Un día bisagra

Un gran pensador escribía que en la historia de la humanidad se registraban los que él llamaba "años bisagra", aludiendo a los que tuvieron un significado de quiebre o resultaron fundamentales para la historia de las ideas o en la vida de relación de los seres humanos. En la comarca también pueden encontrarse años o días bisagra, y este de hoy puede ser uno que se merezca ese calificativo entre nosotros. El tiempo lo dirá.

Viene precedido de una decisión criticable. Según se divulgó ayer, el presidente de la República se excusó de recibir a los presidentes de las Cámaras de Comercio, de Industria, de la Construcción y de la Asociación Rural, interesados en trasmitirle su preocupación por la inminente aprobación de la llamada "ley de fuero sindical". Se trata de cuatro ciudadanos que representan un importantísimo sector productivo del país —nos animaríamos a precisar que a más del cincuenta por ciento de los uruguayos—, ante quienes se invocaron "problemas de agenda" para justificar la negativa. No se aclaró si es la que tiene que ver con la actividad pública o la privada.

Sus inquietudes pueden verse consumadas hoy si la Cámara de Senadores aprueba un proyecto de ley, al que se introdujeron algunas pequeñas modificaciones con respecto al texto ya considerado por la Cámara de Diputados, pero que sigue siendo tan malo y peligroso para el futuro económico del país como lo era en su versión original.

El cuento del "fuero sindical" nació mal. En su momento señalamos que era reiterativo; violaba el principio de la igualdad y corría a los inversores. Ciegos y sordos a las críticas que se le formularan, fue igualmente aprobado, lográndose en un último intento, y gracias al peso de sus despropósitos, que se abriera un diálogo entre las partes.

Hay que señalar que esa vía estuvo desde el comienzo flechada en un solo sentido, al dejarse la salvedad que si en determinado plazo no se encontraba una solución, el Senado iba a aprobar el texto en discusión tal como venía de Diputados. De esa manera se dejó en manos de una sola de las partes el arma de obstruir toda posibilidad de que el acuerdo se lograra, para obtener así lo que se pretendía.

Al no llegarse a un consenso —como era previsible—, ni la mayoría del Senado cumplió con su palabra, ya que el sector oficialista se prendió a un nuevo proyecto, tan malo o peor que el primero, que es el que va a ser considerado hoy.

Las visitas que no fueron recibidas tienen al menos la tranquilidad de espíritu de haber intentado impedir por todos los medios a su alcance que se concretaran los riesgos que para el país implica su aprobación. De lo que venga después serán responsables todos los que han contribuido o puedan convertir este día en uno bisagra.

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