Detrás del biombo de Carrasco

JORGE SAVIA

Reinaba la incertidumbre de si iba a venir o no a Nacional y Silvia Pérez localizó al "Chengue" en una noche de verano en el sur de España: estaba saboreando un solomillo casi a orillas del Mediterráneo.

Uno, que ha viajado y conoce la "picazón de regreso" que carcome el alma de los uruguayos, cada vez con mayor intensidad a medida que van dejando atrás el objetivo de consolidación material que fueron a buscar lejos del suelo patrio, comprendió las ganas de volver de Richard Morales. Sin embargo, sin pensar puntualmente en Nacional, sino en la realidad del fútbol uruguayo, tuvo recelo de que "bajar" del primer al tercer mundo podía significarle un duro porrazo.

Es lo que le pasó a Paolo Montero en Peñarol, y al propio Poyet, que está de nuevo en Inglaterra, después de haber desandado sus pasos. A la distancia, se pierde la óptica de las dificultades que esperan detrás del biombo de los besos de bienvenida en Carrasco, o del reencuentro con los añorados asados.

Lo que le ocurrió al "Chengue" es algo mensurablemente humano. Con su óptica aún "primermundista", gestionó como capitán el pago de salarios que tuvieron hasta 3 meses de atraso y, al mismo tiempo, la desilusión de que su querido Nacional no armara un equipo más competitivo, le hizo bajar bajar los brazos.

Tal vez ese fue su único error; entendible, al fin y al cabo: saboreando solomillo a orillas del Mediterráneo, es imposible darse cuenta que en el pobre fútbol uruguayo esas dos legítimas aspiraciones corren en sentido totalmente contrario.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar