Venezuela y Argentina

No será ésta la primera vez ni la última, que en estas páginas habremos de ocuparnos de episodios que hacen a la libertad de prensa. Todo lo que se relacione con ataques al derecho de los ciudadanos a ser informados amplia y verazmente, por parte de un periodismo independiente, nos atañe y nos preocupa. El interés por amedrentar y amordazar a los medios es una tentación muy grande para ciertos gobernantes que no se resignan a aceptar que en la prensa se opine, se critique y se forme opinión, -uno de sus grandes cometidos-, al tiempo que se transmite a la población lo que ocurre a su alrededor. En nuestro continente, más lejos o más cerca, esta deformación en algunos de los poderes de turno se expande cual tumor maligno y no podemos dejar de advertir sobre su infeccioso peligro.

En estos días han ocurrido dos hechos que merecen el mayor repudio, por ser nuevas revelaciones de la indisimulada vocación autoritaria, de gobiernos como el de Venezuela o el de Argentina, que consideran a la prensa libre como a enemigos. En el país del Norte, el mandatario venezolano, incapaz de detener y controlar a la terrible violencia que campea en su territorio, decidió culpar de ello a la divulgación de las noticias. Se ordenó una censura lisa y llana, prohibiendo hasta las elecciones, ninguna nota ni foto referidas a la actividad delictiva, a través de un artilugio judicial. Fue la respuesta a una reveladora foto de la morgue oficial, publicada por el diario El Nacional. Tan burda fue la medida y fuerte el rechazo a nivel local e internacional, con declaraciones de las relatorías de la ONU y de la OEA, entre otros, que luego un tribunal trató de atemperar un poco la cosa. Levantaron la medida, (la amenaza ya habrá hecho su efecto) pero a excepción de los periódicos Tal Cual y el mencionado El Nacional.

En esta nación de 28 millones de habitantes, las muertes por asesinato en el 2009, fueron más de 16.000. Se calcula que hay una tasa de 70 homicidios por cada 100.000 habitantes, cifra que en Caracas sube a 200 homicidios cada 100.000 personas. Como no hay estadísticas confiables, la prensa recoge los números en base a los datos ingresados en las morgues, a pesar de que la fotografía que causó la ira de Chávez, ciertamente, no da ninguna impresión de orden, sino de desborde. Y el informe transmitido la semana pasada por la CNN, realizado por periodistas españoles, da una clara idea de cuanta responsabilidad le cabe al gobierno, en el armado de una olla a presión que puede explotar en cualquier momento. Explica en buena medida la actual situación, originada en el armamentismo, la creación de las milicias, la exacerbación de actitudes belicistas y demás.

Por su lado en Argentina, el abanderado de los Kirchner, el secretario de comercio interior, Guillermo Moreno, ha protagonizado sendos e inauditos incidentes, dentro de la ofensiva llevada a cabo desde la Casa Rosada contra Papel Prensa, la empresa papelera de Clarín y La Nación, en la cual el Estado tiene un 20%. Gracias a los fantásticos avances de la tecnología audiovisual, el indignante espectáculo que en otras épocas hubiera sido imposible de observar, a no ser por los allí presentes; la actuación de Moreno y sus secuaces prepoteando a todo el directorio e impidiendo su funcionamiento, fue visto urbi et orbi, a través de un video que recorrió la WEB, donde se captaban las imágenes de lo acontecido, hasta que uno de los patovicas de Moreno tapó el lente de la cámara, pero no así el audio, que siguió registrando lo que allí se decía. A pesar de haber quedado en evidencia la patoteril manera de actuar del representante del Ejecutivo para trancar el desarrollo de la reunión del directorio que debió suspenderse, nuevamente el jueves, Guillermo Moreno se presentó abruptamente en las oficinas para continuar con su persecución a la administración y los directivos de la empresa, aun cuando le esté prohibido hacerlo por orden de la justicia. Dentro de una estrategia que forma parte de la embestida contra los dos grandes diarios y el grupo Clarín, al que atacan por varios otros flancos.

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