OPINIÓN

Recordando a Wilson

Hoy recordamos los 30 años de la partida de Wilson. El recuerdo de esta gran figura de la vida política del país ha despertado una serie de merecidos actos recordatorios que le hacen bien a los ciudadanos.

Enrique Iglesias, expresidente del BID. Foto: Darwin Borrelli
Enrique Iglesias, excanciller. Foto: Darwin Borrelli

He tenido la oportunidad —que agradezco— de participar en algunos de ellos, donde he recordado momentos de su vida como los que quiero rememorar en estas líneas.

Tuve el privilegio de haber sido muy amigo de Wilson de quien recibí inspiración, apoyo y afecto. Compartí su amistad en muchos momentos de su vida, pero solo quisiera recordar ahora la experiencia que tuve con Wilson cuando se incorporó a los equipos que prepararon el Plan Agropecuario de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE). Vale la pena recordar brevemente aquella iniciativa.

En 1961 se concretó en una reunión del Sistema Interamericano en Punta del Este, la iniciativa impulsada por el Presidente John Fitzgerald Kennedy de lanzar una Alianza para el Progreso de los países en vías de desarrollo de la región. La iniciativa tuvo amplias repercusiones en todo el continente.

Implicaba la preparación de planes de desarrollo que debían elaborar los países para optar a la cooperación financiera internacional.

Uruguay fue el primer país de la región en la preparación de su plan de desarrollo. El ministro de Hacienda de la época, Juan Eduardo Azzini, instaló los trabajos en la CIDE, creada por el ministro para promover inversiones para el desarrollo económico del país. Designó a su subsecretario doctor Jorge Giucci como su representante político, y solicitó a la Universidad mi pase en comisión de servicio para la dirección técnica del plan, al que dio siempre su pleno respaldo, y que contó con la decisiva intervención del decano Israel Wonsewer.

He destacado reiteradamente que la total libertad y apoyo recibido del gobierno presidido por Washington Beltrán fue fundamental para dirigir y organizar los trabajos y convocar a colaborar a investigadores de todo el espectro técnico, empresarial, sindical y político del país y de todas las posiciones políticas, así como de técnicos de organismos internacionales, en especial de la Cepal.

Es dentro de ese clima que desconcentramos de la sede central de la CIDE a dos sectores que trabajaron en la preparación de los planes en las áreas agrarias y educativas. Estos dos sectores gozaron de un apoyo amplio de los respectivos ministros, Wilson Ferreira Aldunate y Juan Pivel Devoto que se sumaron personalmente al trabajo de los técnicos.

El compromiso de Wilson con la preparación del plan fue fundamental, y de hecho se instaló físicamente en las oficinas de la CIDE Agropecuaria durante varios meses para trabajar en su conceptualización y preparación, y se tomó el trabajo de redactar personalmente buena parte de sus documentos. Participó activamente en los debates de las ideas sobre la coyuntura económica del agro y la identificación de sus grandes problemas, y enriqueció el plan con importantes propuestas de políticas.

De esos debates surgieron iniciativas de leyes que aprobadas con su impulso, siguen vigentes. Leyes como las de suelos, de agua, de fertilizantes, de forestación y otras son reconocidos pilares del desarrollo agropecuario nacional.

También se abordaron los problemas de la tenencia y el uso de la tierra proponiéndose algunas medidas de una reforma agraria. La creación de la Oficina de Planeamiento y Políticas Agropecuarias, actor fundamental desde entonces de las políticas públicas en el agro uruguayo, está en las propuestas del Plan. No menos importante fue el compromiso persistente y activo de Wilson en la investigación agropecuaria, siendo un patrocinador activo de "La Estanzuela" que complementaba en la acción su compromiso con la innovación tecnológica, instrumento fundamental de los objetivos a que aspiraba el Plan de desarrollo agropecuario.

Ahí están los documentos, las leyes y las disposiciones incorporadas en la renovada Constitución de la República del año 1966. Pero quizás lo que más recuerdan los que pudieron conocer de cerca el compromiso personal de Wilson, fue su extraordinaria capacidad de trabajo, el conocimiento de la realidad nacional tanto económica como política, y su convivencia cálida y motivadora con todas las personas que lo conocieron y trabajaron con él.

El Wilson de la CIDE y su contribución al primer gran plan de desarrollo del país es solo una faceta de su inmensa personalidad que nos queda con el ejemplo de su compromiso y cariño por el país que le dolía profundamente, su capacidad de sacrificio personal para que el país pudiera salir de las trampas en las que lo había arrinconado la historia, su defensa de valores espirituales fundamentales para la convivencia nacional, y una gestión política vigorosa donde sabía conciliar la dureza con la compasión. Es bueno que las jóvenes generaciones conozcan su historia y les sirva de referente, en su condición de ciudadanos responsables comprometidos con seguir trabajando por un mejor país.

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