Mientras que el presidente Orsi hizo un planteo racional y lógico sobre el desafío de la gente que decide vivir en la calle, desde el Mides se sigue con la cantarina habitual de la izquierda más infantil. Que falta empatía, que la culpa es de la gente que “invisibiliza”, y todas esas monsergas. El problema es todo lo contrario. Es que un par de miles de personas que eligen vivir en la calle, en un país con educación y salud gratuitas, no pueden tener de rehén a un millón y medio.