Un culto de la eficiencia y del orden

HOY 12 de noviembre se cumple un nuevo aniversario de la fecha en que se extinguió la vida del Brigadier General Don Manuel Oribe. Heredó un país con una enorme deuda, los bienes públicos malbaratados, las rentas afectadas, la aduana con sus recursos futuros ya comprometidos, tremendo desorden en el funcionamiento de las oficinas y un manejo discrecional de los ingresos y egresos del Estado. Esa situación desesperante la encaró Oribe con dignidad y con mesura, pero con energía y disciplina. Dispuso una fuerte economía y cuidado de los gastos públicos, creó el Gran Libro de la Deuda Pública, para registrar y cumplir sus compromisos anteriores, recuperó propiedades vendidas a vil precio, suspendió ventas inconvenientes ya proyectadas y encaró la venta de tierras públicas en desuso.

SU presupuesto de Gastos es, aún hoy, un modelo en cuanto a la clasificación ordenada de cargos y conceptos, lo que además reforzaba el contralor. Eliminó impuestos incómodos e injustos y se preocupó por una recaudación firme pero respetuosa. Sus instrucciones a los recaudadores fiscales resultan un modelo de respeto al contribuyente y de eficiencia operativa. Prohibió anticipar las órdenes de pago en los contratos de obras, hasta que el contratista no hubiera depositado fianza suficiente. Dispuso una ley orgánica de patentes ante el desorden vigente, fijó la periodicidad y el ejercicio presupuestales, el interés legal del dinero, el reglamento consular; promovió un censo de población y encaró la primera ley de retiros militares y jubilaciones civiles de América. Su rendición de cuentas de marzo de 1836 a las Cámaras constituye un sistema de información transparente, que aún tiene validez.

Creó la Universidad, reorganizó la Biblioteca Pública, decretó la libertad de esclavos, reconoció la libertad de enseñanza y creó las Escuelas de Adultos.

Fue una obsesión el combate al contrabando, que arruinaba al país, organizó patrullas, impuso severas penas para atacar el abigeato, creó las guías de ganado, actuando muchas veces personalmente visitando oficinas públicas, conversando con los jefes y funcionarios, no solo para observar su funcionamiento, sino, además, para conocer sus opiniones y necesidades.

SU obra administrativa se enmarca en un criterio de austeridad con eficiencia, de respeto y honestidad, de preocupación y alta sensibilidad humana. Los informes del Cónsul de Francia y del de Gran Bretaña a sus respectivos gobiernos —años 1834 y 1835— (que muchos desconocen aún hoy) destacaron los principios de orden y excelente manejo de la cosa pública. Es que, más que imponer y dictaminar, Oribe supo crear un clima de confianza que fue ampliamente reconocido en su época.

Y esta obra de alta administración la repitió en el Gobierno del Cerrito, donde un solo ejemplo, el Puerto del Buceo y su Aduana, es más que suficiente para comprender su preocupación obsesiva por el buen funcionamiento del tráfico comercial, los depósitos, saladeros, construcción de naves, prácticos, Escribanía, Tribunal de Comercio, vigilancia del contrabando, registro y contralor de fondos, censo de población, entre otras muchas medidas. Allí mismo está hoy, como recuerdo, el edificio de la Aduana de Oribe, abandonado y deshecho durante más de un siglo y reconstruido fielmente en el año 1962 e inaugurado el 12 de noviembre de ese año.

CONSTITUYEN, los mencionados, solo algunos aspectos de la preocupación constante de Oribe por una sana administración, muchos de los cuales deberían servir de ejemplo en la época actual, para evitar corrupciones, irregularidades e ineficiencias.

Cajeros automáticos

El día miércoles pasado fue dable apreciar una movilización que, por los letreros usados, se supone era de pasivos que están en contra de los cajeros automáticos para cobrar sus mesadas. Si hay algo que rechina son las menguadas retribuciones que percibe la gran mayoría de los pasivos. Entonces llama poderosamente la atención que para ese movimiento, se hayan contratado una treintena de ómnibus y se haya transportado gente hasta desde el interior. Fue dable ver a personas de edad al rayo del sol en torno al Palacio Legislativo, esperando en cola interminable —serían como unas 500 personas— para poder ingresar a las barras a seguir una sesión de la Asamblea General que no se llevó a cabo por falta de quórum. ¿Quién o quiénes están movilizando a esta gente mayor por tan pequeños reclamos? ¿Quién o quiénes son los que gritan amenazando a los parlamentarios que los pasivos los están mirando? ¿Qué quieren decir y adónde quieren llegar? Se puede apreciar que se acercan las elecciones. Lamentable usar este tipo de "arreos" con gente que merece el reconocimiento, sea cual sea su pensamiento o posición política, por haber trabajado toda una vida. Hay que dejarlos en paz en su ancianidad. Porque se está haciendo un verdadero abuso con ellos.

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