"Enano llorón"

Aunque quedó en suspenso, la reciente decisión de Brasil, perjudicial para nuestras exportaciones a ese país, generó una alarma fundada en Uruguay. Fue un amague que duró poco, pero amague al fin. Consistía en obligar a los importadores brasileños a gestionar una autorización previa para comprar nuestros productos, un trámite administrativo de duración flexible. Aunque se la definió como una simple medida burocrática de "control estadístico" de las importaciones, entre nosotros se la percibió como un intento de levantar una barrera arancelaria, quizás porque estamos curados de espanto respecto a las resoluciones que, en ocasiones, dispone por sí y ante sí nuestro socio mayor en el Mercosur.

La diplomacia presidencial, hay que reconocerlo, jugó su rol natural. Un contacto telefónico entre los presidentes de Uruguay y Brasil contribuyó a aclarar las cosas y a desbloquear lo que en principio se manifestó como un atasco de camiones detenidos en nuestra frontera Norte y después derivó en una serie de aclaraciones y desmentidos. Debe señalarse también que sectores exportadores e integrantes de la cancillería actuaron con rapidez y reclamaron las explicaciones del caso, una reacción fulminante que se justifica ante la importancia de un mercado que nos compra al año por valor de mil millones de dólares, un 16% del total de nuestras exportaciones.

Pasada la emergencia, es preciso mantener el ojo avizor sobre este tema. La economía brasileña sufre en estos días el azote de la crisis económica mundial, una situación propicia para que prosperen las tendencias proteccionistas siempre latentes en el gobierno de Brasilia. En el pasado, ya comprobamos que cuando las papas queman nuestro gigantesco vecino tiende a desacatar sus compromisos con el bloque regional y a privilegiar sus asuntos internos. Aun a riesgo de que algún periodista paulista vuelva a calificarnos como "el enano llorón" del Mercosur, hay que mantenerse vigilantes y estrictos a la hora de reclamar el cumplimiento de los acuerdos de integración y cooperación que nos unen con Brasil.

Es mejor ser el "enano llorón" que el eterno pato de la boda.

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