El Ministro de Economía y Finanzas, Isaac Alfie, afirmó: "nuestra pauta de trabajo es 7% (de crecimiento del producto interno este año), con eso estamos trabajando". Casi simultáneamente el presidente de la República, Dr. Jorge Batlle expresó que aguarda para este año un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del orden del 11%.
Quizás sería bueno que el presidente y su ministro se pusieran de acuerdo en este tema. Pero sea como sea, a pesar de esas diferencias, ambos brindan una perspectiva auspiciosa. Es más: nadie deja de darla.
Por ejemplo, Cepal (Comisión Económica Para América Latina y el Caribe) acaba de divulgar un trabajo que se hizo, supervisado por el director de la división Estadísticas y Proyecciones Económicas del citado organismo, donde se estima que la actividad en Uruguay crecerá este año entre un mínimo del 5% y un máximo del 9% (aunque calculándose que lo más probable es que se ubique en torno al 7,5%).
Todo esto se enmarca dentro de un crecimiento económico previsto para América Latina en general, donde si bien debido a su riqueza petrolera Venezuela es el país cuya economía tiene el mejor pronóstico, no puede soslayarse el hecho de que Uruguay se ubica en segundo lugar y Argentina en tercero.
De esta forma, nuestro país consolida "el repunte" de su actividad, después de duros años de recesión. Las exportaciones de bienes se calcula que serán de 2.780 millones de dólares, a lo que se suman 1.000 millones de servicios. Esto conllevaría lo que Batlle describió como "un récord histórico de exportaciones".
Lamentablemente estamos en un año electoral, lo cual conspira contra esta evolución positiva que empiezan a sentir todos en nuestro país. No sería tan grave, si no ocurriera que el Frente Amplio está actuando como si tuviera certeza de un triunfo en octubre. Como se trata de una coalición de grupos que exhiben una llamativa mixtura de marxistas, leninistas, trotskistas, socialistas, comunistas, tupamaros y demócratas, puede influir en forma altamente negativa tanto en el mercado financiero como en el cambiario, así como respecto de las posibilidades de inversión extranjera.
No hacen nada para serenar a los observadores de este panorama, los discursos de figuras como Tabaré Vázquez, José Mujica o Jorge Zabalza, quienes van desde el tono soporífero y melifluo hasta el bramido revolucionario.