EDWARD PIÑÓN
ENFOQUE
A lo mejor el interés por ver a la selección uruguaya en las Eliminatorias crece con el paso de los días y llegado el momento se rompen las chanchitas o se hacen algunas "vaquitas" familiares para que los más jóvenes puedan concurrir al Centenario.
Quizás los comentarios previos al partido y hasta las declaraciones de los jugadores de uno y otro equipo incrementen la pasión hasta de los aficionados que ya tienen marcadas en la piel otras asistencias a las tribunas bullangueras.
Pero si eso pasa, si por ese amor por el fútbol y, especialmente, por la camiseta color cielo consiguen pasarle por alto a la cotización de la entrada ($ 250 cada boleto de la Amsterdam o la Colombes), pobre de los jugadores y del cuerpo técnico si el rendimiento individual y colectivo no deja satisfechos a los hinchas uruguayos.
Pobre de los futbolistas y de Oscar Tabárez si Bolivia complica con su juego, si los goles celestes no llegan, si aparecen los pelotazos, si los córners a favor no caen en el medio del área, si los tiros libres no se aprovechan bien o si no logran hacer tres pases seguidos.
Después de haber pagado 250 pesos para acomodarse en el cemento del Centenario, lo que menos se va a esperar es que Uruguay llene el ojo y el alma.
Caso contrario, es un hecho que los insultos y los silbidos nacerán con mayor fuerza y rabia de todos los sectores.
Será una forma de desahogarse por considerar que la inversión realizada no valió la pena.