Estamos a exactamente medio siglo de la muerte de una de las figuras claves de la historia del siglo XX: José Stalin. El hombre que manejó la Unión Soviética desde 1922 hasta su muerte, registrada el 5 de marzo de 1953.
Es curioso: la encuesta más reciente muestra que el 36% de los rusos que opinan dan un juicio más positivo que negativo del hombre que no sólo aterrorizó a su país sino que por años también al resto del mundo.
Pero si bien lo dicho es curioso, ello no ha de ser sorprendente: Stalin cultivó una imagen paternal, bondadosa, a través de una publicidad que velaba las realidades: su propia hija se alejó horrorizada de él, para radicarse en los Estados Unidos, pero por años las matanzas de millones de campesinos y traslados de poblaciones enteras de la URSS fueron encubiertas.
Al punto de que en Occidente se observaban con mayor atención las "purgas" donde Stalin mataba a bolcheviques que sospechaba no le eran ciegamente fieles, que aquellos genocidios.
Este aniversario de hoy, dio motivo a nuevos libros.
Uno por ejemplo, dice que Stalin era un homosexual latente, seducido y abandonado por Hitler, mientras que hay quienes destacan su "patriotismo" y "nacionalismo". Entre estos extremos hay revelaciones como la de Roman Brackman en "The Secret File of Jospeh Stalin", donde lo acusa de haber sido colaborador de la policía zarista, ante de ser leninista.
Más allá de los pareceres y de lo que sobreviva de la propaganda oficial soviética, emergen sin embargo elementos irrefutables que deben ser tenidos en cuenta. Su crueldad (en las matanzas ya citadas y en la persecución de opositores reales o imaginarios), lo llevó a extremos monstruosos. Su duplicidad, como cuando suscribió el pacto nazi-soviético con Adolfo Hitler, fue proverbial.
He aquí pues una breve visión acerca de este personaje que aunque ya es historia, merece ser repasado una vez más en este cincuentenario, especialmente porque dejó su siembra. Hay en el mundo todavía muchos que lo visitaron, fueron condecorados por él y exhibieron felicidad porque el mandamás del Kremlin les concedía un saludo y una sonrisa. Entre esos muchos se incluyen uruguayos. Gente que en su fuero íntimo sueña con los "buenos viejos tiempos" del estalinismo.