JORGE SAVIA
Fue algo nunca visto. Desde todos los ángulos. De la historia. De la estadística. De lo que fue el rendimiento y el funcionamiento de la selección adentro de la cancha. Y así lo recibió, lo disfrutó y lo celebró la gente, aun calada de frío, incluso empapada, que sintió que —al menos ayer, porque más adelante se verá, el camino hacia el Mundial es largo y la cuestión, y hasta lo prudente, es recorrerlo paso a paso— los celestes cumplieron con la promesa, audaz, innovadora, desenfadada, que hizo Carrasco públicamente, incluso antes de que lo designaran, en los tiempos que él mismo se postuló y dio a conocer su "programa de acción" para el caso de que lo nominaran.
Fue algo nunca visto. Porque durante mucho tiempo se hizo carne en el alma del hincha, del hombre de la calle, una creencia popular equivocada que, cuando los equipos uruguayos fracasaban en el plano internacional transmitió a las nuevas generaciones su nostalgia por las épocas en las que "les hacíamos 8 goles a los bolivianos", cuando en realidad eso solamente ocurrió a nivel de clubes y una vez de combinados: en la gloriosa gesta del Mundial de 1950, hace nada más ni nada menos que 53 años. Es más: en toda la historia de las Eliminatorias, Uruguay ganó por 5 goles de diferencia —como ayer de tarde— una sola vez, y fue en 1965 a los por entonces más que novatos y "beisboleros" venezolanos.
Fue algo nunca visto. Por la presión infernal que ejerció Uruguay desde el arranque, comandada frenética e inteligentemente por Ligüera, que se desenganchó desde el flanco derecho del mediocampo celeste, para ir a apretar, robar pelotas y jugarlas rápido desde el costado izquierdo del fondo boliviano. Y porque no fue un esfuerzo ni un recurso aislado, sino un todo, armónico, aceitado, que recuperó e hizo circular la pelota a mil, por abajo, metiéndola al corazón del área rival desde los laterales, amparado muy especialmente en la conformación física y futbolística de la gran mayoría de sus integrantes, que son chicos, movedizos, dinámicos y prácticos.
Fue algo nunca visto. Porque con ese estilo, con esa idea, con esas armas, a los 15’, Uruguay ya había ejecutado ¡10 remates al arco boliviano! Fue, si acaso, el único lapso —breve— de cierta incertidumbre en toda la tarde, porque en ese período los celestes exhibieron dos carencias claras: en varias ocasiones intentaron hacer el último pase —incluso largo— por arriba, cuando con estos jugadores no parece probable ganar en el juego de alto; y tuvieron mala puntería, o escasa suerte —porque hubo unos cuantos rebotes providenciales en los cuerpos de los defensas bolivianos— para definir delante del arco de Fernández. Pero, de ahí para adelante, dirigido por la batuta de Recoba, que esta vez trascendió en la real medida de sus posibilidades porque tuvo receptores vivaces que en cada jugada le "cantaran" más de un pase, Uruguay se llevó futbolísticamente por delante a Bolivia, lo apretó en su campo, y empezó a golearlo.
Fue algo nunca visto. Porque en el segundo tiempo, con lógica, bajó algo la presión del locatario. Pero la idea y el estilo se mantuvieron en alto, siguieron vigentes —por ejemplo— en el "engaño" tan particular y propio del fútbol del "campito", de antes, que "repatentó" Carrasco en esa jugada ofensiva tan reiterada en volumen de juego de esta selección, con la que un delantero deja pasar la pelota para que remate un compañero que llega por la espalda. Y, entonces, a los goles de Forlán y Chevantón en la primera etapa, se sumaron los del mismo Chevantón, Abeijón —con un taponazo impresionante— y Bueno, para redondear un triunfo conmovedor. Impactante.
Es cierto. Fue ante Bolivia. Es nada más que el primer paso. Pero por algo, al fin de cuentas, no había pasado antes. Ni ante este mismo adversario. En muchísimos años. Y pasó ayer de tarde. Debe haber sido por eso que la gente gozó, aun calada de frío, empapada, no sólo con el 5 a 0, sino también —y muy especialmente— con el fútbol de la selección. Carrasco se lo prometió. Y no le había fallado.
Tarde de fiesta
CAL
Una hora antes de que se iniciara el encuentro, hubo que repasar las líneas demarcatorias de la cancha. Allí se vio a un funcionario de Cafo con balde y cal en mano. ¡Como cuando se inauguró el Centenario en el Mundial de 1930! Es lo que hay valor...
Banderas
Dos enormes banderas se desplegaron en la Tribuna Olímpica. Una tenía cuatro estrellas negras en fondo celeste y otra estrella con los colores de la bandera alemana. En su leyenda se leía: "La historia debe continuar". La otra, más conocida tenía un enorme número "1950 Volver a soñar".
SILBIDOS
Los primeros silbidos de la tarde se los ganó la terna arbitral cuando salió a hacer los ejercicios de calentamiento a las 15.10. Los otros silbidos fueron para "Charoná", un hecho insólito tratándose de una mascota. Los más fuertes de la tarde, cuando por los altavoces nombraron a Limberg Gutiérrez y a Nelson Acosta.
APLAUSOS
Para los once de Uruguay y para el equipo cuando salió a la cancha encabezado por el capitán Alvaro Recoba. El "Chino" jugó su partido número 51 con la casaca de la selección.
OLE
Las cuatro tribunas disfrutaron del juego y la goleada. Los "oleeeeeeee" empezaron a los 26 minutos y terminaron a los 90.