Un libro ausente

"Nuestros años verde olivo" es su título. Es una novela autobiográfica del chileno Roberto Ampuero, (Grupo Editorial Norma, impreso en Colombia en mayo de 2010) que cuenta la peripecia de un joven comunista que logra salir de su país luego de la caída de Allende, y huye a Alemania Oriental, en donde se enamora de una cubana hija de un influyente personaje del gobierno castrista. Entonces se radica en Cuba, realizando así el sueño de vivir en la "isla de la Libertad". Pero rápidamente percibe cómo la dictadura cubana se asemeja a la de Pinochet. Es un fuerte testimonio sobre el desencanto que reemplazó las esperanzas en la Revolución Cubana. En Cuba rige una estricta censura y el libro circula clandestinamente, "contrabandeado" por periodistas o turistas y aun cubanos viajeros. No obstante, en ocasión de la Feria Internacional de La Habana, Raúl Castro levantó un ejemplar del mismo en presencia de la entonces Presidenta chilena, Michelle Bachelet. Fue toda una pose teatral, La presencia del libro en el stand duró lo que la instantánea fotografía. De hecho, las obras de Ampuero y las memorias de Jorge Edwards están prohibidas en Cuba. También las de Neruda que, aunque oblicuamente, critica la dictadura. Y Ampuero tiene prohibido el ingreso a la isla. Para el autor, la experiencia vivida forma parte de sus memorias, y en el epílogo de la obra se queja con razón por no entender por qué el poder político se arroga el derecho a determinar de qué manera alguien debe recordar su vida, pues las memorias personales de cada uno, por definición, son lo más subjetivo que se pueda concebir. Al fin y al cabo, la vida de uno es lo que uno recuerda. Y quienes escriben la "historia oficial", no tienen derecho a imponer cómo cada individuo debe recordar.

Ampuero se decidió a escribir ésta, su memoria, porque en los años en que permaneció en Cuba no tenía otra manera de relatar lo que vivía. Aquella era una Cuba más misteriosa que la de hoy. Y se vio obligado a darle algunos toques de novela y cambiar nombres porque sintió dos amenazas. Una provenía de Chile, pues al escribir, si bien Pinochet ya había dejado el gobierno, mantenía poder. Y otra de la propia Cuba, porque identificar a quienes rechazaban el régimen los exponía a represalias.

El paralelismo entre las dictaduras de Pinochet y de Castro desemboca en conclusiones ilevantables: "No hay nada que se parezca más a una dictadura de derecha, que una dictadura de izquierda. No hay nada más parecido al fascismo que el comunismo. No hay nada más parecido al hitlerismo que el estalinismo. Para el ciudadano corriente las dictaduras son todas iguales. Para el que aguarda el interrogatorio en una celda de seguridad del Estado, da lo mismo si su torturador es de izquierda o de derecha, es religioso o ateo, lleva al cinto una Kalashnikov o una Luger, si se formó en la antigua Bucarest o en la antigua escuela de las Américas de Panamá. Para ese ser humano sentado desnudo en la silla con las manos atadas en la espalda, todo eso, da lo mismo. En ese instante todas las dictaduras son una y la misma, todo el dolor que sufre el ser humano atañe a la humanidad en su conjunto con independencia de las colectividades políticas".

Recuerda el autor que en su tiempo fueron legión los latinoamericanos que como él, huyendo de dictaduras de derecha, buscaron refugio en la utopía política, la isla de la democracia popular, el progreso y el antiimperialismo. Pero observa que ya no queda nadie en Cuba de aquellas generaciones, y que de ninguno de los exiliados embelesados por el fidelismo surgieron testimonios autobiográficos de la experiencia de vivir en la "utopía". Se pregunta si ello se deberá al temor de ser acusado como traidor, o a que a veces en política conviene más callar que expresar la verdad contando la realidad tal cual es.

El libro -ya célebre en América Latina- merece ser leído. Pero aquí, inexplicablemente para algunos y por causas más que justificadas para otros, nadie se ha tomado el trabajo, de traerlo.

Por lo menos es extraño.

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