ENTREVISTA

La historia de la familia Montero, la anécdota con Diego Alonso y la posibilidad de dirigir las juveniles de Uruguay

Alfonso y Francisco siguen la tradición familiar, juegan en Defensor Sporting y en Albion, y podrían ser la tercera generación en jugar. Para Paolo lo primordial es que sean buenas personas. 

Padre e hijos. Alfonso, el más chico, a la izquierda. Paolo en el medio y Francisco, que juega en la Cuarta de Albion, a la derecha. FOTO: Marcelo Bonjour.
Padre e hijos. Alfonso, el más chico, a la izquierda. Paolo en el medio y Francisco, que juega en la Cuarta de Albion, a la derecha. FOTO: Marcelo Bonjour.

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De mirada fija y siempre a los ojos. Con códigos que siguen guiando su vida hasta el día de hoy. Serio, aunque por momentos se permite sonreír. Paolo Montero le abrió las puertas de su casa a Ovación, pero no solo ya que estaban presentes dos de sus hijos, Francisco y Alfonso, ambos futbolistas de divisiones formativas. Mientras el primero juega en la Cuarta División de Albion y es lateral izquierdo, el segundo juega de zaguero en la Sexta División de Defensor Sporting.

“¿Cómo soy con ellos?” Me manejo como se manejó mi padre (el “Mudo” Julio Montero Castillo) conmigo. Soy consejero si me preguntan, soy partícipe si ellos quieren, soy un padre presente: voy a los partidos cuando estoy acá, voy a buscarlos a las prácticas, me gusta llevarlos. Yo estuve cuatro o cinco años afuera, entonces mi momento de estar con ellos es en el auto, ellos entran a las ocho y salen a las tres y media, los llevo a entrenar, vuelven de noche, comen y se acuestan. Mi momento es la media hora de viaje”, cuenta mientras le ofrece al fotógrafo y al periodista unos sándwiches de jamón y queso y un vaso de bebida. “Siempre digo lo mismo, ellos se divierten. La llevan bien, están contentos, lo positivo es que son buenos alumnos, veo que son buenos compañeros. Yo le digo siempre a ellos que lo importante es ser gente. Antes que ser buen estudiante y buen jugador de fútbol tenés que ser gente, eso es lo que más me importa. Si sos buen jugador de fútbol, bueno, vamo’ arriba. Lo importante es que ellos cumplen, no traen bajas, se portan bien en el liceo, entonces nosotros ahora tenemos que cumplir de llevarlos a donde quieran”.

Tras retirarse, Paolo dirigió a Peñarol de forma interina, Boca Unidos, Colón, Rosario Central, Sambenedettese (Italia) y San Lorenzo. Desde octubre de 2021 está libre. “Todo lo que no hice en el último año, que lo hizo Patricia (su esposa), ahora lo hago yo por una cuestión de liberarla un poco a ella, sabiendo que hoy o mañana como entrenador, no es como cuando sos futbolista que te hacen un contrato de cuatro años y si no hacés nada grave, los cuatro años los cumplís. Tenés una estabilidad. En el fútbol latino hay cero estabilidad para los técnicos, perdés cuatro partidos y te echan. Se habla de proyecto y para mí en el fútbol latino no existe”, comenta bajo la atenta mirada de sus hijos, sentados a un costado de la mesa, con su padre en la cabecera de la mesa.

“Estoy disfrutando este momento con ellos, estoy re tranquilo”, dice y afirma sobre el rumor de que su nombre está en carpeta para dirigir a las juveniles de Uruguay que “me gustaría, pero no he tenido contactos. Aparte he escuchado las declaraciones del Loco (así le dice a Diego Alonso), que estoy totalmente de acuerdo con él, hay que enfocarse en Perú, porque ganando estás adentro. Para la Sub 20 falta mucho todavía. Hoy lo más importante es el 24 de marzo”.

Respecto a su faceta como entrenador, Montero afirma que “me doy cuenta que me falta lobby. Eso es fundamental, el relacionamiento, el lobby, el llamar. A San Lorenzo lo saco porque no nos fue bien con los resultados, pero en Central nos fue bien, en Colón nos fue bien, en Boca Unidos nos fue bien. Después nos fuimos de Central y nos costó entrar de nuevo. Y eso es un tema de venderte, de que vengo de otra generación, otra educación respecto a la de antes, a la de mi padre, no digo que sea mejor o peor a la de hoy, sino que hoy se vive otro mundo. Vengo de una generación que se hablaba poco con la prensa y yo a ellos (señala a sus hijos) les aconsejo que tienen que hablar”.

Paolo Montero. FOTO: Marcelo Bonjour.
Paolo Montero. FOTO: Marcelo Bonjour.

Montero no evade ninguna pregunta. Va al grano. “Me siento capacitado para ser el técnico de Peñarol, pero no me postulo. Es como le digo a ellos, hoy está Larriera que está bien. Yo me siento capacitado para dirigir a la Juventus, porque me preparo para eso. Es como la frase de Bielsa, yo no es que te llaman y me preparo cuando me llamaron. No, no. Vos tenés que estar preparado para cuando te llamen”, señala con convicción.

Tenía pensado viajar a Italia para ver entrenamientos, pero lo postergó por la guerra. Eso sí, le da cierta timidez ir a ver prácticas de Juventus, “voy solo a los partidos”, dice. “He ido a ver muchos técnicos, estudio; lo que pasa que no me saco foto para sacarme cartel, no ando con pancartas, ¿me entendés?”. Y recuerda lo que hizo cuando terminó el curso de entrenador: “Me fui tres días a hablar con Marcello Lippi a Viareggio. ¿Sabés lo que te decía sobre cuánto se demoraba en inculcar una idea de juego? ‘En un equipo bueno con la pretemporada ya está. En un equipo normal, 60 días. Y si tenés un equipo medio pelo, rezá, je’. Es así. Acá pasa lo mismo”.

EL LOCO. Sobre el cese de Tabárez y la llegada de Alonso, Montero afirma que “el cambio se vio en la cancha. Siempre cuando cambian técnicos hay un empujoncito. Y no lo digo mal, también es el desgaste de los años, fueron 15 años que se hizo un buen trabajo y de repente se fue desgastando con el tiempo. Uno se fija siempre en la mayor, pero no hay que olvidarse que en este proceso, que en mi época no pasaba, clasificaron a todos los mundiales, lucharon por títulos, llegaron a finales. El recambio vino bien. Y el Loco, que yo lo tuve como compañero, el Tornado, es un tipo enérgico, un tipo muy capacitado. Recuerdo que nosotros tuvimos una comida en lo de Walter Ferreira, con exjugadores que ya habíamos dejado todo. Estábamos conversando con Andrés Fleurquín, él se levantó y se fue temprano. Desde ese momento nos dimos cuenta que iba a llegar, de que se iba a preparar para eso”.

“Yo no le digo Tornado, le digo Loco. Tiene anécdotas muy pintorescas, que te las cuente él, ja”, pero ante la insistencia del periodista, comentó una: “Se levantaba a la una de la mañana y te hacía cortarle el pelo. Es un loco lindo, muy pintoresco, muy positivo. Fue en la Posta del Lago, éramos compañeros de habitación, y me despertó para que le cortara el pelo. Dijo que iba a hacer un gol al otro día y le ganamos a Hungría con gol de él en el Campus de Maldonado. Es un lindo personaje el Loco. Lindo de conocer”.

Paolo fue durante muchos años capitán de la selección. FOTO: Archivo El País.
Paolo fue durante muchos años capitán de la selección. FOTO: Archivo El País.

Durante muchos años capitán de la selección uruguaya, y líder de una época, luchador de los derechos de los jugadores, no se siente parte del inicio de un cambio en la Celeste: “No, yo no. Siempre digo... Es lo que te toca, ¿qué vas a hacer? Yo no peleé solo, peleamos todos. Remamos. No me arrepiento de nada, de repente con 50 años te diría que en algunas cosas hubiera sido más elástico, hubiera tenido más diálogo, como aprendí ahora en San Lorenzo que tampoco cumplían con los sueldos. Dentro de lo poco que teníamos, buscamos dar lo máximo”.

¿Cómo le tiene que jugar Uruguay a Perú? “Como entró con Paraguay y Venezuela. Uruguay lo mejor que hizo fue la preventiva de los centrales, que la gente tiene que entender que jugaron al nivel europeo, jugaron en la mitad de la cancha, no dejaron respirar al equipo, porque cuando vos hacés buena preventiva es una forma de pressing. Mi ídolo fue Franco Baresi, con mi viejo íbamos a verlo. En un libro declaró que no veía los goles de sus compañeros porque estaba atento a dónde estaban parados los delanteros. Entonces si tu equipo está atacando y atacando, Godín, Josema y Araújo tienen que estar mirando al atacante, preocupados de la marca, estar cerca. El tipo ya lo está anticipando y ese ahogo fue lo mejor que hizo Uruguay. Jugaron todos a un alto nivel, Valverde y Bentancur fueron dos animales, me sorprendieron Olivera y Pellisti. Los hechos lo marcan a Araújo, el loco va camino a ser uno de los mejores”.

LOS VALORES. “Hay valores que se han perdido no en el fútbol, en la sociedad, si el fútbol es un reflejo de la sociedad. Y siempre es culpa de la casa más que todo (golpea la mesa). Uno critica la escuela, critica todo, pero los valores vienen de la casa, si a la escuela van cuatro horas, o seis o siete en una escuela privada. Los valores salen de acá (vuelve a golpear la mesa), es lo que vos les dejás. Para mí, capaz que estoy equivocado”, afirma convencido. “No hay que olvidarse que nosotros venimos de una generación que tu madre estaba todo el día en casa, que de repente el que trabajaba era tu padre. Hoy, por necesidad, precisan laburar los dos, entonces el chiquilín de repente se encuentra muchas veces solo. Soy un convencido que a veces con los jugadores tenés que actuar como padre, a veces como tío, como abuelo, porque los tenés que ayudar y más en el fútbol sudamericano donde los promedios de edad son muy bajos”, puntualiza.

Ya en el final de la charla, Alfonso Montero dice que mucha timidez que “desde que tengo memoria me pasa siempre de que me vinculan a papá, en todos lados”. Él no vio jugar nunca a su padre. “A medida que uno va creciendo se va dando cuenta de la magnitud de lo que fue papá para Uruguay, por cómo lo saluda la gente en la calle y por el respeto que le tienen”, agrega Francisco, que vio el final de la carrera del zaguero cuando jugaba en Peñarol y tiene algún vago recuerdo.

Si logran llegar a jugar de manera profesional Alfonso o Francisco, serán la tercera generación de los Montero jugando. Pero no hay presión. La única presión de sus padres es la de ser buenas personas.

Paolo Montero y sus hijos. FOTO: Marcelo Bonjour.
Paolo Montero y sus hijos. FOTO: Marcelo Bonjour.
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