En medio de la crisis que sacude a Europa, surge una voz sensata. Una voz que se encamina a reubicar a la gente de su tiempo. Es la voz del Papa Benedicto XVI, quien en su intensa visita pastoral a España, en perfecto español, censuró la mentalidad del lucro a cualquier precio. A ella atribuyó la crisis del Viejo Mundo y reclamó una ética que imponga un rostro humano a la economía.
Sentenció el Pontífice: "El hombre debe estar en el centro de la economía y la economía no debe medirse únicamente por la maximización de los beneficios, sino por el bien común". Centenares de miles de jóvenes le dieron la bienvenida por las calles de Madrid y encontraron que Benedicto XVI también traía un mensaje referido directamente a ellos. Los exhortó a combatir el consumismo y el hedonismo, a rechazar la droga, a respetar la sexualidad y sobre todo a no "avergonzarse del Señor", en una continuación de la prédica que se ha convertido en emblema de su papado: impedir que Europa olvide sus raíces cristianas.
De esta manera y en la misma línea que su predecesor Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI pide ética económica, marcando un rumbo de sensatez y sentimiento en el hirviente ámbito europeo, jalonado por anuncios tremendistas y manifestaciones violentas no justificables.
Es de esperar que las palabras del Santo Padre sean escuchadas a lo largo y a lo ancho del mundo ya que si bien básicamente son un mensaje a los europeos, son también para toda la humanidad. Para los atribulados, para los que en esta coyuntura acentúan su egoísmo y para quienes creen, equivocadamente, que los actos de terrorismo como los que se acaban de registrar en Israel, pueden servir.