Peñarol va a tener que sacar la gente a la calle, quizá en forma más o menos similar a como lo hizo San Lorenzo en Argentina para volver a tener su estadio en el barrio donde estuvo el primero: Boedo.
La "movida", también popular, si acaso, debería ser diferente, pues no se trataría de ejercer ninguna presión política sobre el poder político, ni más puntualmente el gobierno, como lo hicieron las fuerzas vivas del club argentino para tener la posibilidad de recuperar sus derechos de propiedad sobre el predio que la dictadura expropió en los años 70.
El tema es que, así como la subasta y el sorteo de los 115 palcos del estadio que Peñarol proyecta construir cerca del cruce de las rutas 8 y 102 dejó una recaudación de casi 10.000.000 de dólares, superando en 2.000.000 lo previsto inicialmente, lo que constituyó un rotundo éxito, luego se registró algún desfasaje financiero que, sumado a la no explosiva -a diferencia de lo ocurrido con los palcos- comercialización de las butacas, hizo surgir dificultades para una más rápida construcción del escenario aurinegro.
Concretamente, el costo de la obra estimado originalmente era de 33.000.000 de dólares, pero ahora el desembolso que debería ser superior a los US$ 40.000.000; lo que marca una diferencia que no es imponente, pero tampoco pasible de ser absorbida muy fácilmente.
¿Qué sucedió? En primer lugar, que el costo de la obra es en pesos y el tipo de cambio que se tomó en cuenta para el proyecto cotizaba el dólar a $ 21,95 y hoy la divisa estadounidense está a $ 19,70, lo que ya representa -aproximadamente- un 12% de aumento.
A esa modificación, habría que agregarle, además:
1) El aumento de los salarios en el sector de la construcción;
2) Un plus -se dice de casi US$ 1.000.000- que Peñarol debería abonarle al estudio CPA Ferrere, que realizó el plan de negocios relativo a la construcción y comercialización del estadio, así como el análisis de los aspectos jurídicos a abordar en la materia;
3) La compra de otro terreno, anexo a aquel en el que se levantará el estadio, pues el mismo está entre dos rutas nacionales y, como no se puede estacionar sobre ellas, la Intendencia de Montevideo exige la construcción de un sector de estacionamiento más amplio que el estimado inicialmente; y algo que hoy constituye el "talón de Aquiles" del emprendimiento:
4) El perfil de comercialización de las butacas debería ser diferente al previsto en el plan de negocios estructurado originalmente. Esto es, hoy se compran más las butacas que se denominan "Doble quinquenio", cuyo usufructuo será por 10 años y tienen un precio de 2.700 dólares cada una, y menos las que cuestan US$ 4.100 y son, como lo establece su nombre, "eternas".
Aquí,incluso, hay dos aspectos a considerar de por medio:
a) En lugar de venderse dos butacas "Doble quinquenio" por cada "eterna", deberían colocarse dos de las segundas por una de las primeras;
b) Aún así, para acceder a un crédito del BROU, con el cual se afrontaría el resto de la obra, deberían venderse al menos 3.500 butacas, y hay colocadas unas 1.400.
En suma, hoy Peñarol tiene unos 12.000.000 dólares "reales" y precisaría llegar a más de 40.000.000; aún para achicar esa diferencia con el préstamo del BROU, está lejos.
No parece suficiente, pues, con que Juan Pedro Damiani y Fernando Morena recorran el país, como lo hacen, sacrificadamente: Peñarol va a tener que sacar su gente a la calle por las butacas. Por el estadio, al fin de cuentas. Como en Argentina lo hizo San Lorenzo.