Viejos errores económicos

Es curioso como en cada generación es necesario volver a matar viejos errores que tuvieron altísimos costos a lo largo de la historia humana. En las últimas semanas han estado en el tapete, lamentablemente defendidos por relevantes líderes políticos de nuestro país, gruesos yerros conceptuales que pueden volver a hacerle daño al Uruguay, por lo que vale la pena detenerse brevemente en algunos de ellos y explicar con claridad por qué son malas ideas.

En primer lugar, se ha vuelto a proponer que el gobierno lleve adelante un control de precios para abaratar algunos bienes de la canasta básica. Existe un precioso libro escrito por Schettinger y Butler titulado 4.000 años de controles de precios y salarios que explica cómo este tipo de medidas ha fracasado con todo éxito a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo. Si volvemos la atención a nuestro país, vamos a encontrar que también esta medida fracasó, como medida de control de precios en todos los casos, en especial en la medida en que los gobiernos pensaron que controlaban el fenómeno inflacionario con estos trucos sin prestar la debida atención a los fundamentos macroeconómicos que la determinan.

Uruguay tiene tareas pendientes para lograr controlar su inflación, por cierto, pero pasan por generar mercados más competitivos donde las empresas tengan menos capacidad de fijar precios y la libre importación limite sus posibilidades de aumentarlos. Si miramos bien, todos los precios de los bienes que suelen ponerse como ejemplos de precios especialmente elevados como la pasta de dientes, se deben a ser mercados con escasa competencia y sin que exista la posibilidad de importar libremente los productos, que en todos los casos no son de industria nacional, por lo que ni siquiera ese manido argumento es válido.

En segundo lugar, ligado a lo que recién comentábamos, hemos vuelto a escuchar por estos días en el debate público la idea de que debemos proteger a la industria nacional. La argucia sería que si ponemos aranceles más alto y le otorgamos algún tipo de ventaja sobre su competencia del exterior se generarían más empresas y trabajo en el país. Como en el tema anterior, una amplia experiencia internacional demuestra que esto es falso. El nacionalismo económico conduce a crear una industria poco competitiva que perjudica a los trabajadores por los altos precios de los bienes y más temprano que tarde conduce al estancamiento de la economía, crecimiento de la inflación, pérdida de salario real y crisis. Esta descripción no es una invención, es lo que ha ocurrido en todos los países del mundo que lo intentaron, lo que le ocurrió a todos los países de América Latina que lamentablemente siguieron las recomendaciones de la Cepal, ese organismo que atrasa siglos y que era y es un lastre para el continente y, por cierto, también es la experiencia uruguaya bajo la política de sustitución de importaciones.

En pocos temas económicos existe un consenso más amplio respecto a que el proteccionismo es una muy mala idea, en especial en países del tamaño del nuestro donde ni siquiera es posible generar una industria pesada por más protección que se aplique. Es un grosero error creer que vamos a crecer a través de medidas proteccionistas que cuando las tuvimos provocaron atraso y miseria y mucho más lo harían hoy en que Uruguay tiene mucho para ganar, como lo demuestra el crecimiento de nuestras exportaciones, casi un 50% arriba respecto a 2019 y el enorme crecimiento de las exportaciones de servicios que vienen generando empleo y buenos salarios a un ritmo que no ha sido suficientemente analizado y reconocido.

Finalmente, un tercer error que hemos escuchado por estos días es que deben limitarse las inversiones de las Afaps en el exterior. Oponerse a esto es doblemente absurdo. En primer lugar porque cuando mayor diversificación tengan más seguro estarán los fondos de los trabajadores (que son de ellos no del Estado). En segundo lugar, si puede obtenerse un rendimiento mayor recibiríamos un mayor pago de intereses desde otros países, algo que a los nacionalistas económicos debería deleitarlos ya que cuando ocurre lo contrario suelen poner el grito en el cielo.

En definitiva, proponer controles de precios, proteccionismo industrial o limitar las posibilidades de invertir en el exterior demuestran poca comprensión económica y un gran desconocimiento de la experiencia histórica. Para cometer errores al menos que sean nuevos, no los que ya sabemos cómo empiezan y cómo terminan.

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