El anuncio de la cancelación de los vuelos directos de Iberia a Madrid desde abril, encendió la alarma en el gobierno que inició gestiones diplomáticas ante España para que se revea esa decisión. Nadie sabe por qué las gestiones no comenzaron hace casi dos semanas cuando la línea aérea informó que reducía sus frecuencias diarias y deslizó la posibilidad de la suspensión total del servicio. Cuesta entender por qué la Cancillería y el ministerio de Turismo no se movieron entonces, antes de que Iberia tomara su decisión. Sin duda, un gobierno de reflejos lentos.