La división política en América Latina está generando situaciones peligrosas. Prueba de ello es la incursión de la policía ecuatoriana en el edificio de la embajada de México para apresar a un exvicepresidente acusado de corrupción. México, en respuesta a este ataque a las leyes internacionales, ha roto relaciones con Quito. El presidente mexicano es un deslenguado, con tendencia irritante a opinar sobre realidades que no conoce. Pero el gobierno de Ecuador no puede actuar así.