Por Sofía Berardi
Las calles de Rebolo, un barrio de Barranquilla, no eran el mejor lugar para los niños colombianos. Muchos no jugaban al fútbol y no contaban con la escapatoria que le permitió a Gilmar Bolívar (21 años) salir adelante. Tampoco sería la primera situación difícil en su vida. Luego se enfrentaría a jugar en Ucrania durante el conflicto con Rusia, conviviendo con bombardeos. Todo eso antes de aterrizar en Racing, el primer equipo en el que se desempeñaría en la ”A”.
De la Escuelita Barranquillera a la Escuelita de Sayago
Gilmar es volante y empezó en la Escuelita Barranquillera, pasó por Deportivo Cali y terminó las inferiores en Atlético de Nacional (estuvo hasta la Cuarta). De allí se fue a jugar a la Segunda División de Ucrania. “Desde que tengo memoria mi deseo fue jugar al fútbol y mis padres siempre me apoyaron. El barrio de donde vengo está bastante maltratado y vulnerable por la violencia y las pandillas, entonces el fútbol fue un escape. Pude salir y estar por fuera. Eso me exoneró de muchas cosas malas que me hubiesen tocado si no hubiese jugado al fútbol”, confiesa Gilmar sobre una infancia dura. Y continúa: “Tengo amigos que desafortunadamente ya no están a raíz de eso y otros que han sido maltratados. También hay cosas positivas, gente que ha escapado de eso y ven una oportunidad luego de lo que les ha pasado”.
De su tierra extraña la comida, pero por encima de todo anhela el café. “No tengo nada en contra del que venden acá, pero el café colombiano es auténtico”, explica entre risas.
Tras dejar Atlético de Nacional le surgió la posibilidad de jugar en Karpaty Halych de Ucrania. “Lo conversamos con mi empresario y era una buena opción para empezar a sumar minutos de forma profesional. Después sucede que cae la guerra. Pero cuando llegué fue con el deseo de hacer las cosas bien”.
Llegó a Halych (a 600 kilómetros de Kiev) con la motivación de hacer las cosas bien y el primer año funcionó. “Me hice importante en el equipo, tuve minutos a pesar de la barrera del idioma, me sentía cómodo y a pesar de estar lejos de mi familia también me estaba sintiendo bastante bien. Después sucedió el tema de la guerra desafortunadamente. Ahí se complicó un poco la cosa”.
El sueño se puso en pausa y así como muchos futbolistas Gilmar tuvo miedo. “Pasé momentos feos, en donde me tocó presenciar ciertas cosas. La verdad que no se lo deseo nadie. Gracias a Dios pude superar eso hoy estoy bien. Fui arropado por mucha gente; la Cancillería Colombiana me ayudó, el club facilitó mi salida, pero fue un a situación complicada”, expresa el colombiano.
En el momento en el que dejó el país estuvo dos meses esperando que mermara la situación para volver, pero no fue así. Y pese a que había firmado por tres años, Gilmar rescindió el contrato.
Estuvo sin jugar siete meses en Colombia porque todos los equipos estaban armados. ”Fue un momento en el que me vi obligado a no jugar. Todo esto me ayudó a crecer, pero si me preguntabas en ese momento si veía una oportunidad te digo que no. Uno siempre quiere jugar. La pasé muy mal. Fue un momento donde consideré hacer otras cosas y dejar el fútbol. Gracias a Dios no fue así porque me mueve mucho el deporte”, sostiene Bolívar, que se sintió muy apoyado por su pareja Fernanda, con quien comparte su vida hace cinco años. “Me bancó a muerte, como dice el uruguayo”, dice Bolívar al referirse a su novia, a la vez que enumera otras palabras que aprendió en los tres meses que lleva en Uruguay: “El ‘vamo’ arriba’, el ‘viste’, el ‘escuchá’ y más que nada la manera de hablar”.
La propuesta de unirse a Racing le llegó a través de su representante, quien entabló la negociación con el gerenciador de la Escuelita de Sayago, Fernando Cavenaghi. “Me pareció un proyecto interesante. Tenía conocimiento de que el club estuvo peleando el ascenso hace varios años. Ni lo pensé, vine a Uruguay con mucha ilusión de hacer las cosas bien, siempre agradecido con las personas que me abrieron las puertas. Mi idea es cada día, en los entrenamientos y partidos, poder retribuir la oportunidad que se me dio”.
No es de poner música en el vestuario, dice que es más tranquilo que el estereotipo de colombiano que baile. De todas maneras se ha hecho muchos amigos. “Me llevo con todos, es un grupo muy bueno. Pero siempre hay algunos con los que tenés más afinidad, con Fabi Píriz, Rulo Varela, Chuki (Agustín Rodríguez) y Erik De los Santos me siento como en casa”.
Fue titular de los últimos dos encuentros y siente que por sus características se le ha facilitado la adaptación. “Esta es una liga mas competitiva que la ucraniana y es mi primera vez en Primera, eso es importante”, concluye Bolívar, que extraña a su familia y desea que lo vengan a ver jugar desde Colombia.
El domingo Racing va por su primera victoria ante Nacional
Gilmar ya tenía conocimiento de los equipos grandes de Uruguay. “Uno siempre escucha Peñarol, por el tema de la Libertadores, porque Atlético de Nacional (Colombia) siempre está jugando estos torneos y uno conoce de ahí”, explica el volante que el domingo a las 20:00 horas enfrentará a Nacional en el Gran Parque Central “con mucha ilusión y humildad de querer hacer las cosas bien, de no sentirse inferiores ante un rival como lo es Nacional”, dijo Bolívar.
“Marcar, recuperar y distribuir el balón, estar bien posicionado en las transiciones”, es lo que el DT Gustavo Fermani busca del volante, que también jugó de extremo durante una temporada. “Me muevo por todo el centro, también tirado a una banda, como falso 10”.
“Racing viene de menos a más, espero que podamos hacer un gran partido el domingo”, deseó el colombiano. La Escuelita de Sayago suma dos puntos tras dos empates y una derrota. Ante el albo irá por su primera victoria desde su ascenso a Primera en 2023.