Un partido activo

A iniciativa de sectores del Partido Nacional se han propuesto reformas en el plano constitucional y legislativo de singular trascendencia. En el primer caso el proyecto denominado por su dinamizador, el Dr. Luis Alberto Lacalle, como de ajuste político ha levantado objeciones en la parte más atractiva para la más fácil captación de las simpatías populares, como lo es la reducción del número de integrantes de la Cámara de Senadores y Representantes. Concretamente en ese aspecto, difícilmente sea apoyado por el Frente Amplio quien ya adelantó sus pragmáticas razones para oponerse a una pérdida de representatividad parlamentaria en Montevideo y en Canelones, y ha generado observaciones de fundamento más serio en el propio Partido Nacional en donde se le objeta desconocer las necesidades de eficiencia en el trabajo del Poder Legislativo y abdicar del principio de representación proporcional integral en la composición de dicho Poder. Al margen de ello, como ya ha sido objeto de comentarios en esta página, el proyecto contiene innovaciones cuyo mérito no admite discusión, como la de la aplicación directa de los tratados internacionales que ratifique el país, la integración al orden jurídico nacional de disposiciones dictadas por los órganos del Mercosur, normas que fijan plazos y procedimientos obligatorios para la periódica renovación de la Corte Electoral y del Tribunal de Cuentas y que consagran la obligatoriedad de las observaciones de éste último a gastos estatales que considere ilegales.

El segundo proyecto, impulsado por el Dr. Sergio Abreu, establece un sistema de regulación del financiamiento de los partidos políticos en el cual se procura dar transparencia al destino de la aportación pública y privada con que se nutren sus finanzas, pero además la disponibilidad de sus registros contables, que deben ser llevados minuciosamente, para la justicia y autoridades de contralor, cuando los requieran. Es un proyecto esencialmente saneador cuya finalidad es la de atender a lo que universalmente está considerado —y ratificado por numerosos ejemplos—como la más prolífera de las fuentes de corrupción.

Aunque hay diferencias en el grado de receptividad que puedan tener ambas propuestas, pues es claro que a la segunda se le podrá perfeccionar en sus mecanismos para hacer más eficiente su motivación pero no se puede estar en contra de la misma, es de esperar que ambas sean consideradas con la atención que su importancia merece, y que el Partido mismo no les pierda la pista.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar