A los Osos se les aguó la fiesta en Miami...

Indiana ganó el Super Bowl pero el espectáculo más grande no se vivió en el anegado terreno

CHICAGO | ELBIO RODRÍGUEZ BARILARI

Bajo una lluvia como para cuarenta se celebró en Miami el Super Bowl, o Super Tazón, del football americano.

Aquí podríamos repasar la manera en que los Colts de Indiana le ganaron a los Bears (Osos) de Chicago por 29 a 17 y chau Pinela, y cómo Payton Manning "mariscal de campo" de los de Indianápolis, entró al Olimpo de los dioses con la ovalada abajo del brazo.

Pero no teman, no entraremos en el detallado comentario de un deporte que de Panamá para abajo es más ajeno que comer arroz con palitos.

Por otro lado, no hay deporte feo después que uno lo entiende y se engancha. Pero la afición a un deporte parecería ser directamente proporcional al contacto, aunque sea visual, que un individuo ha tenido con el mismo. De modo que no es raro que football americano o béisbol, o cosas más exóticas como el lacrosse, sean pintorescas referencias para los futboleros uruguayos.

Y no hay de qué preocuparse, que no me he convertido.

De hecho, cuando una turba de músicos anunciaron que vendrían a presenciar el Super Bowl en MI hogar, como manera de fomentar mi integración cultural a su nación, les dije que sí, pero que en lugar de las grasosas comidas rápidas que ellos acostumbran ingerir, les iba a dar chivitos.

Pintoresco sería lo menos que se podría decir de un evento multimillonario en audiencia y billonario en dólares, como lo es la final del football americano.

Para los que no nos enganchamos del todo con el juego, lo más interesante está en el entorno mediático y en el fenómeno sociológico.

Esta vez no me la puedo tomar muy a la chacota, como hice cuando los Chicago White Sox ganaron el título en béisbol, porque después los compatriotas que leen El País por internet y que deportivamente están más americanizados que yo, me tiran la bronca.

No puedo decir nada sobre esos gordos con tremendos flotadores y embutidos en cascos corriendo sin ninguna gracia. O que las interrupciones demasiado frecuentes, para que la tele pueda meter publicidad, son un auténtico suplicio.

Que conste, la manera de ver deportes como el béisbol y el football americano es diferente a la manera de ver nuestro fútbol. En EE.UU. nadie espera que estés atento todo el tiempo, como en un partido del Mundial.

Tanto en los estadios como en las casas, viéndolos por la tele, los partidos de béisbol o de football son ocasiones sociales para charlar, comer papas chips y otros entremeses, tomar cerveza, y mirar en los momentos adecuados, cuando la acción estalla.

En particular el Super Bowl es más parecido a la fiesta de entrega de los Oscar que a una final del Mundial de Fútbol nuestro. Uno de los mayores atractivos del Super Bowl, debidamente festejado por la prensa y esperado por los telespectadores, es, aunque ustedes no lo crean, los nuevos avisos en las tandas.

Hay avisos especiales para el Super Bowl y la gente está tan dispuesta a festejar un comercial ingenioso como una jugada de su equipo favorito. La tentación es pensar, como Asterix y Obelix de los romanos: "Están majaretas estos gringos". Pero quién es uno para andar juzgando.

Es más: en mi mesa de trabajo yacen varios de los diarios más afamados de los EE.UU., y en ellos se analiza hasta la minucia el contenido y los méritos relativos de esos diversos avisos televisivos.

El entretiempo, durante el cual se presentan las estrellas del espectáculo, es uno de los momentos más esperados del Super Bowl. Este año no hubo ninguna exhibición anatómica, como la de la hermanita de Michael Jackson. Si bien Prince hizo un show bastante light, al menos nos salvamos de Shakira o Beyonce, que están hasta en la sopa.

Cosa extraña, para la mentalidad uruguaya, es estar rodeado de personas que hinchan todas por el mismo equipo, al ser siempre Chicago contra otra ciudad. Eso no pasa en el béisbol, donde hay dos equipos locales: los Cubs, que son el equipo pituco, y los Sox, que son el equipo popular, por el que hinchan los negros, los latinos y los blancos que vienen de abajo. Pero en football, básquetbol y fútbol "soccer", no hay contras.

Era un tanto extraño entrar en una oficina pública, o privada, y ver a todo el mundo hinchando por los Osos, con gorros de los Osos y elogiando a los Osos por unanimidad. En mi modesta opinión, el hinchismo deportivo, sin un adversario a mano a quien alquilar, pierde una parte importante de su gracia.

Otro rito vernáculo y folclórico es permitir que el viernes, último día laboral antes de la final del domingo, en las oficinas, talleres y otros lugares de trabajo, se ingieran las típicas comidas de los estadios estadounidenses: papas chips con queso derretido encima, pop corn con toneladas de manteca y hot dogs con demasiado ketchup, todo abundantemente regado con bebidas gaseosas y portando gorras, bufandas y otras prendas alusivas a los Bears.

La última vez que el equipo de football de Chicago obtuvo un título fue en 1985, con lo cual la expectativa creada es bastante comprensible. Desde aquella lejana fecha, los prestigios deportivos de esta ciudad habían sido defendidos por los Chicago Bulls en básquetbol, con seis coronas, por el Chicago Fire en fútbol, con dos, y finalmente por los mencionados White Sox, en béisbol. Ahora los fanáticos del football iban por una reivindicación, que se les quedó en el buche.

racismo. En el lado oscuro de este deporte hay que poner los perfiles racistas y patoteros que de vez en cuando asoman entre los hinchas y hasta en ciertos periodistas.

Los Bears jugaron las semifinales contra el equipo de Nueva Orleans. Antes del partido decisivo y en la página 2 del Chicago Tribune, un tal John Kass les decía a los de Nueva Orleans que "nosotros no somos la esponja de ustedes para tener que andar enjuagándolos de los efectos del huracán Katrina. Sentimos mucho lo que les pasó, pero igual les vamos a patear el trasero". Y se seguía despachando por el estilo.

Lo de ese columnista, medio de mal gusto si lo cortamos por la mitad, fue superado por unos hinchas desubicados, que el día de la final colgaron de lo que vendría a ser la tribuna América del Sol- dier Field, un cartelón que decía: Bears, terminen lo que empezó Katrina.

Básicamente, en football americano hay cuatro tipos de jugadores, los gordos que hacen fuerza, los flacos que corren, otro flaco que sólo entra a patear los tiros libres, y un tipo mediano, el "quarterback" o "mariscal", que es el que hace los pases con la mano.

Éste es como el 10 en el fútbol, o aún más importante, porque maneja los tiempos y la estrategia.

Los Colts tienen un gran "mariscal", como Nassazi: el alongado Payton Manning. Los Osos jugaron toda la temporada con un botija nuevo, un tal Grossman, al que no dejaron de criticar. Y que en la final no pudo embocar una.

A pesar de que los Bears comenzaron ganando, antes del medio tiempo estaba claro que los Colts tenían el título en el bolsillo. Y es el título, al igual que en béisbol y en básquetbol, donde tampoco compiten equipos de otros países, es el título de Campeón del mundo, por supuesto.

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