Las revelaciones de WikiLeaks sobre nuestras relaciones regionales vienen a confirmar que el gobierno de Vázquez no tuvo la cohesión necesaria para llevar adelante una política exterior que defendiera el interés nacional, y que el proyecto de patria grande con el que el Frente Amplio sigue insistiendo es un profundo error.
El ejemplo de aquel ridículo del 1º de noviembre de 2007 del por entonces ministro Arana, cuando de improviso suspendió el comienzo de operaciones de Botnia, es en este sentido tan contundente como esclarecedor. Como se recordará, en plena conferencia de prensa llamada para anunciar, en realidad, la habilitación a Botnia, Arana dio una extraña marcha atrás. Por aquel tiempo se la criticó duramente, ya que no convenía al interés del país: supeditaba una decisión soberana al interés argentino.
La información que da WikiLeaks, sin ser una gran sorpresa, arroja una diáfana luz sobre el episodio. Desde la embajada estadounidense, la lectura fue que Arana actuó seguramente por influencia del por entonces ministro Gargano, que respondió al interés del canciller español Moratinos, que atendió la posición de Taiana, que era el canciller argentino. Todo sin conocimiento del presidente Vázquez.
El asunto confirma, claro está, las diferencias en materia internacional que tuvo la era Vázquez. Sin embargo, allí no hay nada nuevo. Se sabía ya, por ejemplo, que hubo ministros que empujaron el involucramiento de Venezuela en el Mercosur y se enfrentaron a otros que intentaron dilatarlo; y que hubo ministros que procuraron ahondar las relaciones con Estados Unidos, que discreparon con otros que evitaban un acuerdo de libre comercio con ese país.
Pero lo que WikiLeaks sí revela es algo más grave y sustancial: aquí hubo principales actores del gabinete de Vázquez, como Gargano y Arana, que no dudaron en beneficiar intereses extranjeros con tal de fortalecer su posición en la interna y atender a la realización de sus proyectos ideológicos. Es que detrás de este alineamiento en torno a los intereses argentinos (y brasileños) contrarios a los intereses nacionales, está el proyecto de la patria grande que defiende, un día sí y otro también, la gran mayoría de la izquierda.
WikiLeaks muestra que los Gargano, embelesados por el discurso sesentista y latinoamericanista, están dispuestos a forzar la mano del presidente, atender la posición de nuestros vecinos, y subordinar nuestra política exterior a sus dictados. Todo lo cual es propio de una república bananera y es inadmisible para el Uruguay.
WikiLeaks deja en claro también que los argentinos manejan con profesionalidad sus relaciones regionales. Con este objetivo, las señales hacia Estados Unidos fueron claras en oponerse a cualquier profundización de relaciones comerciales del Uruguay con la potencia del norte. Así, el andamiaje del Mercosur, que tan poco hizo para garantizar la apertura del puente de Fray Bentos en estos años, convino a nuestro poderoso vecino como instrumento para maniatar las posibilidades comerciales uruguayas y encerrarnos como si fuéramos una provincia. WikiLeaks muestra, en definitiva, cómo en los cálculos argentinos no hay patria grande que valga cuando se trata de defender los intereses porteños en la región.
Toda esta información llega en un momento relevante para el país. En efecto, la política exterior de Mujica quiere profundizar la patria grande a la vez que posicionar al Uruguay en "el estribo" brasileño. Comparte el prejuicio ideológico del ex canciller Gargano. Subordina la política exterior a los intereses de nuestros vecinos: así pueden entenderse, por ejemplo, las declaraciones presidenciales para limitar la radicación de plantas de celulosa en el país.
En el continente hay un modelo de inserción internacional exitoso que firma tratados de libre comercio con decenas de países y lleva adelante una política exterior independiente de sus vecinos. Se trata de Chile. Las revelaciones de WikiLeaks muestran que promoverlo aquí es una urgencia nacional.