por Mariana Malek
El exentrenador de Peñarol, Leonardo Ramos, disfruta de unas vacaciones antes de ponerse a escuchar ofertas para volver a dirigir, tanto en Uruguay como en el exterior. En diálogo con Ovación, habló sobre su salida del aurinegro, el vínculo con el presidente mirasol, Ignacio Ruglio y la relación con el hincha.
- ¿En qué estás ahora?
- Disfrutando de estas vacaciones, que no las tengo muy seguido, y aprovechando para despuntar el otro vicio que es el carnaval. Estoy yendo todos los días al Teatro de Verano, disfrutando de eso y la familia también que es importante. Una vez que esto pase empezaré a escuchar alguna oferta.
- ¿Te planteás dirigir en Uruguay algún cuadro que no sea Danubio o Peñarol?
- No tendría problema. Más de una vez dije que hay dos equipos a los que no iría: Nacional, por un tema respeto con la gente de Peñarol, porque a pesar de lo que pasó la gente aún tiene un buen recuerdo mío, me lo hace saber todo el tiempo. Además, al ser hincha de Danubio sería difícil ir a dirigir Defensor Sporting, es la realidad. Después, con los demás equipos no tendría problema.
- Hablando de la gente, ¿cambió tu vínculo con el hincha de Peñarol tras la última salida?
- No, al contrario. Hay varios que me dan el apoyo, que fue un poco lo que me pasó desde que me fui. Lo de Peñarol quedó en el pasado, fue un momento que tuve en el club, no creí que era la manera de irme como me fui, pero es fútbol y lamentablemente los entrenadores, somos un poco así, ¿no?
- ¿Cómo quedó tu relación con Ignacio Ruglio tras la salida? Antes de eso eran muy amigos.
- Ninguna, no hay relación. Solamente lo llamé por teléfono por un tema personal, que es más de esa índole. Pero nada más que eso, no tengo otra relación.
- ¿Con Pablo Bengoechea cómo fue el trabajo?
- El trabajo típico de entrenador con gerente deportivo. Nunca tuvimos una discusión, ni nada. El día a día fue normal; yo me dedicaba a hacer mi trabajo, teníamos la reunión a la mañana, que en realidad eran conversaciones que teníamos a la mañana, y nada más.
- ¿Te arrepentís de haber asumido en un plantel en el que no podías hacer incorporaciones?
-En realidad sí, porque en ese momento el club me llamó apenas se fue Mauri (Larriera) del equipo. Yo había vuelto de México, estaba tranquilo, esperando alguna opción y surgió esto. Por el pasado que tenía en el club como entrenador me seducía bastante estar. También entendía que había que pasar ese momento y más adelante elegir un plantel acorde a lo que uno pretende o quiere. Esa fue la idea principal y después no se logró mantener el trabajo en el tiempo. Ahí era la oportunidad de armar un plantel acorde a lo que queríamos. No voy a hablar si era bueno o malo el que teníamos, sino que por ahí queríamos darle la impronta nuestra.
- ¿Qué le faltaba para tener esa impronta?
-Creo que habían cosas como que no teníamos mucho gol, sufríamos en algunas situaciones defensivas y queríamos reforzar algunas líneas también. No era mucho más que eso, habían varios de los jugadores que estaban ahí que ya me conocían y sabían cómo trabajábamos. También había un recambio generacional en el club, eso lleva tiempo mantenerlo en Primera División y el equipo se sentía de esa manera. Había jugadores muy interesantes, pero los momentos de los equipos también son importantes para ayudar siempre a algún futbolista a rendir mucho más. En el Clausura, que tuvimos nosotros, y el anterior (Apertura), fue bastante desgastante no ganar y no tener una racha de varios partidos. Eso también fue malo.
- Sos un entrenador muy motivador, ¿le faltaba eso al equipo o pasaba por otro lado?
- El plantel estaba desgastado por el tema de los resultados. Normalmente, para cualquier jugador de cualquier otro equipo, salís a la calle y no pasa nada, pero en Peñarol te imposibilita un montón de cosas que la gente no conoce o no sabe, como es el hecho de poder estar en la calle o hacer un mandado, como cualquier ser humano. Influye en el juego. Además, a todos los equipos, llevamos a un psicólogo y un coaching deportivo y tratamos de atacar todo ese punto. De hecho la psicóloga descubrió un montón de cosas que estaban sucediendo en la interna de varios jugadores, como problemas familiares o anímicos, que la verdad que no las sabía y me imagino que el club tampoco. En ese momento, los psicólogos también hicieron su informe, hasta el día de hoy pregunté si realmente se lo pidieron del club o si quedó en la nada, pero sí descubrimos cosas que fueron muy, muy importantes y algunas muy duras y de mucho cuidado a nivel psicológico de varios jugadores.
- Uno de los jugadores que perdió la titularidad contigo fue Walter Gargano. ¿Qué pasó ahí?
- Nada, decisiones. Siempre tuvimos una muy buena relación con el Mota y siempre fuimos frontales, tanto él como yo. Cuando vi alguna cosa se la comenté y cuando a él no le gustaron, también las hablamos. Yo creía que no estaba al 100% de lo que nos podía rendir y por eso fue la decisión. Aparte, como entrenador, uno está delante un plantel para eso, para tomar decisiones y en ese momento fue la de sacarlo del equipo. Después, se crearon todas esas suspicacias a las que ni presté ni le presto demasiada atención, como el tema del cambio de la camiseta (con Luis Suárez en el clásico). Me parece que pensar que un jugador no puede correr y, principalmente el Mota con todo lo que ha dado a Peñarol, que puedan creer que cambió la camiseta y que eso lo haya rebajado como hincha, fue muy duro para él. Está muy alejado de lo que es y lo que ha sido este tiempo.
- En el caso de Thiago Cardozo, vos le diste minutos y hoy es el capitán. ¿Qué viste en él?
- Con Thiago me pasó exactamente lo mismo que con Naithan Nández en 2017 -quien se convirtió en el capitán más joven de la historia de Peñarol-. Más allá de que Thiago es un excelente jugador, tiene unos valores humanos que son muy importantes, interesantes y es una persona muy querida en el plantel. Más allá de no haber estado de titular, aportaba muchísimo para el plantel y por eso fue que en los últimos partidos lo puse como capitán; veía que era un jugador que si Kevin (Dawson) se iba, como terminó pasando, era el capitán idóneo para el equipo: por madurez, presencia, voz de mando y estar siempre tratando de ayudar a los compañeros. También por ser un referente en el club y sobre todo, que en el último tiempo, ganó cosas muy importantes a nivel personal con su rendimiento y eso no se lo regaló nadie. Me parece que lo que está viviendo Thiago ahora es el premio a todo el esfuerzo que hizo en su vida.
- ¿Habías pensado en el plantel 2023?
- Sí, claro. Habíamos conversado con el presidente para empezar a modelar un poco el plantel del 2023. Eso es lo que más me duele y me da bronca, porque habíamos armado una lista de muchísimos jugadores, muchos de los que hoy llegaron al club y algún otro que estuvo en conversación y después no arregló. Eso es lo que más me molestó, no poder armar un plantel a la medida de lo que nos gusta a nosotros. Después, si en algún momento si no rendíamos, sí podían quitarnos el del equipo; la verdad que me llamó poderosamente la atención. Me costó digerirlo bastante en el tiempo, ahora pasó y es parte del fútbol. Lo que no es parte, es que siempre escuché que el presidente y alguno más dijeron que en Peñarol los contratos se respetan.
- ¿Cómo te sentiste con esa contradicción?
- Lo que más me llamó la atención y, teniendo en cuenta de que hacía muy poco habíamos hablado de rearmar el equipo, que se tomara esa decisión. En ese momento, cuando perdimos con La Luz, que fue una derrota muy dura, estábamos en la picota, el cuerpo técnico y la gerencia deportiva, en este caso creo que se cortó por lo más fácil.
- ¿Pesó más la derrota con La Luz o el clásico?
- En Peñarol todas las derrotas duelen y tienen un costo. Se dio así y no hay una derrota mejor o menos dolorosa, todas son duras. Creo que hicimos la mitad de los puntos, no lo recuerdo bien, pero la realidad es que yo hubiese tomado otra decisión teniendo otra posibilidad.
- Yendo al otro equipo que dirigiste en Primera, fuiste campeón y descendiste con Danubio: ¿cómo lo viviste?
- Fue raro, me traicionó el ser hincha del club. No podía ver a Danubio como estaba, sabiendo que iba a ser difícil porque venía de sumar pocos puntos y había que hacer un buen papel. Me quedó la sensación de que podríamos haber tenido otro resultado y bajamos porque no logramos ganar uno de los partidos, que fue lo que nos hizo perder la categoría. En este caso rescato, no solamente la parte mía como entrenador sino la del club también, que a pesar de lo que pasó nos hayamos quedado trabajando juntos para poder subirlo. Además, reconocer lo que hizo el Flaco (Jorge) Fossati, que se lo agradecí personalmente en aquel momento, porque no todos los entrenadores lo hacen, que cuando el equipo ascendió nos nombró como partícipes. Eso habla de la persona de bien que es.
- ¿Volverías a dirigirlo?
-Obviamente, soy hincha y voy a todos los partidos que puedo. Es un tema familiar. Siempre para lo que precise Danubio voy a estar.
- ¿Cómo lo ves?
- Muy bien, le tengo fe al Coco (Esteban Conde). Como hago siempre con todos los entrenadores que vienen al club, le doy la bienvenida y les explico el sentimiento. En este caso me la ahorré, tenemos una persona que sabe lo que es, es hincha del club, vive y respira lo que es Danubio. En el Coco tenemos un entrenador muy capacitado, le tengo mucha fe y estoy seguro que Danubio tendrá un buen rendimiento este año.