Algún agudo observador atribuyó la ofensiva argentina contra nuestro país —cabe recordar que el más dramático capítulo del enfrentamiento lo escribió la prensa del vecino país sin que tuviera confirmación de las autoridades argentinas y refería a un supuesto entredicho que se habría suscitado en Santa Cruz de la Sierra y que fue rotundamente desmentido por Batlle— a las presiones de los operadores turísticos internos alarmados ante la evidencia del aluvión de argentinos que se trasladará en la temporada hasta nuestras playas, atraídos por insuperables ofertas de precios, servicios y seguridad. Otros atribuyeron las recientes actitudes del presidente Kirchner —no sólo Batlle, también Aznar, Ana Palacios, Enrique Iglesias, los presidentes de Brasil, de Chile y de Bolivia, los empresarios españoles, etc., etc., debieron soportar en los últimos días actitudes arrogantes y hasta desplantes del ocupante de la Casa Rosada— a una deliberada intención de provocar rispideces exteriores con el objetivo de distraer la atención de la opinión pública argentina de los graves problemas que vive el país, léanse deuda externa, atentado de la Amia, corrupción policial, inseguridad, piqueteros y algún otro que en este ligero repaso escapa a nuestra memoria.
Pero más allá de las razones que se puedan esgrimir, lo cierto y evidente es que se provocó desde la Argentina una enojosa situación entre los dos gobiernos. Y aunque ahora las cancillerías —en momentos de escribir estas líneas estaba prevista una reunión Bielsa-Opertti en Miami sobre el tema— se llamen a un prudente y saludable silencio, no podemos dejar de señalar y de criticar con la dureza que la coyuntura exige, la grosera intervención en los asuntos internos uruguayos llevada a cabo por el gobierno argentino. Que comenzó cuando desde la cancillería se intentó trabar la instalación de una planta de celulosa sobre el río Uruguay, siguió con las críticas a la libérrima decisión de nuestro presidente de pasar el caso de la nuera de Gelman a la esfera de la Ley de Caducidad, —norma legal aprobada por el parlamento nacional y refrendada posteriormente por el pueblo uruguayo en un plebiscito— y culminó, confiemos que así sea, con el anunciado apoyo de Kirchner a la candidatura presidencial del Dr. Tabaré Vázquez. Argentina y Uruguay tienen cosas muy importantes para hacer juntos, como para que los distraigan actitudes de un presidente que un periódico argentino calificó de "muy poco serio, como imagen de país y mandatario".