La cualidad del título alude a una condición humana: intemperancia es falta de templanza, y por "templar" puede entenderse el moderar, suavizar la fuerza de una cosa, y, en sentido figurado, el término puede utilizarse tratándose del genio o del enojo de una persona.
Y bien, éste es un gobierno intemperante, el gobierno de las rabietas. Como corresponde, el Presidente es el que da el ejemplo en no admitir críticas y reaccionar agraviado cuando a alguien no le gusta lo que hace o lo que dice. Es difícil olvidarse cuando para facilitar la salida de la crisis bancaria de 2002 el gobierno de la época negociaba un canje de deuda, era el propio Tabaré Vázquez quien vociferaba clamando por la caída en "default" del país. No admitía discrepancias ni siendo opositor.
Ahora en el poder es el mismo Presidente quien ataca a los medios de comunicación nombrando uno por uno y con gesto amenazante de palmada, a quienes discrepan con él y entre otras tantas cosas, el que acaba de recriminar a los productores agropecuarios porque le dijeron que sí al plan Ceibal, pero que no alcanzaba con una computadora por niño si no se mejoraba la calidad de la educación.
Les observó que se trataba de temas que no les incumbían, como si vivieran en otro planeta. Es el mismo Presidente que amenazó con un "cuidadito" al que preguntara cuánto costó a las finanzas públicas el batirse el parche ante un puñado de personas el 7 de marzo y después tuvo que confesar públicamente que la farra anduvo en la friolera de los ciento ochenta mil dólares. El mismo que se irritó cuando en la Federación Rural le observaron que el Plan de Equidad -que no se objetó en sí mismo- si se queda en el mero asistencialismo favorece el ocio y conspira contra los planes de trabajo. De esas cosas tampoco podrían hablar los agropecuarios, aunque sean uruguayos.
En fin, la reacción de Váz-quez en tantos casos, como la de Mujica cuando califica de "rostro de piedra" a un adversario político, o la de Astori estrilando contra el Fiscal de Corte o las de las señoras ministras de Salud Pública y del Interior tan habituales, ya cantan su canción de despedida.
Mejor si la acompañaran con tilo.