El uruguayo se hizo la película con Haití

| En EE.UU. hay propuestas para filmar la casi increíble vida de Fernando Clavijo

MALDONADO | SILVIA PEREZ

Hace casi un mes que Fernando Clavijo, técnico de la selección de Haití, llegó a sus pagos de Maldonado para realizar una especie de pretemporada.

Vino porque es "su lugar", porque en Uruguay tenía equipos competitivos con quienes enfrentarse y porque estar en Punta del Este era más barato que quedarse en Miami y eso, por estos tiempos, cuenta. En estos momentos, la selección no cuenta casi con apoyo y todo se hace por los conocimientos y el empuje de un hombre que ha llevado una vida realmente novelesca. Tanto, que en Los Angeles ya hay interesados en llevar su vida a una película. Es que los estadounidenses se sienten identificados con Clavijo: un inmigrante sin papeles que terminó jugando en la selección de Estados Unidos, parece resumir el sueño americano.

"Tenés que dirigir Haití", le dijeron unos amigos cuando promediaba el año pasado en el sur de Florida, donde vive hace 9 años. "Es imposible, no hay organización y no están dispuestos a trabajar en serio", respondió Clavijo. "Sólo lo haría si estuvieran dispuestos a trabajar en Miami", agregó. Pasaron 6 meses y volvieron a decirle que aceptaban su propuesta. En ese momento en Haití no había problemas, al menos no tan graves como ahora, y Clavijo tenía el apoyo de la Federación y del gobierno.

OLOR. Antes de tomar al equipo, Clavijo decidió ir a conocer Haití: "me habían hablado mucho sobre Haití, pero no lo conocía y sentía que tenía que ir para poder entender mejor a los jugadores. Pobreza es poco. Los uruguayos no entienden lo que es pobreza. Es un olor fuerte que te queda impregando. Son los niños que se tienen que turnar para dormir porque no tienen suficientes camas. Hay luz eléctrica solo dos horas por día y la gente se reúne en las equinas con velas en las manos. Las calles están llenas de basura, y no te podés sacar el olor de la basura quemada. Pero increíblemente todos están contentos. No hay agresividad. Yo tenía miedo que me robaran o me atacaran, como en Argentina o en México donde te advierten que tengas cuidado. En Haití es al revés, a pesar de todos los problemas que tienen hay un gran respeto y me sentí seguro. La gente me dio el último empujón que me faltaba para decidirme a aceptar a dirigir la selección. Los niños vestidos con colores brillantes y extremadamente limpios a pesar de la pobreza me conmovieron. Son cosas muy difíciles de trasmitir. Hay que estar ahí para entender. Son gente buena y humilde. Tienen algo especial y alguien que tenga sentimientos puede verlo. Lo filmé y no es lo mismo. Cuando veo la filmación me digo que eso no es lo que vi. Sólo estando en Haití se pude entender".

PADRE. En octubre del año pasado Clavijo comenzó a trabajar con un grupo de jugadores que no conocía y con quienes no le era fácil comunicarse. Para peor, un tiempo despues cayó el gobierno de Aristide y dejaron de enviarle dinero. Cualquier otra persona hubiese renunciado, pero el uruguayo siguió adelante. "A veces me pregunto qué estoy haciendo al frente de esta selección, pero no puedo abandonarlos. Hoy en día pongo más dinero del que gano, pero no puedo dejarlos. Les han mentido muchas veces, yo cumplo todo lo que les digo y no quiero volver a decepcionarlos. Ellos creen en mí, soy su técnico y también soy un poco como su padre. No puedo irme ahora porque no me pagan, si no estaría haciendo lo mismo que los demás. Además, esto es una forma de devolver todo lo que me dieron a mí, y también estoy invirtiendo. Los jugadores tienen talento y si clasificamos al mundial voy a ser reconocido a otro nivel, con una selección mundialista. La única posibilidad de que me vaya es que me manden a entrenar a Haití sin recursos. En todo esto mi esposa tiene mucho que ver, porque ella me apoya en todo, cualquier otra ya me hubiese tirado de mi casa".

CASINO. Con los haitianos, Clavijo siente revivir lo que fue para él irse a vivir a Estados Unidos hace ya 27 años. "No me fui por razones económicas. Tenía 21 años, estaba recién casado y trabajaba en el casino del San Rafael, pero sufrí una gran decepción con el fútbol y decidí irme. En ese momento jugaba en Atenas y había sido citado a la selección por Bentancor. También jugaba en la selección de Maldonado y nos estábamos preparan- do para jugar la final del interior. El técnico me dijo que no me preocupara, que él le iba a avisar a Bentancor que me iba a incorporar a la selección más tarde. Nunca lo hizo y me eliminaron de la selección por no presentarme a los entrenamientos. Me enteré por el diario cuando iba en el ómnibus para practicar. Fue una gran decepción. Hablé con mi esposa Marta, y nos fuimos a Nueva York a trabajar. No estaba en mis planes jugar al fútbol, pero la gente de Atenas me dijo que si llegaba a jugar, el pase era mío".

MOZO. La joven pareja su ubicó en New Jersey sin conocer a nadie y sin trabajo. Sin embargo, por intermedio del agente Otto Radich, consiguió ir a probarse a un equipo de Nueva York. Tuvo que ir a entrenar tres días. Tenía que tomarse dos ómnibus y dos trenes hasta Long Island. Se llevó 20 dólares y le dejó los 60 restantes a su esposa. Durante esos días se quedó en una casa que tenía el club para los jugadores, pero no tenía dinero para comer. Uno de sus compañeros, el italiano John Motta, se dio cuenta y lo ayudó. Finalmente lo ficharon, llevó a su esposa y muy contento avisó a su familia en Maldonado. "Cuando comencé a andar bien, Atenas pidió la transferencia. No me dieron el pase y estuve suspendido un año. Yo, como tantos otros inmigrantes, había vendido los pasajes de vuelta. No tenía dinero y nunca quise avisarle mi situación a mi familia. De haberlo hecho me hubiesen ayudado, pero yo sentía que si había tomado la decisión de irme, tenía que arreglarme como pudiera. Le pedí trabajo a Vicente Scottos, el dueño del equipo que tenía siete restaurantes italianos en Long Island. Comenzamos a trabajar mi mujer y yo, de 10 de la mañana hasta la medianoche. Vivíamos muy lejos y estábamos siempre muy cansados. Entonces el dueño nos prestó un auto para que nos trasladáramos y luego nos alquiló una apartamento cercano. Comencé limpiando las meses y al mes era el jefe de todos los mozos. A mí siempre me gustó ser el mejor en lo que hago".

MUNDIAL. Pero la idea de Clavijo era volver al fútbol. Cuando terminó la suspensión, Scottos que a esa altura era como su segundo padre, compró el pase a préstamo por un año. Jugó medio año en su equipo y lo prestaron al "Indoor Soccer", al equipo "New York Arrows" donde fue dos años campeón. "Después de lo que me había pasado con Atenas, por las dudas no le dije a nadie que estaba jugando al fútbol".

En el 84 volvió a la Liga grande del fútbol, jugó en el "San Diego Soccers" y salió seis veces campeón.

Luego llegó Bora Milutinovic a la selección de Estados Unidos y Clavijo jugó todos los partidos del Mundial. En el último, frente a Brasil, se retiró: "tenía 38 años y había realizado mi sueño".

GUERRA. El 12 y el 19 de junio Haití debe enfrentar a Jamaica por las Eliminatorias para el Mundial. Si ganan seguirán adelante y pasarán a otro grupo. "No estaba preparado para dirigir Haití. No hay nada en el mundo que te prepare para esto. Es un país con sus familias en guerra, y uno sin ayuda económica tratando de clasificar al Mundial. El objetivo más difícil es motivar a un jugador que está pensando si a sus familiares no les pegaron un tiro. Muchos se quieren volver a Haití, y yo les explico que son privilegiados, pero uno de ellos me dijo que si mataban a su esposa y a su hijo, él quería estar con ellos. Entonces entendí".

Maratón de 24 horas sobre fútbol con Bora

Antes de hacerse cargo de Haití, Clavijo dirigió al "New England Revolution" durante tres temporadas. Antes había trabajado como ayudante de Bora Milutinovic en la selección de Nigeria y en la Liga norteamericana. "Bora es espectacular, tiene un carisma increíble. Para mí fue la persona que impulsó el fútbol en Estados Unidos, aunque no se lo reconocen. Bora hizo una selección sin que hubiera una liga en el país. Fuimos al Mundial y jugamos bien. Allí los norteamericanos se dieron cuenta que podían. Yo fui su jugador, su ayudante, su confidente y su amigo. Nos une el amor por el fútbol. Los dos somos capaces de pasarnos 24 horas hablando de fútbol, o mirando un partido que sólo dos locos como nosotros podemos mirar. Bora tiene un don especial para solucionar problemas. Cuando la gente dice no se puede, él encuentra una solución".

Sacó campeón a los Seattle Supersonics

Después de haberse retirado en el Mundial de Estados Unidos, lo llamaron de los Seattle Supersonics de la NBA, porque se habían comprado las franquicias para el fútbol. "Me llamó Bill Ackley y me dijo que me mandaba los pasajes para que viajara a hablar con él. Le dije que no, que me pagaba mi propio pasaje y que si llegábamos a un acuerdo me podía devolver el dinero. Después llamé a un amigo y le pregunté quien era el tal Ackley, me dijo que no sólo era el dueño de los Seattle Supersonics sino de medio Seattle, ¡y yo le había dicho que me pagaba el pasaje".

Pidió tres años de contrato porque había que organizar el fútbol. Al tercer año, cuando además de técnico ya era gerente, le prometió a Ackley que iban ser campeones y lo consiguió. Es más, los Seattle Supersonics nunca habían salido campeones de la NBA y fueron campeones en fútbol. Se fue del equipo porque se terminó la Liga, pero le siguieron pagando el sueldo por un año y aún tiene las puertas abiertas.

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