se fueron, me explicaron que al otro día comenzaba los entrenamientos y que para llegar a la escuela debía utilizar una bicicleta que encontraría abajo, en el edificio. Pregunté si no me iban a ir a buscar, pero me dijeron que era muy cerca y me explicaron cómo llegar. Yo venía de 42 horas de viaje y no tenía ni un despertador. No dormí en toda la noche. Fumé y fumé hasta que se hizo el día".
SORPRESA. De mañana, sin desayunar ni nada, se puso la ropa deportiva y tomó la bicicleta. Llegó puntualmente a las 9, pero los muchachos terminaban sus clases matutinas a las 9 y 30. "Me quedé en la cancha esperando y todos se preguntaban quién era aquel ‘gayjin’ (extranjero). Finalmente, apareció el director de la escuela de fútbol y me preguntó si había desayunado algo. Tomé un café en la escuela y cuando volví a la cancha me esperaban 175 chicos japoneses, todos iguales. Se suponía que yo iba a entrenar a los arqueros, pero allí había 175 muchachos que recitaban unas frases que yo no podía entender. Marito, mi traductor improvisado, me explicó que me daban los buenos días, me decían que estaban encantados de conocerme y me aseguraban que se iban a esforzar al máximo. En ese momento me enteré que tenía que entrenar a todo el equipo. Les dije que no podía trabajar así, y lo único que quería era irme".
Estuvo así los tres primeros meses. "Fue muy bravo, estaba solo, sin poder habar con nadie, comiendo pescado crudo y algas, tirado en el piso. Todos los días llamaba a Pulleiro para rescindir el contrato y volverme. De todos modos, seguía trabajando, partía la media cancha en cuatro y hacía lo que podía. Eso sí, lo bueno era que contaba con todo lo necesario. El día que pregunté cuántas pelotas había, casi me caigo de espaldas: me respondieron que había una para cada niño, pero si necesitaba más, me las traían enseguida. Además de salas de musculación, hidromasaje y todos los chiches necesarios".
MANSION. Afortunadamente, las cosas cambiaron cuando se reunió con la comisión de padres, la mayoría ejecutivos de importantes empresas japonesas. Preguntó si querían que trabajara con todos los muchachos o sólo con los mejores. Como optaron por los mejores, comenzó a trabajar en una cancha con ellos y le contrataron a un entrenador japonés para el resto. Además, su reunión con los padres fue clave porque apareció la cocina, la heladera, el aire acondicionado, y la cama, para su casa. Y al poco tiempo le dieron un auto: "para los japoneses que duermen todos en un cuartito pequeño y el que se va a levantar más temprano es el que duerme más cerca de la puerta, mi casa era una mansión. También fue clave llegar a fin de mes, porque cuando cobré el sueldo, decidí quedarme. Y tampoco era necesario llegar a fin de mes, porque si necesitabas dinero antes te lo daban inmediatamente".
ESPEJISMO. Tres años más tarde, el "Niño" dejó la escuela Seirei. Los padres de los alumnos no querían que se fuera, pero estaba muy cansado: "por otra parte, había quedado algo pendiente, yo salía campeón de la zona, pero no del estado. Llegábamos a las finales y perdíamos, creo que por un problema de mentalidad; como siempre les habían ganado llegaban a ese partido con la derrota en la cabeza. Por suerte esa mentalidad está cambiando y se vio en el Mundial".
Se volvió a Montevideo y trabajó con Nelson Agresta en River Plate, pero no clasificaron a la Liguilla y se volvió a Japón: "de lejos te parece que acá todo es divino y cuando llegás te encontrás que todo es diferente. Yo allá aprendí muchísimo y acá se sigue trabajando como hace 20 o 30 años. Hubo gente que se sorprendió del trabajo que yo hacía con los arqueros en River y eso me reconfortó. Hoy los arqueros no son sólo eso, son jugadores de cancha y hay que trabajar otras cosas con ellos. El arquero es el que ve mejor el fútbol de atrás. A mí me gustaría volver, y comenzar a trabajar con jóvenes, pero no están dadas las condiciones. El problema es que en Uruguay los chicos creen saberlo todo, mientras que los japoneses te prestan atención y hacen lo que se les pide a rajatabla".
VISITA. Cuando regresó a Japón no pudo seguir en la misma escuela. Haberse ido cuando ellos querían que se quedara le había costado caro: "me había salido de la línea y eso en Japón no se puede. Allá o sos derecho, o sos derecho, y yo aprendí esa lección. De todos modos, ellos mismos me recomendaron que fuera a Kobe, donde hay otras escuelas". Hace ya casi tres años que está trabajando en la escuela Kobe—Koryo y allí logró lo que le había quedado en el debe: ser campeón del estado de Hyogo.
Hace dos años que Sosa trae a Uruguay a sus jugadores a realizar un adiestramiento físico—técnico: "es algo que se hace en el primer año del secundario. Generalmente, iban a China, Corea, Alemania, Italia o España, pero yo propuse venir acá. Se trata de una experiencia muy importante para ellos, porque en Uruguay pueden aprender otras cosas, como usar los brazos y el cuerpo. Ellos son muy ingenuos y acá aprenden la viveza, la vergüenza y el garrón. Allá son muy inocentes y cuando vuelven, sacan mucho provecho de todo eso".
Un año entero de amor por computadora
Al poco tiempo de estar en Japón, Sosa se llevó a su familia. A su esposa y sus dos hijos. En ese momento Nicolás tenía 7 años y Ayra un año y medio. No tuvo suerte, a los seis meses su mujer le dijo que odiaba Japón y se fue. Al tiempo se divorciaron.
Actualmente, el "Niño" está de novio con Verónica Massa, la relacionista pública del Hotel Conrad de Punta del Este. Todo comenzó hace dos años cuando vino con sus jugadores. Ya estaban por volverse y aprovechó la última noche para cenar con su amigo César Payovich y su esposa. Ella le dijo que tenía a alguien para presentarle y él se rió tratándola de celestina. De todas maneras, ella le dio el número de teléfono de Verónica y le pidió que la llamara. Faltaban sólo unas horas para que volviera a Japón pero la llamó y estuvieron varias horas hablando por teléfono. Al otro día, él se fue con sus jugadores y estuvieron un año entero comunicándose por mail. Así comenzó su amor. Se conocieron recién al año, cuando Sosa volvió con sus japonesitos. Aunque sus vidas son muy diferentes, ella vive de noche y se va a dormir a las 4 de la madrugada y él se despierta un rato más tarde, siguen adelante. Verónica estuvo de visita en Japón y es una de las razones por las cuales al "Niño" le gustaría retornar. La otra, son sus hijos, aunque en ese sentido, el entrenador está considerando seriamente, llevárselos con él a la tierra del sol naciente.