"A Uruguay lo vi muy desdibujado"

| Señaló que "no se sabe marcar en zona" y que falta inteligencia para "cambiar la marca"

SANTA CRUZ | JORGE SAVIA

Uuuuhhh...no! La verdad que no, por allá no voy hace un rato largo. ¿Sabe? Ya es toda una vida acá, como quien dice. Fíjese que yo me vine con 20 y ahora tengo 61 años. Además, la familia la tengo aquí, porque mi hermano también está en Buenos Aires. Allá quedan primos, claro. Pero, bueno... usted sabe como es esto: se hacen nuevos afectos y por ahí uno vuelve al barrio donde nació y no conoce a nadie. Es un extraño...".

La voz de Elbio Ricardo Pavoni llega desde su celular en forma clara. Lo suficiente, al menos, como para mantener un diálogo relativamente prolongado con uno de los laterales más destacados y representativos que tuvo el fútbol uruguayo en la segunda mitad del siglo XX, al punto que aún hoy es posible recordarlo porque hizo el único gol que anotó Uruguay en la Mini Copa de 1972, en Brasil frente a Portugal, y porque también anotó el tanto que los celestes le marcaron a Bulgaria en el Mundial de Alemania 74. Claro que su mayor fama en el fútbol de las dos márgenes del Río de la Plata la fincó en su capacidad de marca y sus simbólicos cierres por detrás de la zaga, con los que sacó goles hechos de la raya de su arco en infinidad de oportunidades.

Ese Pavoni es el mismo que hoy está dirigiendo a un equipo que está por clasificar al Campeonato Regional de la AFA, y que pertenece a la ciudad de Arroyo Seco, ubicada a casi 200 kilómetros de la capital argentina y a tan solo 30 de Rosario.

"Mire, yo dirigí en Ecuador, en Paraguay, en Chacarita estuve 5 años, pero pasé 15 en Independiente, formando gente de abajo, como Diego (Forlán), ¿vio? Yo lo tuve conmigo un par de temporadas. Pero ahora tuve esta oportunidad, de un equipo de una ciudad chica, de unos 8.000 habitantes, pero que puso en marcha un proyecto para llegar al fútbol grande, y... bueno. Acá estoy. Por eso voy a veces a Buenos Aires, algún fin de semana, ya que ahí tengo a mi señora, pero de tanto en tanto. Ahora estamos metidos en esto, tratando de clasificarnos".

Pavoni reconoce que actualmente no sigue muy de cerca el fútbol uruguayo. Sólo ve, si puede, si tiene tiempo, algún partido de la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana. Pero, como es lógico, vio el encuentro de Núñez del sábado pasado: "y... se abrió mucho el partido con ese gol de entrada, pero igual a Uruguay lo vi muy desdibujado".

El comentario permite engancharse en la charla pensada para antes del clásico del Río de la Plata, cuando uno se reservaba el derecho de temer que el cuadro de Fossati podía pagar un alto precio por no contar con laterales de marca, que fueran capaces de cerrar los flancos del mediocampo: "no, yo en mis equipos juego con línea de 4. Yo no critico, pero... ¿sabe qué pasa? Si usted juega con 3 atrás, donde el rival le ponga a los dos puntas bien abiertos, esos dos quedan prácticamente mano a mano con los zagueros rivales. Yo no digo que soy defensivo, pero primero trato de no tomar goles. Después, bueno... ¿cómo no voy a querer ir al ataque? Pero tengo que amasar el pan con la harina que tengo. ¿Por qué no hay más laterales como los de antes? Y... no es que no haya, lo que pasa es que como los equipos no ponen a nadie a atacar por los costados, nadie pone marcadores en esos lugares de la cancha. Pero mire que eso pasó siempre: acuérdese de Cubilla; él se iba para el medio, no se quedaba parado en la raya toda la tarde. ¿Sabe qué es lo que pasa? Que hoy, no saben marcar en zona. Como hay marcaciones personales, cuando a los laterales les cambian sus referencias porque el rival que está controlando se corre para otro lado, les falta inteligencia para cambiar las marcas. Y lo mismo pasa con los cierres: ¿vio los tres primeros goles de Argentina? Las jugadas se armaron casi iguales. Por ejemplo, todo el mundo hablaba de mis cierres por detrás de mis zagueros, y yo aún pienso que hacía lo que tenía que hacer, no hacía nada extraordinario. Yo era lateral izquierdo, y si el ataque llegaba por el otro lado de la defensa, igual me corría atrás de mis compañeros de la zaga, por cualquier cosa, por si fallaban. Y creo que por momentos algo de eso le pasó a Uruguay el sábado. Lo que pasa es que hoy, se ha hablado tanto de que hay que ser ofensivos, de que hay que atacar, que en un caso como del que yo le hablo, antes de que termine la jugada del rival, los muchachos ya están pensando en salir al ataque. Entonces, en vez de acercarse a sus compañeros, como hacía yo, por si fallan, o por si la pelota los pasa, antes de que el arquero ataje o el remate del adversario se vaya desviado, ya se están alejando de su área para que los habiliten y poder mandarse hacia delante. Por eso no hay cierres, ni sacan goles en la raya, no porque aquello que yo hacía fuera algo extraordinario...".

Aquel crack

POCITOS

Elbio Ricardo Pavoni nació en 1943, en Pocitos: "yo era de ahí, cerca del San Juan Bautista, en la calle Cavia".

VIOLETA

Pavoni era marcador lateral izquierdo y jugó en Defensor desde muy chico: "recorrí todas las inferiores hasta llegar a Primera; estuve como 8 o 9 años".

ROJO

El "Chivo" pasó a Independiente de Avellaneda en 1963 y después de haber sido campeón de la Libertadores y de la Copa Intercontinental, actuó en los diablos rojos hasta el año 1977.

ESTRELLA

En Independiente se hizo famoso por ser un defensa goleador y por sus fantásticas apariciones para sacar de la línea de gol los remates que ya habían vencido la resistencia de los arqueros.

CELESTE

Además, Pavoni jugó en la selección de Uruguay que disputó la Mini Copa de Brasil en 1972 y el Mundial de Alemania en 1974: "para el del 70 en México me quisieron llevar, pero no era como ahora, que se hacen gestiones. Hablaron, conversaron, pero quedó en la nada..."

TECNICO

Sobre el partido del sábado pasado comentó: "Yo respeto a Fossati, él sabrá, pero yo a Diego (Forlán) lo tuve en Independiente y pienso que no tendría que haber quedado afuera; incluso, podía haberlo puesto de media punta, que él puede jugar de media punta, pero vio que cuando entró Diego, Uruguay llegó 3 o 4 veces y por lo menos inquietó algo".

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