Jorge Fossati

| Los salesianos marcaron su vida para siempre; un médico catalán que no podía ejercer salvó su vida

SILVIA PEREZ

Nació y vivió sus primeros cinco años en la calle Isla de Gaspar a 10 metros de Camino Carrasco. Su padre, Oscar Rolando tenía un almacén en Carlos Crocker y Fray Bentos, y su madre, Isabel, era ama de casa. Jorge fue el segundo hijo en llegar al hogar de los Fossati, su hermano Oscar Luis, tenía entonces 4 años.

De esos primeros años de su infancia, el técnico de la selección no recuerda muchos detalles: "cuando paso por allí veo que la casa todavía está, y de afuera está igualita. Me acuerdo del terreno y de jugar a la pelota, nada más. Lo que sí recuerdo es la casa de mi abuela en la calle Villagrán. Como yo todavía no iba a la escuela pasaba allí las tardes. Me acuerdo de jugar con los pibitos de la calle Villagrán y de mi tío "el Nene" a quien también le decían "Quebracho", que nos traía costillas con lomo y duraznos en almíbar para cenar. ¡Nos dábamos flor de panzada! Después él nos llevaba de vuelta a casa, a mí a "babucha". Y eso que en esa época el único peligro que había era que te cruzaras con algún borracho, otro no había".

SAN MIGUEL. Cuando Jorge tenía cinco años la familia se mudó para Guaviyú y Concepción Arenal y allí vivió hasta que se casó. "El barrio Goes", dice orgulloso, "¡ese es mi barrio! Allí pasé una niñez y una adolescencia que le deseo a cualquier pibe de hoy. Sin skate y sin computadora, pero la mejor niñez. Cerquita, en Concepción Arenal y Porongos estaba el Colegio San Miguel de los padres Salesianos. Yo no iba a esa escuela, pero pasaba allí mucho tiempo. Había juegos de salón, canchas de fútbol y de básquetbol, jugábamos allí todos los días desde que volvíamos de la escuela hasta las ocho de la noche. El hermano Mateo Graña era un segundo padre para todos nosotros. Mi madre era católica, pero mi gran formación religiosa la obtuve allí. Si serán convincentes que de allí salió el Padre Mateo, el del Movimiento Tacurú. Es la figura más estelar que sacamos en el barrio, hizo una obra espectacular".

Después de jugar horas en San Miguel la seguían en la esquina. "La famosa barra de la esquina. Seguíamos jugando a la pelota, charlando, bobeando".

Hasta Tercero, el técnico celeste fue a la escuela N� 33 en Arenal Grande y San Fructuoso y luego, como lo cambiaron para la tarde, pasó a la N� 84 de Blandengues y Arenal Grande. Nunca fue el santito de la clase, pero tampoco de hacer grandes travesuras. "Era respetuoso, un pibe normal. Después hice secretariado comercial en la UTU y siempre fui de estudiar sobre el examen, pero atendía mucho en clase".

En todas sus andanzas de muchacho de barrio, Jorge estuvo apadrinado por Oscar, su hermano mayor: "él siempre asumió el rol de hermano mayor, tal vez porque mi padre, que primero tuvo un almacén y después un kiosco en la Ciudad Vieja, no estaba casi nunca en casa y cuando llegaba nos veía dormidos. No sé si era por eso, pero mi hermano asumió el rol de padre y me cuidaba permanentemente, y yo que siempre fui medio rebeldote, le decía: ‘salí de acá’. Pero lo cierto es que de niño él ejercía sobre mí una autoridad que yo respetaba".

BASQUETBOL. En los partidos de fútbol en San Miguel, se juntaban desde niños de ocho años hasta padres de familia. "Elbio Perdomo, el número 9 de Central, que fue goleador de la B varias veces, jugaba con nosotros. Sin embargo, para que mi hermano y sus amigos me dejaran jugar con ellos tenía que ir al arco, así me hice arquero. La cancha de San Miguel era de bitumen, de modo que después de tirarme ahí, me podía tirar en cualquier lado. En San Miguel desarrollé mi gusto por fútbol y por el básquetbol".

A los 14 años tenía un lomo bárbaro para su edad y comenzó a jugar como rebotero en Goes. Al mismo tiempo jugaba al fútbol, en la selección de San Miguel contra otros colegios salesianos y en Sarandí el equipo del barrio: "ponerse la amarilla y roja del Sarandí era un orgullo tremendo". Abrazó los dos deportes con pasión: "no sé si no me gustaba más el básquetbol que el fútbol. ‘Bato’ el canchero de Goes me tenía que echar porque eran las doce de la noche y yo seguía allí".

Más o menos en esa misma época, el padre de Rivero lo llevó a entrenar a Rampla, donde lo ficharon enseguida. Durante dos o tres años alternó las inferiores del equipo rojiverde con las formativas de Goes, donde llegó a jugar en la reserva y algunos partidos en Primera. Incluso lo nominaron para la selección juvenil de básquetbol: "allí jugué con algunos muchachos que después llegaron como Matías González, Mahoma Wenzel y Jorge Etchinope".

Todo iba bien hasta que Rampla le hizo un contrato, lo que significaba que no podía jugar a otro deporte amateur, no era posible estar federado en las dos cosas. De todos modos, jugó algún partido más en Goes, pero con carné cambiado.

ENFERMEDAD. A los 17 años contrajo una enfermedad que le afectó las articulaciones. "Todo comenzó una mañana en que mi padre me trajo el café con leche a la cama y me di cuenta que no podía mover bien las muñecas y los codos. La cosa empeoró y del Centro Medico Deportivo le mandaron una carta a Rampla diciendo que no iba a poder jugar más. Llegó un momento en que, a pesar de que estaba por cumplir los 18 años, me sentía como un anciano de 90 o 100. Para caminar las tres cuadras que separaban mi casa de Goes, en ese momento lo único que hacía era ir a ver los entrenamientos de Goes, demoraba 45 minutos. No podía hacer nada. Mis padres me habían llevado como a 50 médicos, no había a quien no consultaran, pero nadie le encontraba solución a mi problema. Finalmente, Waldemar Rial, una vieja estrella de Goes, me llevó a ver a un médico catalán a quien no dejaban ejercer en Montevideo. La única forma de verlo era que te llevara un ex paciente. Recuerdo que atendía por 18 de Julio y Paullier. Con unos masajes, en un mes me dejó 0 kilómetro. Nunca supe lo que tuve".

Cuando llegó el momento de volver a la actividad, el técnico de Rampla, el "Cabeza" Puente, no lo quería dejar entrenar por lo de la carta del Centro Médico. "Al final lo convencí y jugué los últimos partidos con la condición de que cuando terminara la temporada me tomaría un buen descanso, pero justo en ese momento me citaron a la selección juvenil. Habían llamado como a 110 jugadores para armar dos equipos. No podía aflojar justo en ese momento y entré en el plantel. Fui al Sudamericano de Paraguay con el número 1 en la espalda y hasta fui el abanderado de la delegación". Pero no haberse tomado el descanso indicado le costó caro y le volvieron los dolores. Pudo jugar sólo un partido, frente a Argentina.

El tiempo pasó, después vino Central, Peñarol y varios equipos del exterior hasta su despedida en Coritiba en el año 90. Pero no estuvo mucho quieto y no tardó en comenzar su carrera de entrenador, como no podía ser de otra manera, en las inferiores de Peñarol. El resto es historia reciente. Hoy, a un mes de haberse hecho cargo de la selección nacional, aseguró que el asedio de la prensa no lo sorprendió; que siente el aliento de la gente y que se muere de ganas de entrar a la cancha a trabajar: "lo de la prensa no es mucho mayor que lo que tenía cuando dirigí Peñarol. En realidad, este mes ha sido extraño, no lo esperaba así. Cuando soñaba con estar en la selección me imaginaba dentro de la cancha, entrenando, o en un partido y todavía no ha podido hacerlo, salvo esos tres días en España. Estoy ansioso por meterme en la cancha, donde realmente me siento entrenador".

El que se quedó con la princesa de Goes

Conoció a Adriana, la mujer que lo acompaña desde hace más de 30 años en el Goes. Fue en un baile de carnaval, él tenía 20 años y ella 17. Aunque en ese momento los dos estaban ennoviados, eso no impidió que se flecharan. El la vio y enseguida empezó a preguntar quién era. Sus amigos trataron de persuadirlo: "¡ojo, que es la hija de ‘Pocholo’! "Es que la muchacha era ni más ni menos que la hija de Rodríguez Sicca, el presidente de la institución y aunque Fossati ya no jugaba, el Goes era su club.

Jorge esperó con ansias que llegara el sábado siguiente para ir al baile a buscarla. La invito a bailar y ella, que en realidad ya lo miraba cuando él jugaba en el club, aceptó. Pero justo esa noche se armó lío, hubo trompadas y el romance quedó trunco. "Me quedaba sólo un baile más porque se terminaba el carnaval. Llovió y me quedé sin carnaval y sin Adriana. Por suerte, la barra de amigos, que era de fierro, organizó de apuro una comida. Adriana siempre fue menudita y no se pintaba ni nada, yo tenía miedo por la edad, porque parecía que tenía 12 años. Cuando me enteré que tenía 17, respiré. Esa misma noche, el ‘Mono’ Vignola consiguió que el padre le diera permiso y fuimos a bailar a ‘Dominique’, una boite en Punta Gorda. ‘Pocholo’ se enteró enseguida en el club. Yo era el pibe del barrio que jugaba en Peñarol y ella era la hija del presidente, todo el mundo estaba pendiente de nosotros. Al poco tiempo fui a la casa y ‘Pocholo’ me habló muy bien".

Después de dos años y medio se casaron. "Siempre digo que me quedé con la princesa del club", bromeó. Tuvieron tres hijas: Daniela, Alejandra y Silvana. Fossati es de los pocos hombres que no se preocupó por buscar el varón: "nunca entendí a esas personas que se preocupan tanto por el sexo del bebé. Recuerdo que cuando estábamos esperando a Silvana, la más chica, el médico me juraba que era un varón, pero yo le aposté un galón de whisky a un amiga que se trataba de otra nena. Cuando llegó el momento, Adriana tuvo complicaciones en el preparto. Yo jugaba en Olimpia y me fueron a buscar. Cuando llegué ella ya había entrado. El médico salía a cada rato y me hablaba de Olimpia. Cuando volvía a entrar me aseguraba que iba a buscar el varoncito. Al rato vi que en la habitación de Adriana colgaron un canastito celeste. Cinco minutos antes habían llamado a otro padre que también esperaba. Adriana estaba en la habitación número 7 y ellos en la 1, la enfermera se había equivocado, el canastito celeste era para ellos que habían tenido un varón. El galón de whisky que pagó mi amigo ‘Lolo’ apareció envuelto en la mesita de luz y cuando las enfermeras preguntaban, les decíamos que era una baby silla".

Equipos

San Miguel

Sarandí

Rampla Jrs.

Central

Peñarol

Independiente

Millonarios de Colombia

Olimpia de Paraguay

Greencross de Chile

Rosario Central de Argentina

Avai de Florianopolis

Coritiba de Brasil

COMO TECNICO

Juveniles de Peñarol

River Plate

Peñarol

Cerro Porteño

Danubio

Colón de Santa Fe

Danubio

Liga Deportiva de Quito

Selección Uruguaya

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