Un problema honesto

Me acaban de pedir que me retire de Tienda Inglesa de Atlántida por estar de gorro. Venía a comprar una TV. Se perdieron la compra. Una visión empresarial de discriminación y estigma. Patético.”

Con este lamentable comentario en un red social, redactado desde su moderno y capitalista Iphone, el diputado frenteamplista Federico Preve probó exactamente lo contrario a lo que intentó denunciar con brutal infantilismo.

Una mínima introducción del personaje. Además de diputado, Federico Preve es Médico Neurólogo y Profesor Adjunto de la Udelar. Un prototípico integrante de la clase media alta universitaria, residente capitalino, adicta a sobreactuar sensibilidad social.

Comparte con Christian Di Candia el mismo grupo político y, por lo visto también, el tipo de tonterías en la que incurren. El domingo tuvo la ilusión de “ser discriminado por una oscura élite económica” y no quiso dejarla pasar. Sin embargo debería mejorar la iluminación e incluir espejos en su casa, de lejos se ve que el diputado Preve es lo que los jóvenes hoy suelen definir como “un progre cheto” que difícilmente transmita miedo a nadie.

El diputado universitario se autopercibe pueblo, y el fin de semana se enamoró de la idea de que alguien lo había discriminado por usar un gorro asimilable al de un joven de barrios populares.

Que alguien le avise al diputado que no tenga ningún cuidado que ni el guardia de seguridad de la Tienda Inglesa de Atlántida ni nadie lo confundió. Que por mucho gorro que se ponga su aspecto de progre de clase media alta universitaria amante de los placeres de moda en el snobismo “hipster”, es muy nítida.

Y justamente por eso, el episodio muestra lo contrario a lo que él denunció. Su posteo en redes evidencia que no se puede usar gorro dentro del local por motivos de seguridad, y que no lo puede usar un barrabrava de Cerro, y por suerte, tampoco un diputado médico neurólogo. La elemental regla de que en Uruguay “nadie es más que nadie” se cumple para todos. ¡Por suerte!

El único trabajador que fue discriminado el domingo fue el pobre guardia de seguridad de ese supermercado, que simplemente debió hacer cumplir una norma muy básica. Norma que cualquier ciudadano cumple sin chistar pero que este médico docente de la Udelar consideró que no le tocaba cumplir. Ese guardia de seguridad, a diferencia del dirigente político, no vive ni en Parque Rodó ni en Pocitos, no va a trabajar en un auto de alta gama, ni pisó la Universidad en su vida, fue sometido a la brutal exposición de parte de un integrante de la elite política e intelectual de este país.

Cómo es natural, el mensaje del legislador tuvo repercusiones en la empresa. Una investigación sobre lo sucedido, revisión de cámaras y consultas con el trabajador implicado. Toda una gran incomodidad a la que fue sometido el único verdadero trabajador de este episodio.

Todo esto sin mencionar la falta de sensibilidad del legislador para con la empresa que está sometida a niveles de inseguridad brutales que crecieron sin cesar durante los 15 años del Frente Amplio.

La vuelta de la izquierda parece estar trayendo la impunidad de muchos delincuentes que innovan en nuevas modalidades. Ante todo esto el legislador pretende invalidar una de las pocas herramientas eficaces como son las cámaras. Para que las cámaras sean útiles, que están instaladas en áreas privadas a costa de la empresa, se requiere poder ver los rostros de las personas que eligen ir a ese negocio. Y esa regla se aplica a todos por igual.

Claro que no faltó la solidaridad progre infantil. La periodista Chris Richeri respondió: “increíble, cómo prendió para algunos aquello de la ‘apariencia delictiva’”, e invitó a la empresa a repensar sus valores. Realmente viven en una burbuja.

Lo que vimos el domingo fue lo contrario a lo denunciado, en dos sentidos. Primero, no hubo discriminación sino simplemente una empresa, y un trabajador, aplicando a un miembro de la elite política, intelectual y mediática de este país la misma regla que le aplican a un adolescente de Piedras Blancas. A pesar de que a él le gustaría creer que sí, nadie confundió a Preve con un plancha. Pero segundo y más grave, no solo que él no fue discriminado, sino que el diputado fue quien tuvo una actitud injusta y estigmatizante para el empleado. Lo que Preve quería es un privilegio para no cumplir una norma. Como tantas veces la progresía se autopercibe popular, pero termina defendiendo beneficios para las corporaciones.

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