Uruguay campeón del mundo

El domingo los muchachos de la selección nacional sub 20 nos dieron una enorme alegría, de esas excepcionales en que todos nos unimos más allá de todas diferencias al grito de “¡Uruguay nomá!”. La recepción de la selección el lunes y las repercusiones de estos días dan clara muestra no solo de la relevancia que sigue teniendo el fútbol en nuestra sociedad, algo único como confesó el propio técnico de la selección italiana derrotada en la final del campeonato, sino que también de la sintonía que generó este equipo con la población.

Arriesgando alguna de las razones para esta particular sintonía debe señalarse algo que siempre está presente en los cuadros uruguayos y es la entrega total a la causa, que va de poner la pierna fuerte en cada pelota y dejar en corazón en todas las jugadas. Ciertamente en este aspecto los gurises no decepcionaron, todo lo contrario. Pero esta selección tuvo algo más que hacía tiempo que no se veía: un planteo netamente ofensivo, presionando y jugando en la cancha rival, tratando bien la pelota y siendo protagonistas. La apuesta de Marcelo Broli al buen fútbol dio excelentes resultados, demostrando además el tiempo que perdimos en los últimos años jugando colgados del travesaño, guardando los cambios hasta los descuentos del segundo tiempo y demorando cada tiro libre como si sufriéramos el partido.

Pasamos muchos años confundidos pensando que la identidad del fútbol uruguayo era defensiva, más aún, ultradefensiva, que debíamos jugar de contragolpe y rezar porque no nos hicieran goles en uno de las decenas de ataques que nos hacían por partido. Broli y sus muchachos demostraron que la mejor forma de mantener el arco en cero es jugando lejos de nuestro arco, algo que puede parecer obvio pero claramente no lo era hasta hace muy poco. Más aún, la identidad de nuestra selección cuando salíamos campeones del mundo era precisamente ser ofensivos. No ganamos los campeonatos de 1930 y 1950 jugando de contragolpe sino metiendo muchos goles en casi todos los partidos que jugamos, con grandes delanteros que eran protagonistas.

Esta selección también debe impulsarnos a analizar los temas en que estamos entre los mejores países del mundo y aquellos en que debemos seguir mejorando, trabajando para ello. Somos de los mejores países del mundo en democracia, Estado de Derecho, libertades civiles, libertad de expresión, defensa de los derechos humanos y otros temas absolutamente fundamentales y decisivos. Pero también estamos a mitad de tabla en otros temas importantes, como libertad económica, facilidad para hacer negocios, burocracia, inserción internacional. Por cierto que el actual gobierno viene trabajando en mejorar estos asuntos, llevando adelante una agenda de reformas estructurales ambiciosa, en que debemos avanzar para ser en todos los terrenos campeones del mundo.

Lo que debe alcanzarse en el deporte, en la política y en la economía son resultados, las buenas intenciones valen de poco si no se vuelcan en mejores condiciones de vida para quienes viven en nuestro país.

El nivel de vida de los uruguayos en el largo plazo depende en buena medida de temas claves que pueden pasar desapercibidos como el logro de ventajas comerciales, atraer inversiones, reducir impuestos, mantener un frente fiscal sólido, reducir la inflación, desbrozar del camino de los uruguayos la burocracia inconducente y mejorar la productividad de la economía.

Momentos como los que estamos viviendo también deben hacernos cambiar un chip perverso que formó parte de lo peor de la identidad futbolística y en buena medida nacional en las últimas décadas. Lo que debe alcanzarse en el deporte, en la política y en la economía son resultados, las buenas intenciones valen de poco si no se vuelcan en mejores condiciones de vida para quienes viven en nuestro país. En este sentido, sin dejar de reconocer el esfuerzo de cada selección de fútbol o de cada grupo o partido político, lo que importan son los resultados. El camino no es ninguna recompensa, es el medio por el que se alcanza un fin deseado. Las selecciones de fútbol que quedan en la historia son las que ganan los campeonatos y los estadistas que lograron mejorar la vida de sus pueblos, no los que tuvieron buenas intenciones, aunque le erraran como las peras en las políticas públicas que ejecutaron.

Si esta es la lección que aprendemos del magnífico triunfo de la celeste sub 20 en el mundial de Argentina, su relevancia será mucho mayor de la que pensamos. Por ahora, ya de por sí vale la enorme alegría que le dieron a los uruguayos que el domingo pudieron gritar a viva voz esas dos palabras que lindas emocionan hasta las lágrimas: ¡Uruguay campeón!

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