JORGE SAVIA
El partido, por el rival, que no venía bien, no parecía ser de los más complicados que Peñarol pueda tener por delante hoy por hoy en el ámbito interno del fútbol uruguayo. Pero tampoco se presentaba fácil.
Es que justo era el día del cumpleaños. Por aquello de que no se cobraba entrada, iba a estar toda la familia reunida. Y con tantos invitados dispuestos a festejar en grande, iba a faltar alguien. Muy querido. Muy entrañable.
Entonces, ya se sabe lo que puede llegar a ocurrir en estos casos, si algo no sale como los parientes querían o esperaban. Si hay poca bebida. O faltan saladitos. O no están bien los sandwiches. Empiezan las críticas. Los comentarios. Eso que ayer se notó que estaba subyacente antes que comenzara el partido, cuando (ver página 14) ninguna figura prominente de Peñarol quiso opinar públicamente qué haría con la situación que se planteó con Bengoechea a partir del viernes pasado. Eso que se palpó cuando previo al inicio del cotejo por los altavoces dijeron la integración del equipo aurinegro, y el nombre del técnico fue silbado —no en forma unánime, vale aclararlo— por la hinchada. Y eso que también se constató cuando el "¡Pabloooooo...! ¡Pabloooo...!" surgió de las gargantas viscerales de la Amsterdam en varias oportunidades.
Peñarol, entonces, al ganarle por 2-0 a Villa Española sorteó todas esas potenciales amenazas. Salvo en los primeros 15’ de la segunda parte, en los que el conjunto aurirrojo logró darle una relativa paridad al trámite, el partido fue prácticamente monotemático: con Peñarol atacando, ganando de arriba en el área contraria y llegando a fondo por los dos laterales, gracias a los 1-2 que armaban por la derecha Estoyanoff y Alvarez, y a los desbordes que fabricaban la habilidad de Leguizamón y los desdobles del "Cebolla" Rodríguez por el otro lado de la cancha; y con el rival defendiendo, en base a la seguridad que mostró Obelar en el arco y la personalidad de Santín en la zaga, siempre al límite de sus posibilidades.
En ese contexto, Peñarol desperdició varias situaciones claras, le anularon un gol de Bizera por foul de Cesaro, pidió penal en una incidencia en la que el "Cebolla" no fue desplazado por los zagueros adversarios y, finalmente, llegó a la apertura —que merecía— por una apreciación errónea del juez Falce y el línea Changala, que tal vez influenciados por los reclamos recibidos por las incidencias apuntadas antes vieron penal en una jugada en la que la pelota rebotó en el muslo de Daniel Hernández, y por la pericia de Chilavert para ejecutar la falta. Después, salvo el "carga a carga" que se planteó en los primeros 15’ del complemento, el resto fue cuestión de esperar que Peñarol rematara a su rival, como aconteció cuando Leguizamón recibió una pelota que le bajó Cedrés a los 24’ de la segunda parte.
Bien servida en la cancha, entonces, la fiesta del cumpleaños salió barbara. Tanto que, si faltó algo, o alguien, no fue como para que la familia criticara nada. Al contrario, se fue loca de la vida del Estadio.
La primera vez
DEBUT
El juvenil Ignacio Quirino debutó ayer en el primer equipo de Peñarol. El delantero recibió el llamado de Diego Aguirre, ingresó a los 81’ y casi convierte un gol.
GRITO
"Fue espectacular debutar en Peñarol, por todo lo que pasaba: el estadio lleno, el cumpleaños de Peñarol, faltó que metiera el gol en la jugada del final. Pero la verdad es que estaba tan solo que pensé que estaba en offside; además Cedrés me gritó de atrás que estaba solo y no supe bien qué hacer", contó el debutante.
FICHA
Quirino tiene 18 años y hace 5 que juega en las divisiones juveniles de Peñarol. Ya había estado en el banco de suplentes con la Primera, pero ayer pudo jugar.
CONSEJOS
Antes de ingresar, Aguirre le pidió que saliera a jugar con la misma confianza con que lo hace en las prácticas. Chilavert ayer no le dijo nada, pero entre semana se queda después de las prácticas para enseñarle a patear tiros libres.