PAYSANDU | CARLOS MONTAÑO
Salto Uruguay fue torazo en rodeo ajeno. En el cuarto partido de la serie final venció nuevamente a Paysandú como visitante, esta vez 77-66, se adjudicó la llave 3-1 y se consagró Campeón de la Liga Uruguaya.
Logró el título con la base de los atributos que lo caracterizó en las dos últimas confrontaciones. Manejó el trámite. Controló las situaciones adversas y llevó a la práctica una presión muy bien aplicada tanto cuando se extendió hacia la zona contraria como en los momentos que tuvo que contener a su oponente en su área.
Asimismo, los dirigidos por Javier Espíndola expusieron la virtud de no desesperarse en los pasajes en los que el local se distanció con una media de 6 puntos, merced al peso de sus pívots Marcel Bouzout y Claudio Charquero.
Salto Uruguay consiguió imponer el trámite perfecto para sus intereses: mantuvo el marcador equilibrado hasta los 30. A posteriori, la acentuada desorientación individual de Paysandú, que dejó de atacar bien el cesto —acusó mucho la baja por lesión de Jimmy Boston en el primer parcial— se transformó en un factor aliado del objetivo del visitante, que lo aisló de las cercanías del aro y lo obligó a llegar al gol por tiros de larga distancia —en los que el dueño fue ineficaz— o a través de filtraciones a la llave de los jugadores más bajos, jugadas que lastimaban muy poco la estructura que planteó el campeón para destruir el juego de su contrario.
En el final del tercer cuarto y el principio del último, Salto Uruguay inició el operativo demolición, con quites, forzando errores y embocando triples. El triunfador, a diferencia del conjunto sanducero, repartió muy bien el goleo. En ese rubro sobresalió Pablo Morales, que cristalizó la obra magistral de básquetbol asociado que exhibió Salto Uruguay con Cline-Heard, Morales, Silveira, Bertolini y Vacca en cancha. Jugadores menos grandes que los de su contendiente, y que tuvieron más altura como equipo.
A 4’ de la muerte anunciada, Paysandú se ubicó a 4 puntos. Vana respuesta. Muy efímera. El descontrol, la impotencia y la pérdida de las referencias en la marca, fueron bien explotadas por el equipo salteño que a 2’ del desenlace se despegó 67-59 y desató la algarabía del medio millar de salteños que festejaron en el escenario del clásico rival.
LITORALEÑAS
INFIERNO
En la mañana del partido el calor era abrasador en la ciudad de Paysandú. Recién cerca de la puesta del sol corrió una brisa, que no sirvió ni siquiera para mitigar el ardor de la jornada. Mucho menos adentro del estadio "8 de junio", que volvió a colmarse de público, cuya presencia fervorosa acrecentó la temperatura. Un infierno. La gente se abanicó con lo que tuvo a mano.
MANSOS
Antes de instalarse en ese clima ardiente que hubo en el estadio, los quinientos hinchas salteños —que arribaron en la tarde—se movilizaron con total tranquilidad por las calles de la ciudad sanducera, luciendo camisetas y banderas de Salto Uruguay. Para la noche habían tomado precauciones a sabiendas que por determinados barrios no debían emprender el regreso al pago, porque ni la policía logra controlar esas zonas conflictivas, de esas que hay en todos los departamentos del país.