Confesiones de un hijo de lituanos

| Sus padres no se enteraron cuando se fichó en Fénix y lo fueron a ver jugar solamente una vez

SILVIA PEREZ

Vladas Douksas comenzó a jugar al fútbol a escondidas de sus padres lituanos. Integró el equipazo de Rampla Jrs. de fines de la década del 50. Jugó en Independiente, Nacional y la selección. Actuó en una época donde no existían los contratistas, pero no le fue mal arreglando sus propios contratos.

Vaclavas, su padre, llegó de Lituania en el año 1927. En esa época la pobreza hacía que los hermanos mayores emigraran para dejarle el lugar a los más pequeños. Aunque ya había varios de los mayores viviendo en Estados Unidos, Vaclavas siguió hacia el Sur y llegó a Montevideo. Venía acompañado por un amigo y al tiempo ambos mandaron a buscar a sus respectivas hermanas y se casaron entre ellos. Se instalaron en el Cerro, comenzaron a trabajar en el frigorífico Swift. Así empezó una nueva vida para ellos.

Vladas fue el primer hijo de Vaclavas y Emilia, luego nacieron dos más. Cuando el pequeño tenía solo dos años se mudaron a Capurro. Vaclavas comenzó a trabajar en la fábrica de productos químicos Duperial y pusieron un almacén que atendía su mujer. Tanto el negocio como la vivienda de la familia estaban en la calle Gil, muy cerca de la cancha de Fénix.

Vladas fue a la escuela del barrio donde no estudiaba pero le bastaba con prestar atención para aprender. "No estudiaba porque nadie me exigía nada. Hacía lo que quería y me pasaba todo el día jugando a la pelota. En casa nunca nos faltó nada, pero mis padres no eran cariñosos. Seguramente, no podían serlo porque a ellos en Europa los habían tratado igual o peor. Se habían criado trabajando en el campo y casi no habían ido a la escuela. De todas formas, la falta de cariño no se notaba solo en mi casa, era algo natural. En esa época los niños sólo tenían que obedecer".

A ESCONDIDAS. Comenzó a jugar al fútbol a los 13 años en "Fénix Jrs", el cuadrito del barrio. Jugaba adelante y hacía goles. Aunque iba al Liceo Bauzá, le dedicaba mucho tiempo a practicar con la pelota. Cuando no encontraba con quien jugar iba al campito solo y empezaba a pegarle a una lata. "Al principio no podía, pero le daba y le daba hasta que lo conseguía".

A los 17 años se enroló en Fénix, que en ese momento estaba en la Divisional B, a escondidas de sus padres. "Ellos no querían que yo jugara. No me dejaban ir a jugar ni al Maturana, la escuela de curas. Mi padre decía que el fútbol rompía las piernas y mi madre se callaba porque en esa época las mujeres opinaban poco. No se enteraron ni cuando me ficharon en Fénix y luego, cuando ya era profesional no me iban a ver. Fueron sólo una vez a verme al Capurro, para saber cómo era el fútbol y nunca más volvieron. Después me veían por la tele".

DESGRACIA. Su primer sueldo en la Tercera de Fénix fue de 105 pesos. Luego, subió a Primera y pasó a ganar $ 220. Jugó en Fénix del 50 al 53 y pasó a Rampla Jrs. donde estuvo hasta el 59. "Con el dinero vino mi desgracia: me compré una moto. La tensión de la moto es lo peor que hay para las piernas de un futbolista. No me fue mal, pero sin esos seis años en moto me hubiera ido mejor".

Cuando llegó Rampla Jrs. tenía un cuadrazo: William Martínez, Brazzionis, Luján, Techera, Puente y varios más. De todas maneras fue titular indiscutido, jugando de número 9 o de 10. En el 58 le ganaron a Nacional y terminaron segundos en el campeonato detrás de Peñarol.

CONTRATOS. En el año 60 pasó a Independiente. Estuvo una temporada y media y salieron campeones. Después tuvo problemas con el contrato y se volvió a Montevideo. "Yo les decía que me habían hecho un contrato para jugar en Segunda y me amenazaron con declararme en rebeldía, pero no lo hicieron. Volví y arreglé con Nacional. Roberto Porta era el técnico y tuvo mucho que ver con mi llegada al club. Además, Buenos Aires no me gustaba. Vivía con Walter Roque, que había jugado conmigo en Rampla, pero no había caso. Nunca me gustó. El clima es muy frío y la gente es parecida al clima".

Con los tricolores fue Campeón Uruguayo en el año 63. "Nacional fue muy importante en mi carrera. Fui campeón y jugué la Copa Libertadores, pero no puedo decir que fui hincha. De chico me convencí que tenía que ser hincha del cuadro donde jugaba".

Lo del contrato con el equipo de Avellaneda fue moneda corriente en la carrera de Douksas. Algo parecido le pasó en Colón de Santa Fe y en Rampla. En el 55, el equipo picapiedra preparaba su gira por Europa. Lo habían declarado en rebeldía porque no se habían puesto de acuerdo con la plata. "Yo manejaba los contratos a mi manera y defendía lo mío. Exigía todo lo que podía, porque después no volvía a hablar con los dirigentes en todo el año. Conmigo nunca iba a tener ningún problema. Vivía para el fútbol y me cuidaba al máximo. Tan es así que ni me casé. No sé si es mejor que haya contratistas o no, pero en toda actividad hay intermediarios. Es normal, pero depende del jugador. Los representantes se pueden quedar con dinero si el jugador se los permite. El fútbol es muy fácil y a la vez muy complicado. Si haces las cosas sencillas, todo sale bien. En cambio cuando quieren intervenir donde no deben, las cosas se complican. No es fácil entenderse cuando hay intereses tan grandes".

De todas maneras, la gente de Rampla lo fue a buscar para que viajara al viejo continente. "Rampla fue el primer equipo uruguayo en salir de gira por Europa. Estuvimos dos meses viajando. Los jugadores más jóvenes extrañaban y se querían volver. Yo les decía que aprovecharan, que no iban a tener oportunidad de volver. Yo después tuve suerte y volví con Nacional y con la selección".

El amor tuvo que esperar

Actualmente, Vladas Douksas trabaja en la Homeopatía Alemana. Lleva allí 12 años y dice que hace de todo, pero su tarea principal es encargarse del reparto a las farmacias.

Jugó profesionalmente 17 años y no se permitió enamorarse hasta que colgó los botines. "Yo sabía que siendo futbolista tenía que andar de arriba para abajo y no era fácil hacerlo con una familia a cuestas. Por eso recién me casé cuatro años después de dejar de jugar. Además, mi vida era el fútbol y me cuidaba mucho. En todas las épocas hubo mujeres cerca de los futbolistas, pero yo sabía que tenía que jugar el fin de semana y necesitaba tener la mente limpia para hacerlo. Ya desde chico, cuando jugaba en Fénix Jrs., llegaba el viernes y no salía. Siempre consideré que era muy feo pasar vergüenza delante de la gente. A mí me podrían ganar porque eran mejores, pero nunca porque no estuviera en condiciones de correr".

DINERO. A Douksas le tocó jugar en una época donde los futbolistas no ganaban las cifras que reciben actualmente. "Era diferente. En aquellos años no había problemas para cobrar. Llegaba fin de mes y estaba la plata. Era un buen sueldo, pero no daba para comprarse una casa ni nada. Por eso siempre trabajé vendiendo cubiertas".

De todas maneras, "Vlayo" como siempre lo llamaron sus compañeros, reconoció que tuvo suerte. "Me pude dar mis gustos, pero nunca gasté la plata en forma desordenada. Por ejemplo, fui juntando, juntando y cuando pasé a Nacional me compré mi casa. Soy consciente que hoy hubiera hecho mucho más dinero y seguramente me hubiera ido al exterior. Recuerdo que cuando pasé a Rampla Jrs. Enrique Fernández, que era el técnico, me decía que yo era un jugador ideal para el fútbol español. El había jugado en España, tenía contactos y me quería llevar a toda costa. Pero no quise. Lo mío era del Cerro a Capurro y de Capurro al Cerro. Del entrenamiento a mi casa y de casa al entrenamiento. Tenía 19 años y nunca había salido de mi casa. De todas maneras, hoy no estoy arrepentido. Lo vivido, vivido está".

Aunque muchos dicen que hubiera sido un gran director técnico, no tuvo suerte en las breves experiencias que realizó en Fénix, Huracán Buceo y Uruguay Montevideo.

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