Vázquez y la intervención de Bush

Transcurrieron seis meses desde el día en que Tabaré Vázquez dejó estupefactos a todos cuando reveló su pedido de ayuda al gobierno de Estados Unidos encabezado por George W. Bush en el peor momento de las relaciones entre Uruguay y Argentina. Tal fue el revuelo y las críticas causadas por semejante confesión que el ex-presidente anunció su retiro de la actividad política, una decisión que, según la opinión corriente, podría ser rectificada en cualquier momento por el propio renunciante.

Antes de ir al fondo del asunto vale recordar las circunstancias en que Vázquez formuló su confidencia. Lo hizo en la sala de un colegio privado ante un grupo de adolescentes, ex alumnos de liceo, en presencia de periodistas y bajo el foco de las cámaras de televisión. A todas luces, no parecía ser el sitio más adecuado para un relato de esa trascendencia. Además, el orador sabía que sus palabras serían difundidas y, político avezado como es, podía suponer que levantarían polvareda.

Sin embargo, no logró disimular después su asombro e irritación ante la ola de críticas que recibió de todos lados, incluidos sus correligionarios frenteamplistas. Vázquez consideró injustos esos comentarios y recordó que "por el conflicto de Botnia sacamos el Ejército a la calle". Es verdad. A cierta altura de la crisis se temió que los piqueteros argentinos intentaran algún acto de sabotaje en la planta de celulosa por lo cual durante algún tiempo los militares vigilaron el área. Pero de ahí a meter a un tercer país en el asunto -nada menos que a Estados Unidos- hay una enorme distancia, todo lo cual justifica esbozar ahora algunas reflexiones sobre el tema.

Lo más sugestivo del caso es que el pedido de intervención estadounidense lo hiciera un gobierno del Frente Amplio, una coalición de partidos que suelen declararse "anti-imperialistas" con especial fijación en el gobierno de Washington. Máxime cuando ese gobierno estaba conducido entonces por George W. Bush, quien en la época era blanco habitual de condenas de la izquierda por sus intervenciones en Iraq y Afganistán, y ni que hablar, por su política contraria al castrismo imperante en Cuba, embargo incluido. No cuesta mucho imaginar lo que esa misma izquierda hubiera opinado si esa gestión ante Bush la hubiera concretado el presidente del gobierno de un partido tradicional. Calificativos como "cipayo" hubieran resonado por doquier condenando ese reclamo de injerencia de Estados Unidos en un diferendo rioplatense. Cabe recordar además que el reclamo de Vázquez fue hecho cuando los dirigentes frenteamplistas y medios de comunicación afines pintaban al ocupante de la Casa Blanca como un demonio belicista. En opinión de Vázquez, Uruguay necesitaba que ese tan denostado Bush saliera a respaldar a Uruguay para pararle los pies a Néstor Kirchner, cosa que, según él, se logró con una declaración oficial del gobierno norteamericano en donde se reiteraba que Uruguay era "un país amigo y socio de Estados Unidos". De todo lo cual se desprende que, para Vázquez, sin esa declaración amistosa otro hubiera sido el cantar. Como era de esperar, esta revelación de Vázquez cayó muy mal en Argentina. Voceros de Casa Rosada la descalificaron al tiempo que aseguraron que a Kirchner y su elenco jamás se les pasó por la cabeza adoptar alguna medida de fuerza contra Uruguay. Haber llevado el diferendo a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, alegaron, era la prueba de que buscaron actuar por medios pacíficos.

En nuestro país, hasta las murgas en el último Carnaval redoblaron las protestas contra Vázquez por haber propiciado una intervención estadounidense y por haberse jactado de ello años después.

Hoy, sin la perspectiva que aporta el paso del tiempo resulta difícil emitir un juicio definitivo sobre el valor y la eficacia de esas acciones de Vázquez puesto que cuesta evaluar hasta dónde incidió en el ánimo de los gobernantes argentinos esa confirmación de la amistad uruguayo-estadounidense. En cambio, sí es posible asegurar que en el plano de la política nacional las revelaciones que prodigó el ex presidente a un grupo de asombrados adolescentes tendrán repercusiones sobre todo si resuelve volver a la escena política y postularse para un segundo mandato. En tal caso deberá explicarle a los uruguayos con mayor amplitud qué quiso hacer realmente, cuando llamó en auxilio a George W. Bush.

Sin la perspectiva que aporta el paso del tiempo es difícil un juicio definitivo sobre el valor de esa acción de Vázquez ya que cuesta evaluar hasta dónde incidió en el gobierno argentino.

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