La noticia de que en muchos comedores escolares no se cumple con la prohibición de evitar alimentos marcados con “octógonos” de salubridad alimentaria, era tan predecible como inevitable. La realidad es que el 90% de los alimentos que los niños gustan tienen excesos de grasa o de sodio, pero en proporciones que están lejísimos de ser un problema para al salud. Este tipo de obsesión burocrática es tan irreal, como la ambición controladora del estado paternalista.