Una realidad poco discutida

Hacía tiempo que no aparecían en la primera línea de discusión, temas vinculados al funcionamiento universitario. Sin embargo, se refieren a realidades siempre latentes y no es casualidad que este fin de semana, dos columnistas de nuestro diario hayan tomado enfoques diferentes, aunque referidos a esa misma realidad.

Una de las columnas se refirió a la decisión de derogar el decreto que daba más espacio a las universidades privadas, y retomar otro de 2014, a esta altura con más de 10 años de antigüedad y por lo tanto ya anacrónico. La otra columna, de Gonzalo Baroni (director de Educación en el ministerio del anterior gobierno) plantea objeciones a la intención de crear una Universidad de la Educación, con argumentos sólidos y de puro sentido común.

El reflejo del gobierno en muchos temas ha sido el de retroceder, encerrarse en lo que ya se probó aunque no necesariamente haya sido bueno o quizás, siéndolo, ya quedó viejo.

Esto ocurre con la derogación del decreto para las universidades privadas. Las pautas adoptadas por el anterior gobierno se referían a las universidades con más de 20 años de existencia y que por lo tanto superaron sus etapas embrionarias. Se desarrollaron y expandieron, crearon nuevas carreras, generaron nexos con universidades de otros lados del mundo. Funcionan en base al prestigio y la respetabilidad otorgada por su trayectoria y por la aceptación de sus estudiantes, docentes, investigadores y egresados.

Esa realidad tuvo impacto sobre la Universidad de la República que al principio le costó aceptar que su monopolio se terminaba. Sin embargo dicha universidad se vio beneficiada con la ruptura de ese nocivo mecanismo pues se vio desafiada a innovar su oferta de carreras, a dar respuestas acordes a los tiempos que corrían y hasta apostó a la renovación edilicia con la nueva sede de la Facultad de Veterinaria y el edificio para la Facultad de Comunicación.

Hay ahora un sistema universitario donde los cruces permiten que egresados de una universidad hagan sus posgrados en otra. A ello se suman cruces con universidades del exterior, para completar doctorados u obtener posgrados avalados por universidades locales y extranjeras.

Han sido cambios extraordinarios, que significaron, como dijo uno de los columnistas mencionados, “una transformación silenciosa y profunda”. En este contexto, el reciente decreto del MEC respecto a las universidades privadas es un grosero retroceso. Lo que el anterior gobierno había facilitado era la habilitación definitiva y una mayor flexibilización burocrática, pero aún no una completa autonomía como la que sí goza la Udelar.

La velocidad con que se producen los cambios hace imposible pensar que el Estado pueda mantener un rígido control sobre las universidades privadas. Su autonomía se impone por la sola marcha de los hechos.

Hay cierto desconocimiento respecto a cuál es, acá y en el resto del mundo, la lógica de un sistema universitario y eso se observa en la discusión sobre la Universidad de la Educación.

Son muy fuertes los argumentos de Baroni en su columna. Por supuesto importa mejorar y profundizar la formación de quienes se dedican a educar. Pero crear una Universi-dad que solo sea para eso, solo ofrecerá una formación encerrada. Una Universidad no forma en una sola disciplina pues es caer en una contradicción en términos. Deja de tener lo “universal” propio de toda universidad.

Con menos ruido sigue funcionando la UTEC por ahora en etapa embrionaria, pero con vistas a ir creciendo.

Su creación se dirigió a dos propósitos; más énfasis en la formación tecnológica y que esté en el interior para que sus estudiantes no necesiten trasladarse. Esto último no ocurre. Si un estudiante de Paysandú quiere estudiar una carrera que se brinda en una sede en Durazno, por ejemplo, igual debe trasladarse.

El asunto no zanjado, no es si la UTEC debe estar en el interior (sí, debe estar) sino si no habría que hacer un único campus, en una sola localidad como una genuina ciudad universitaria. En la medida que los estudiantes igual deben movilizarse (aunque no sea a Montevideo) quizás esa sea una solución eficiente.

En definitiva, el decreto gubernamental que volvió a limitar los espacios legítimos de las universidades privadas es negativo para el país. Pero puso sobre el tapete la necesidad de discutir los temas universitarios, aceptar que hubo en Uruguay una transformación profunda en ese tema y más que trabarla hay que alentarla y liberarla.

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