Hoy se inaugura en la explanada del Palacio Municipal el monumento a Wilson Ferreira Aldunate. La ley que lo dispuso fue iniciativa del senador Gallinal, y fue votada por unanimidad con la presencia de representantes de todos los sectores políticos. Tanto el lugar como el monumento enfatizan una página de la tan rica vida política del líder nacionalista. El regreso a su pueblo liberado de su prisión en el cuartel de Trinidad, y el primer discurso que pronuncia en su tierra después de su exilio y de su cárcel.
Se diría que ahí está encerrado el pasado inmediato que es la larga lucha por recobrar la libertad perdida, por volver a una institucionalidad que respetara la dignidad de la persona humana. Esa lucha la libró con una enorme cuota de sacrificio, de coraje, de privaciones, de voluntad que no se entregó jamás, lucha que parecía llegar a su fin con el restablecimiento de una democracia aunque todavía débil y retaceada. De ahí que su partida desde Trinidad hasta la explanada es acompañada por multitudes que lo siguen en una inmensa caravana, que lo vitorean a lo largo del recorrido, que en la explanada lo aguardan tarde en la noche, agitando banderas que no eran solamente las blancas que flameaban.
Pero junto al reciente pasado, estaba el gran interrogante del futuro. ¿Qué es lo que diría en aquel histórico discurso aquella figura que seguramente hubiera sido el presidente de los orientales si los militares, primero, y el pacto de club naval después, no lo hubieran dejado proscripto para intervenir en las elecciones recientemente celebradas en donde triunfaba Sanguinetti? Y mientras buena parte de los blancos esperábamos el discurso acusador e implacable, se escuchó asombrado esto: "Mi partido no le va a crear problemas al gobierno del Dr. Sanguinetti por el solo prurito de creárselo. Hay una frase que dice: estaremos dispuestos a votar al nuevo gobierno todas aquellas iniciativas con las cuales estamos de acuerdo. Yo daría un paso más: nosotros estamos dispuestos a votarle en el Parlamento todo aquello en que coincidamos y todo aquello, a condición de que no comprometa principios esenciales, en lo que aunque no coincidamos, resulte indispensable para proporcionarle al nuevo Gobierno la posibilidad de gobernar". Era consciente de la fragilidad de la democracia que renacía. Si tan admirable habían sido su lucha y su sacrificio para ganarla, tan hondo y duro fue el que hizo para conservarla.