SILVIA PÉREZ
- ¿Esperaba estar al tope de la tabla de goleadores?
- No. Pero uno siempre trabaja intentando aportarle al equipo.
-¿Cuando se convirtió en delantero?
- En realidad es mi puesto original. Lo que pasa es que cuando me subieron en Nacional ya estaba jugando de lateral o lateral volante. Y después empecé a jugar de lateral izquierdo y ahí fue cuando me vieron aparecer en Primera.
- Entonces cambio la pregunta, ¿quién fue el que lo devolvió a su puesto original?
- Primero fue Payovich, en el 2005 en Cerrito. Hicimos la dupla ofensiva con Mario Amorín y nos fue bien. Después Julio Acuña me mantuvo en la posición. Lo que pasa es que los técnicos siempre me vieron de lateral o de volante y tuve que esperar unos cuantos partidos para jugar de punta. Eso me pasó en Wanderers y en Tacuarembó. Tuve que esperar cinco partidos para que Manta se diera cuenta que volante por afuera no era mi puesto.
- Por suerte con Balerio en Cerrito no tuvo ese problema.
- No, ya el primer día me dijo que su intención era utilizarme arriba, de punta o medio suelto.
- ¿Cómo se siente más cómodo? ¿Suelto?
- Me gusta jugar con un compañero de mis mismas características. Que se mueva y que la vaya a buscar. Se me hace más complicado jugar con un nueve fijo porque me cuesta más encontrar el espacio vacío. Pero con un buen enganche como el que tenemos, todo se facilita.
- Se ve que sí, porque cinco goles en cinco partidos no es mal promedio.
- Se viene dando así. El domingo tenía la sensación de que me iba a quedar una. En el primer tiempo se me escapó, pero yo seguía con esa sensación de que tenía que mandarla a guardar para mantener el promedio de un gol por partido. Si lo mantengo seguro que salgo goleador del campeonato.
- Y fue de derecha, ¿le pega bien con las dos piernas?
- A veces me equivoco y le pego de derecha. Je. En realidad yo soy derecho y cuando arranqué en el fútbol le pegaba de derecha. Pero mi tío, Raúl Alonso, que era zurdo me ataba la derecha para que le pegara solo con la izquierda. Me la ataba con una piolita y me cinchaba cuando le iba a dar de derecha. El me hizo zurdo porque decía que zurdos había pocos y que pegándole con la izquierda iba a llegar lejos.
- ¿Cómo se siente en Cerrito?
- Bien, me tratan muy bien y es mi segunda casa. Juego contento y eso se nota dentro del campo.
- ¿Le dolió no quedarse en Nacional?
- No sé, hubo culpa mía y también de ellos. Hay gente que no le gusta que le digan la verdad en la cara. Vivía en el Parque Central y como era de los más grandes asumí la responsabilidad de decir lo que nos faltaba. Yo también fui chico y los más grandes siempre sacaron la cara por mí. Son esas responsabilidades que hay que asumir, pero que en ciertos momentos te juega en contra. Cuando pedís lo básico para vivir en un lugar, después te matan.
- ¿Su carrera no fue lo que pintaba al principio?
- Puede ser que sí o que no.
- ¿Es cierto que un colega le preguntó que hacía en Cerrito si los de su generación estaban todos jugando en Europa?
- Sí, fue el `Karibito` Morales en la cancha de Miramar. Y le contesté que no me había ido por haberme mandado cagadas. Cosas que hice mal y que también influyeron en mi salida de Nacional. Pero de todo se aprende.
- ¿Cómo surgió lo de trabajar en el taller?
- Cuando estaba en Nacional fui a preparar el auto y aprendí una cantidad de cosas que me sirvieron cuando el sueldo era muy bajo y llegaban las cuentas. Mi amigo Darío me dio una mano y no tuve que dejar el fútbol. Además, me gusta. Es algo distinto, que me despeja la cabeza y que me mantiene ocupado sin pensar qué hacer esta noche.
La cifra
5 goles lleva anotados Maureen Franco en igual cantidad de partidos. Por ese excelente promedio se encuentra al tope de la tabla de goleadores junto a Alfaro.
Siete camisetas y un amor que vive en Durazno
Hizo el baby fútbol en Plaza Uno de Durazno. Luego jugó en el Nacional duraznense y en las selecciones juveniles de su departamento. A los 14 años vino por primera vez a probarse a Montevideo. Estuvo una semana en Peñarol, pero justo se fue Duarte que lo habría traído y no quedó. Luego vino a Cerro, pero por un tema de vivienda tampoco se le dio. Al final, a los 17, recaló en el Parque Central. En el 2005 lo dieron a préstamo a Cerrito, volvió a Nacional en el 2006. Al año siguiente estuvo en Cerrito y Wanderers. El 2008 lo jugó todo en Cerrito y este año arrancó en Tacuarembó y volvió a Cerrito, su segunda casa. Esta feliz, pero extraña a su hijita, Morena, que vive con sus abuelos en Durazno.